La evolución del mercado cambiario sigue ocupando un lugar clave en la agenda económica. A diferencia de otras ocasiones, el ojo no está puesto en la cotización del dólar sino en la cantidad de reservas que debe emplear el Banco Central para abastecer la demanda de importaciones. Este martes la entidad vendió unos U$S 60 millones, de acuerdo a fuentes privadas. Los exportadores de cereales y oleaginosas (el sector privado que más aporta a la oferta) liquidaron una cantidad apenas mayor y no hay muchas expectativas sobre sus ventas futuras ya que la temporada de cosecha gruesa llegó a su fin.

En su último informe sobre el mercado de cambios, el BCRA reconoció que durante junio las personas humanas compraron de forma neta U$S 778 millones. El monto de julio, que se conocerá a fines de esta semana, podría ser mayor por la mayor liquidez derivada del pago del aguinaldo. A pesar de ello, el presidente de la entidad, Miguel Pesce, negó ajustes en el cepo que limita la compra de divisas para atesoramiento por parte de individuos y empresas. “Lo que esperamos es una mejora en las expectativas. Si ello se produce, no encontraríamos razón para tener que establecer mayores restricciones en el mercado cambiario”, evaluó.

La situación también es seguida de cerca por el sector privado, que apunta sus miradas al nivel de reservas internacionales de que dispone la entidad. Si bien el último total informado fue de U$S 42.984 millones, se estima que tras descontar los depósitos de particulares en los bancos y el swap con China (los yuanes que prestó ese país y que no se pueden convertir a dólares sin aviso previo), el saldo líquido para intervenciones cambiarias y otros pagos es de poco más de U$S 10 mil millones.

La cuestión fue minimizada por Pesce durante su participación en la videoconferencia organizada por el IAEF (Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas). “Las reservas son las que publicamos, en el orden de los 43 mil millones de dólares. Y están certificadas por el FMI, al que mantenemos informado de su evolución. A los argentinos nos gusta crear este tipo de sucedáneos de las estadísticas, las reservas líquidas, netas y demás, pero el Banco Central no realiza esas estimaciones. Nosotros creemos que con este nivel de reservas podemos manejar la situación cambiaria que afronta el país, como vinimos haciéndolo hasta ahora”.

Pesce reconoció que “tenemos es una demanda por formación de activos externos muy alta, de U$S 23 mil millones en 2019. En 2017, un año de estabilidad política y crecimiento, había sido de U$S 16 mil millones. Creemos que el incremento ha tenido que ver con la incertidumbre por el proceso de reestructuración de la deuda externa. Esperamos que resuelto ese problema y con el envío del Presupuesto al Congreso, habrá una señal al mercado”. También se refirió a la necesidad de generar divisas a través de las exportaciones. “El año pasado exportamos 65 mil millones de dólares, unos 20 mil millones menos que una década atrás. Si la Argentina no vuelve a exportar 80 o 90 mil millones de dólares por año, tiene un corsé al crecimiento”, afirmó.

De todas maneras, a pesar del amplio margen favorable que viene dejando la balanza comercial en los últimos meses, sus efectos no se notan en las reservas internacionales. El martes, el Indec informó un superávit de U$S 1.476 millones para julio. Pero mientras el saldo acumulado desde comienzos de año fue de U$S 9.573 millones, en el mismo período las reservas bajaron U$S 1.800 millones.

Como dato favorable, el funcionario destacó la competitividad que a su juicio ofrece el actual tipo de cambio oficial, cercano a los 74 pesos por dólar. “Cuando asumimos, el tipo de cambio multilateral real estaba 20% arriba que en 2017. Nuestro objetivo fue que no se retrasara. Hasta hoy, ningún área del sector productivo se ha quejado del retraso cambiario”, dijo Pesce.