Pese a las restricciones impuestas a su ayuda para financiar el déficit primario, el gobierno sigue contando con el Banco Central a la hora de reordenar su calendario de vencimientos. Esta vez no se trata de emitir dinero sino de postergar el cumplimiento de una obligación millonaria en dólares, cuyo pago fue retrasado por 10 años.

Una resolución conjunta de las Secretarías de Finanzas y de Hacienda autorizó a canjear una letra que vencía este mes por U$S 5674 millones y que el gobierno le había otorgado al BCRA en 2012. Será reemplazada por otra similar, que vencerá en abril de 2032. La nueva letra pagará intereses semestrales, a una tasa equivalente a la que devenguen las reservas internacionales del Banco Central menos un 1% anual.

Aunque el «rolleo», como se llama esa práctica en la jerga financiera, ya se daba por descontado, no es bien visto por el Fondo Monetario Internacional. En el informe elaborado hace un mes, en ocasión de celebrar un nuevo programa de facilidades extendidas, el staff técnico alertó de que «la posición patrimonial del BCRA es algo negativa, de entre 5% y 7% del PBI», y le adjudica parte de responsabilidad a la acumulación de esas letras que en su momento sirvieron para transferir parte de las reservas internacionales de libre disponibilidad al Ejecutivo. Claro que los tiempos cambiaron y ahora esa caja está virtualmente agotada.

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Un poco de historia

La primera letra fue colocada en 2006 y permitió usar reservas para cancelar de una sola vez y por anticipado los U$S 9800 millones que se adeudaban al FMI. La última colocación data del año pasado, cuando el Tesoro apeló a ese recurso para que le transfirieran los U$S 4300 millones enviados por el FMI en el marco de la emisión extra de DEG para darle liquidez a la economía global.

El mecanismo se institucionalizó en 2010, con un decreto firmado por Cristina Kirchner que creó el Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad: el argumento para que el gobierno tuviera acceso a ese dinero fue que si se dejaba sin usarlo «se estaría en parte sacrificando crecimiento, al mantener esos activos en el exterior con mínimo rédito, sin aprovechamiento alguno en el ámbito interno». Las discusiones por el perjuicio que sufriría el BCRA con esa decisión arreciaron y su entonces titular, Martín Redrado, renunció.

En 2018, cuando el macrismo recurrió al Fondo Monetario, se comprometió a cancelar esas letras intransferibles (que por entonces ya sumaban unos 25 mil millones de dólares). La idea era que con el dinero devuelto el Banco pudiera rescatar las Lebac, que se habían convertido en una bola de nieve en manos de los inversores. Pero el gobierno no tenía de dónde sacar los recursos y al poco tiempo el ministro Nicolás Dujovne archivó la idea.

Ya a comienzos de 2020, bajo la gestión de Miguel Pesce, la entidad resolvió contabilizar esas letras al valor técnico (el nominal más los intereses pendientes de pago), por más que sean intransferibles y carezcan de liquidez. De todas maneras, su impacto en los balances del BCRA es evidente. En el último, publicado el 7 de este mes, la entidad informó en el rubro «letras intransferibles y otras del Tesoro nacional» una acreencia de $ 6,4 billones, casi un tercio de su activo. Esa suma supera en más de un 30% las reservas internacionales y casi triplica los $ 2,3 billones de adelantos transitorios pendientes de devolución por el gobierno.

El Fondo te mira

El FMI tomó nota del tema y sus técnicos marcaron una tácita observación sobre el balance del Banco Central, que arroja un patrimonio neto de $ 800 mil millones. Para los hombres de Washington, «la posición del capital del BCRA se ha debilitado desde 2018», entre otras razones por «la rebaja de la calificación crediticia de Argentina, lo que condujo a una reducción significativa de sus tenencias de valores gubernamentales y letras intransferibles». Por eso toman con pinzas el balance del banco y opinan que su patrimonio es negativo, o dicho de otra manera, que los activos no cubren el pasivo.

También dijeron que uno de sus objetivos es lograr «un fortalecimiento sostenido del balance del BCRA». Por ahora el foco de la política monetaria está en reducir la asistencia directa al Tesoro (no más de 1% para 2022) y bajar el déficit cuasifiscal. No obstante, en el documento se anticipa que hacia fin de año se analizará «una estrategia de mediano plazo para mejorar de manera duradera la situación financiera» de la entidad. «

El dólar, otra vez rezagado contra la inflación

El dólar subió 1,7% en lo que va del mes en el mercado mayorista, en el que la cotización depende de manera casi exclusiva del Banco Central. Aunque de los números se desprende un incremento en el ritmo de actualización del tipo de cambio, se revela insuficiente para igualar el nivel de la inflación, tal como se lo había propuesto la entidad monetaria.
En la primera semana del mes, la divisa había subido 1,04 pesos, en la mayor corrección semanal producida desde el pico cambiario de octubre de 2020. En la segunda, reducida a solo tres jornadas hábiles por los feriados de Semana Santa, la suba fue de 81 centavos y el cierre fue de 112,97 pesos.
Desde el BCRA se había anunciado que durante este año procurarían que el dólar se elevara al mismo nivel de los precios internos, para evitar nuevos retrasos. Sin embargo, desde comienzos de año la divisa subió 9,9% mientras que la inflación fue de 16,1%. En el último Relevamiento de Expectativas de Mercado que realiza el Central, el pronóstico fue que el dólar llegará a $ 154 a fin de año.