El Ministerio de Economía se aseguró un cierre de ejercicio menos traumático de lo previsto en materia fiscal. Cuando sólo resta computar el resultado del último mes del año, el déficit primario alcanza al 2,1% del PBI, bastante por debajo de lo que se esperaba y todavía mucho menos de lo que estaba previsto en el Presupuesto 2021.

Los números difundidos este lunes dan cuenta de que las cuentas públicas en noviembre terminaron con un saldo negativo de $ 134.653 millones, producto de ingresos por $ 793.086 millones y gastos por $ 927.739 millones. Si a ello se le agregan los $ 107.436 millones pagados por intereses de la deuda, el déficit financiero del mes se elevó a $ 242.089 millones.

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De esa manera, el desequilibrio presupuestario (el que surge de comparar los ingresos con los gastos operativos del Estado) acumuló entre enero y noviembre un total de $ 911.298 millones. En esa suma no están incluidos los derechos de giro que el FMI asignó en septiembre por un equivalente a $ 427 mil millones para incrementar la liquidez y paliar la pandemia: si bien contablemente podría hacerlo, el gobierno prefirió mantenerlo al margen del cómputo para que se vea mejor el resultado de su gestión. En cambio sí se consideraron los $ 242.041 millones obtenidos por el impuesto a las grandes fortunas, que sólo tendrá vigencia por este año.

La magnitud de los números obligó a un esfuerzo considerable del gobierno para conseguir financiamiento, no sólo a través del mercado, con el lanzamiento de títulos públicos, sino vía emisión monetaria (adelantos transitorios y transferencias de utilidades del Banco Central). De todas maneras, la cifra del déficit primario asoma como mucho más baja del 4,5% que había sido fijado en el Presupuesto aprobado para el corriente año. En su última visita a la Cámara de Diputados, el ministro Martín Guzmán había estimado que 2021 terminará con un saldo negativo del 3,5% del PBI. Y a juzgar por la evolución, aun teniendo en cuenta la estacionalidad de los gastos en diciembre (donde se apura la ejecución de partidas y se abonan aguinaldos al personal público y el sector previsional, entre otros rubros), el ejercicio podría terminar con un déficit de 3% del producto.

Para hallar las razones de ese desempeño se puede bucear tanto en los ingresos más altos de lo esperado como en la restricción de egresos. La Oficina de Presupuesto del Congreso (cuyos números varían levemente de los del Palacio de Hacienda por cuestiones metodológicas) estimó que “el buen desempeño de sus principales componentes, la recaudación tributaria y los recursos provenientes de la seguridad social” ayudaron a sostener entradas fiscales que superaron a las del año pasado en un 7,4%, descontada la inflación.

De la misma manera, el organismo detectó caídas en términos reales de 12,6% en el rubro prestaciones sociales (que engloba más de la mitad de los gastos totales). Mientras que los gastos de capital, si bien crecieron fuertemente en los últimos meses, continúan siendo el rubro de menor ejecución presupuestaria: hasta noviembre sólo se había empleado el 69,9% de los créditos vigentes.

Las proyecciones hacia el futuro quedan relativizadas por la falta de un Presupuesto oficial para 2022, luego de que el Congreso no aprobara el proyecto de ley. El gobierno había presentado una estimación de déficit primario de 3,3% del PBI para el año entrante, bastante acorde con el ritmo actual. Ante la ausencia de un marco normativo sobre el tema, se presume que el Palacio de Hacienda irá manejando la situación sobre la marcha y con un ojo puesto en el acuerdo que negocia con el FMI, cuyas metas se suponen como la referencia concreta que tendrá por delante en los próximos meses.