Desde las PASO, el 12 de septiembre pasado, los bonos de deuda emitidos por el gobierno nacional perdieron un 15% de su valor y por estos días cotizan a precio de default. Esa caída eleva el riesgo país, que cerró en sus máximos desde que asumió Alberto Fernández, un 28% arriba de lo que estuvieron a principios del mes de la primavera.

Este descenso estuvo acompañado, hasta las elecciones de noviembre, por la caída del peso ante el dólar ilegal y las demás cotizaciones financieras no reguladas por el Banco Central ni la Comisión Nacional de Valores (CNV). Pero desde que sucedieron las legislativas, ese negocio se tranquilizó.

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Mercado delicado

El de los bonos públicos es un mercado delicado porque pone en evidencia la relación que tienen los inversores y especuladores con la Argentina. La corrida contra los bonos argentinos indica que, para esos inversores, mantener en sus carteras los bonos argentinos no es un negocio porque la perspectiva es que su valor no suba en un plazo de varios meses. Pero también hay otras lecturas posibles: una, es que se vende para comprar más barato días después, lo que genera una ganancia que no se puede repetir en el corto plazo. Es especulación de un disparo. Con los bonos argentinos en dólares cotizando en torno de los U$S 35 por cada U$S 100 nominal, ese esquema muestra que no tiene más recorrido para abajo.

Otra lectura es que se trata de una movida política que busca presionar al gobierno en momentos que sostiene un capítulo complicado en su negociación con el Fondo Monetario. El objetivo apuntaría a lograr concesiones del gobierno para 2022 y después, como una mayor garantía de pago a partir de un ajuste fiscal más duro que el actual. Hay que tomar en cuenta que ante la posibilidad de un impago, los inversores llegan a sostener ideas de lo más audaces, como que la Argentina entregue la recaudación fiscal a un organismo del exterior para que la gestione, cosa que plantearon en 2001, durante la crisis terminal de la convertibilidad, 20 años atrás.

Aquí están

La historia se repite, aunque sigue siendo en forma de tragedia. Los fondos Pimco y Templeton siguen vendiendo sus bonos en pesos para transformarlos en dólares en cuentas del exterior. Hace dos años que están en lo mismo. Es una agonía para ellos y para el mercado financiero argentino, que cada cierto tiempo sufre un cimbronazo por las operaciones de los dos fondos, seducidos y engañados por «el Messi de la finanzas», Luis Caputo, ministro de Finanzas, primero, y presidente del Banco Central, después, durante la gestión de Mauricio Macri. El sobrenombre se lo dio Marcos Peña, quien era el jefe de Gabinete de Macri. Pimco y Templeton llegaron a tener el equivalente a U$S 2500 millones en bonos en pesos y dólares en 2019. Pero desde agosto de ese año están buscando venderlos, pero no pueden hacerlo a mansalva porque provocarían una caída de valor que afectaría esa misma venta. Por eso se desprenden de los papeles en cuotas.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, negoció con estos fondos el año pasado, cuando restructuró la deuda en moneda extranjera en manos de privados. Acordó una salida negociada que incluyó la emisión de deuda en dólares que se podía suscribir con bonos en pesos, un mecanismo pensado especialmente para facilitarles la salida a estos dos grandes fondos. Pero no alcanzó. El hecho de que no levantaran vuelo los precios de los bonos en dólares surgidos del canje del año pasado derivó en un mal negocio para todos los especuladores que ingresaron en él.

De allí que adviertan que harán un análisis profundo del acuerdo a que llegue el gobierno con el FMI. Buscarán las claves que les indiquen que esta vez sí los bonos subirán de precio y así podrán venderlos. En ese sentido, un acuerdo que no entusiasme al mercado podría derivar en una nueva decepción. Esta perspectiva también presiona al directorio del FMI. Finalmente, Pimco y Templeton son fondos globales con llegada al staff del Fondo, lo mismo que Blackstone y otros similares.

La pulseada a varias bandas se mantendrá el próximo verano, que tiene pronóstico de «caliente». «