El activismo económico del gobierno nacional de la última semana bien podría ser la reacción al susto provocado por la visión de un abismo. La corrida contra la deuda en pesos, especialmente la que tiene garantía de ganarle a la inflación, provocó un cimbronazo dentro de las estructuras de poder político. Fueron más de $ 150 mil millones en bonos vendidos en 48 horas. Y, casi en simultáneo, se produjo una suba del 15% en el precio de los dólares financieros y en el ilegal. La orden del presidente Alberto Fernández en la reunión de Gabinete del miércoles pasado, fue «¡A gestionar!». La pregunta que se hacen todos es si con eso alcanza para evitar que vuelva a aparecer ahí cerquita el borde del precipicio.

Obediente, el Ministerio de Economía emitió al día siguiente un comunicado en el que enumeró las acciones que llevó a cabo en el primer trimestre para «tranquilizar la economía», como gusta decir el ministro Martín Guzmán. Fue el mismo día que salió el decreto con el Presupuesto 2022 y se anunció la segmentación de tarifas de luz y gas. Ese mismo jueves, el Banco Central elevó la tasa de interés. Dos días antes, Daniel Scioli asumió en Desarrollo Productivo bajo el lema «Sí a la producción, no a la especulación».  Esa noche, el flamante ministro se sacó una foto con Guzmán y el titular del BCRA, Miguel Pesce, en una cumbre marcada por la caída de la deuda en pesos y la cada vez más fuerte presión sobre las reservas.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

Pesce utilizó parte de este fin de semana extralargo para tratar de convencer a propios y extraños de que lo peor de la corrida contra la deuda local ya pasó. «La semana que viene eso va a estar normalizado», aseguró a quien quisiera oírlo. El titular de la autoridad monetaria consideró que la venta masiva de estos bonos se debió a «maniobras especulativas» y destacó que la respuesta del Banco Central logró «normalizar la curva de rendimientos tanto en la tasa nominal como en la tasa con CER».

El titular del BCRA se juega mucho en esa definición. Las reservas se encuentran bajo acoso por una demanda insólita para pagar importaciones y la siempre presente fuga. Si, además, debe aplicarlas para que la dolarización de una parte de las inversiones especulativas no derive en un alza de los dólares financieros, el resultado es una pérdida insostenible. En la semana corta que terminó el jueves 16, el BCRA perdió U$S 400 millones, la mitad ese mismo jueves.

El BCRA también intervino comprando parte de los bonos CER en pesos que el mercado liquidó, para lo cual emitió unos $ 190 mil millones, según datos del mercado. Si quisiera vender esos bonos pasado mañana, perdería nada menos que el 20% porque esos papeles no recuperaron aún su valor. La Anses también intervino en esa operación para sostener el precio de los bonos y el quebranto también la afecta.

La importancia de la deuda en pesos resalta con más fuerza cuando se observa que los gastos de este año superarán a los ingresos en unos 2 billones de pesos. Por el acuerdo con el Fondo Monetario, solo $ 700 mil millones se pueden financiar con más emisión; el grueso, unos $ 1,3 billones, se fondea con pesos prestados por los inversores. Esta contabilidad no incluye nueva deuda privada en dólares y una recaudación que supere a la inflación en 5 o 10 puntos porcentuales.

Se trata de números muy optimistas, ante los cuales los inversores sienten que tienen la sartén por el mango y que por ello están en situación de imponer condiciones a un deudor cuyo flote depende de que ellos le sigan prestando plata.

Según un informe de Economía, el stock de deuda pública en moneda local creció $ 677.342 millones, un 6,8%, solo en mayo pasado. Y en una abrumadora mayoría, el gobierno entregó a cambio de ese dinero bonos atados a la inflación. Esta operación es cada vez más onerosa para el gobierno, ya que debe subir las tasas que paga y achicar el plazo de vencimiento. En la emisión de deuda del martes pasado debió pagar tres puntos porcentuales más que dos semanas antes y solo ofrecer bonos y letras con vencimiento en este año.

Sin reservas pero con expectativas

Los especuladores, y también los funcionarios, saben que el Banco Central carece de las reservas suficientes como para impedirles cerrar el circuito de dinero. El BCRA no puede perder U$S 200 millones diarios, más cuando viene de un primer semestre en el que apenas pudo comprar U$S 1500 millones en la temporada alta de ingresos de divisas al país. Y acá está la clave: todos los informes económicos prevén una salida de dólares superior al ingreso a lo largo del segundo semestre.

Nicolás Pertierra, economista del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (Ceso), une la falta de reservas con la venta masiva de títulos en pesos. Las inconsistencias de la macroeconomía explotan ante la persistencia de la dificultad del gobierno para agregar divisas. Entre esas fragilidades se encuentra el hecho de que el gobierno debió asignar fondos por $ 200 mil millones para paliar en parte los efectos de la inflación entre la población de ingresos más bajos. «Hay inconsistencias entre las necesidades de la realidad y lo que impone el acuerdo con el Fondo Monetario; no queda claro cómo se va a saldar eso», indica Pertierra. «Entonces, es lógico que los inversores quieran cubrirse ante la incertidumbre», agrega.

Esa no fue la primera inconsistencia de la política económica, sin embargo ahora sí influye en la decisión de los especuladores. El cambio cualitativo es la falta de reservas, dice Pertierra: «Hay una novedad, que se concretó en los últimos meses, y es la dificultad para juntar reservas. Sin reservas, todo pende un hilo. Son la muralla de contención para evitar cualquier volatilidad, internacional o local. Y hoy el Banco Central tiene poquísimo margen para intervenir en los dólares financieros, por ejemplo», observa.

Juan Pablo Costa, economista del Centro de Economía Política Argentina (Cepa), también focaliza el problema en la falta de reservas. «Más que un problema de déficit fiscal, es uno vinculado a la balanza comercial en un año atípico», observa. Según este economista, la guerra entre Rusia y Ucrania multiplicó tanto los precios de la energía como de los alimentos. Pero mientras la importación de energía crece, la exportación de granos se estanca: «El sector exportador, en términos de dólares, viene exportando más que el año pasado; pero en términos de cosecha, se calcula que más de la mitad todavía no se liquidó», advierte Costa, quien calcula que se liquidaron 17 millones de toneladas de soja y todavía quedan 25 millones de toneladas por liquidar.

Estos números que maneja el Ministerio de Agricultura forman la base de las esperanzas de Pesce para el segundo semestre. En una entrevista con la señal de noticias C5N, aseguró que, si bien es cierto que «el sector primario está liquidando divisas en un nivel superior al del año pasado, está habiendo demoras en la liquidación de la cosecha de soja, que es muy importante y rondaría entre los U$S 2200 millones y los U$S 2500 millones, que seguramente lo liquidarán más adelante».

Esas divisas, en el pensamiento del presidente del Banco Central, se sumarían a los dólares que ingresarían vía organismos de crédito internacional como el BID, la CAF y el Banco Mundial. Pesce aseguró en la entrevista que «se esperaba que hubiera desembolsos netos por parte de los organismos multilaterales del orden de los U$S 700 millones que aún no llegaron, por lo cual en estos momentos, tenemos estos desajustes en la plaza cambiaria».

La suba de las importaciones golpea las escasas reservas. Un relevamiento de Tiempo muestra que el valor de las importaciones del primer trimestre de este año fue récord para el período enero-marzo de cualquier año. Además, los precios pagados fueron los más altos desde 2011 y las cantidades compradas solo están por debajo de las que se hicieron en momentos de marcha económica más firme, como a lo largo de 2013 y a fines de 2017. Si se acerca la lupa, se observa que la cantidad de bienes intermedios importados en los últimos cuatro trimestres es la más elevada de toda la serie estadística del Indec, que arranca en 1986. Concretamente, entre enero y marzo de 2022, las empresas importaron un 18,7% más de textiles que en el mismo período del año 2021. También un 19,9% más de pasta de madera y papel, un 7,1% más de productos químicos y un 8,5% más de plástico y caucho. El mismo recorrido se observa en los números de las importaciones de piezas y accesorios para bienes de capital y con las de los propios bienes de capital.

Para Pesce, «hay maniobras especulativas que alimentan la brecha cambiaria y algunos importan más de lo que necesitan». En sintonía con una declaración de Scioli al asumir, Pesce agregó que «sobre eso hay que hacer controles».

Costa, el economista de Cepa, observa que «hay factores especulativos vinculados al adelantamiento de las importaciones. Allí se ve un fenómeno de acumulación de stocks, es decir, de importadores que ahorran en insumos por este dólar relativamente barato que favorece este tipo de maniobras». Al aumentar la brecha entre el dólar oficial y los paralelos, crece la ganancia con estas maniobras, muchas de ellas ilegales. «El Banco Central deberá aplicar políticas más restrictivas en términos de administración del comercio, que es lo que se viene discutiendo», subraya Costa.

En definitiva, en la mente de los analistas financieros el segundo semestre será testigo de una mayor tensión sobre las reservas, que no podrá ser paliada por ninguno de los argumentos que esboza el presidente del BCRA. Entonces, es el momento de aprovechar los dólares baratos oficiales antes de que el gobierno y el Banco Central impongan nuevas cepos que impidan acceder a ellos.

El ministro Guzmán tiene un cometido para evitar que todo esto se cumpla. En los próximos días mantendrá reuniones con las dos asociaciones que agrupan a los bancos privados, Adeba (de capital nacional) y ABA (extranjeras). Si bien se trata de encuentros «de rutina», buscará comprometerlos en la compra de bonos que el Palacio de Hacienda pondrá en venta, por valor de medio billón de pesos, para pagar vencimientos por el mismo monto. Esto sucederá a fin de mes y es la prueba de fuego. Para facilitar las decisiones, Economía dirá que no prevé tomar medidas contra las operaciones financieras en dólares ni volverá a las medidas restrictivas que aplicó en 2020. «

Foto: Ministerio de Economía de la Nación – Prensa

De las Lebac a las Leliq

Después de la fatídica experiencia con las Lebac durante el mandato de Federico Sturzenegger en el BCRA, llamó la atención una declaración de Miguel Pesce. El presidente del BCRA planteó que un mayor desarrollo y difusión de las Leliq puede ayudar a que los argentinos dejen de apoyarse en el dólar y apuesten al mercado en pesos para ahorrar. «Si la gente tuviera activos financieros en los cuales confiar, la dolarización sería menor», sostuvo.

Rumores sobre el rol del PRO

El titular del BCRA también apuntó, aunque sin enfatizar, contra los referentes económicos de Cambiemos que habrían estado agitando un default de esa deuda si forman gobierno en 2023. Pero analistas consultados para esta nota descartaron que eso sea un factor determinante del comportamiento de los inversores en las últimas dos semanas. «Ni los especuladores están extorsionando al gobierno con nuevas exigencias, ni los voceros de la oposición son los únicos responsables de lo que sucede», dijo uno de ellos, referenciado con la política económica oficial.

Valor y renta

Los bonos del gobierno se compran y se venden entre inversores. Ese valor depende de la renta que ofrezcan y de la solvencia del deudor. Caerá si se cree que no va a pagar («reperfilar» fue una palabra muy usada para expresar ese default). Y subirá o se mantendrá estable si las dudas con el pago son mínimas.


Pero en épocas de volatilidad, si varios inversores venden al mismo tiempo una cantidad no habitual de esos bonos, su valor caerá porque abrirá sospechas sobre la solvencia del emisor y serán pocos los arriesgados a comprarlos. Con el riesgo más acentuado, el valor caerá y la renta que se percibe será mayor. Eso es lo que pasó estos días con los bonos CER en pesos.