Una sumatoria de factores llevó al mercado a deshacerse de una parte de sus tenencias en bonos públicos en pesos a lo largo del último mes, algo que comenzó a ser reflejado por los medios y las redes sociales en estos días porque la tendencia se aceleró. El ministro de Economía, Martín Guzmán, admitió en una entrevista días atrás, que le preocupaba lo que sucede en ese mercado, uno que s vital para su política económica.

Lo cierto es que todos los bonos en pesos que pagan intereses atados a la inflación más un pequeño plus, y que eran las estrellas del mercado de deuda local, cotizaron a la baja en los últimos 30 días.

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Esta generalidad oculta diferencias en relación con un período clave: el segundo semestre de 2023. Los bonos que vencen antes de ese lapso cayeron mucho menos que aquellos cuyos vencimientos se producen tras las elecciones y la asunción de un nuevo gobierno, del signo que sea.

Esto se evidencia en la serie T2X. El que vence en septiembre de 2022 perdió sólo el 0,95%; en cambio, el que vence en marzo de 2023 sufrió un retroceso del 8,02% y el que tiene vencimiento en septiembre de 2024 perdió la friolera de 18,02% entre el 10 de mayo y el 10 de junio.

La misma escala de valores descendentes se observa en la serie TX. El bono que caduca el 25 de marzo de 2023 perdió 3,04% de su cotización en el último mes. Pero el que cae un año después, perdió un 13%. El título con final en 2026 cayó un 19,31% y el que lo hace en 2028, un 21,92%.

Las cotizaciones de los bonos caen cuando los inversores los venden en un volumen que supera la demanda. Eso es loq ue viene sucediendo en el último período.

Razones expuestas y ocultas

Para algunos analistas, lo que ha sucedido con los bonos en el último tiempo tiene que ver con la desconfianza que despierta la política de endeudamiento en pesos del gobierno.
Para la consultora PxQ, que dirige el exviceministro de Economía de 2014, Emmanuel Álvarez Agis, la posibilidad de que aumente el riesgo con la deuda en pesos es bajo y «el riesgo en la acumulación de pasivos no tiene tanto que ver con una cuestión de solvencia sino con un riesgo de que ante un refinanciamiento fallido, el BCRA tenga que emitir para que el Tesoro pague generando un exceso de liquidez en el mercado». Pero «mientras se mantenga el esquema de control de cambios la deuda en moneda local es manejable», asegura.

PxQ considera, con todo, que el principal factor que ocasiona ruidos en el mercado es el político. «Si la oposición dice pública o privadamente que de ganar la elección, no pagaría la deuda en pesos, el riesgo de default es mayor al 50% y, por tanto, una crisis de la deuda local es un escenario altamente probable», advierte.

El comentario hace alusión a las declaraciones de Patricia Bullrich y al silencio público de los referentes económicos de Juntos por el Cambio, mientras pululan los rumores sobre chats defaulteadores.

Esta presión es seria. Pero oculta la posibilidad de que los tenedores de bonos estén vendiendo para arrancarle al gobierno una nueva concesión: una renta mayor por conservarlos. Sucede que estas ventas se dan en medio de una suba de las expectativas inflacionarias, pro lo que los posedores de esa deuda no perderían valor de capital ante la carestía y empardarían la suba del PBI con el plus de tasa de interés que pagan esos bonos.

Según la corredora Intervalores, «los temores de reperfilamiento antes de las elecciones el próximo año» y el hecho de que el gobierno «emitió muchos más instrumentos cortos en mayo con un aumento de tasa, y las necesidades para el pago de impuestos anuales y aguinaldos», pegó en la decisión de  vender.

«Hubo toma de ganancias», aseguraron en una operadora de primera línea y descartaron un movimiento defensivo ante la posibilida de un default. «