La protección mediática de ciertos espacios y personalidades del ámbito político empresarial parece no tener límite, no solo respecto al despropósito político en torno a la “Gestapo” macrista, sino en cuestiones mucho más palpables en la vida cotidiana.

En la semana, hubo que esforzarse para encontrar la noticia de que en CABA ya rigen las subas en los servicios de Verificación Técnica Vehicular, estacionamiento medido, acarreo, Ecobici y peajes de autopistas, con aumentos que oscilarán entre el 40% y 51%. Mucha menos atención aun concitó la suba de las alícuotas de ingresos brutos en la órbita de CABA. Justamente, el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta, hace pocos días se negó a firmar —pese a que todas las provincias adhirieron— el Consenso Fiscal argumentando enfáticamente que “en la Ciudad no vamos a aumentar impuestos”, cuando en realidad el Consenso Fiscal lo que hizo fue poner topes a posibles aumentos en las alícuotas.

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La verdadera negativa del macrismo (Larreta-Vidal) es a aumentar los “impuestos a la clase alta”, sin embargo, no tienen ningún reparo cuando se trata de trabajadores y capas medias. Por ejemplo, en 2020 se decidió “innovar” en CABA, estableciendo la imposición del 1,2% a los consumos con tarjetas de crédito. El choque entre los dichos y los hechos ya resulta indecente. De republicanismo no hay nada.

A nivel nacional, diputados y diputadas de JxC manifestaron su rechazo a la suba de alícuotas, ya que en su “contrato electoral” se estableció que no votarían aumentos de impuestos, otorgándole un carácter moral, como lo hacía Trump, mientras reducía los impuestos a los ricos y millonarios.

Estas posiciones políticas se proponen obstaculizar iniciativas parlamentarias, como ocurrió con la Ley de Bienes Personales, finalmente aprobada, que permitió incrementar las alícuotas a los contribuyentes de mayores patrimonios, afectando a menos de 16 mil contribuyentes. O sea, a una minoría muy adinerada. Lo que se rechaza, en última instancia, es que se pueda avanzar hacia una política impositiva de mayor progresividad.

En materia de precios, se oficializó el acuerdo con más de 150 empresas para la nueva lista del programa Precios Cuidados que incluye 1321 productos. La idea es reducir la inercia inflacionaria, impulsada a su vez por los grandes formadores de precios, para que el poder adquisitivo del salario se recupere. Habría subas en los importes de los bienes del programa de hasta un 6% trimestral, que se aplicarán de manera escalonada en productos de almacén, de limpieza, de librería, de perfumería, de cuidado e higiene personal. También artículos para bebés, mascotas, frescos (como lácteos, fiambres, etc.), pastas, tapas de empanadas y de tartas, entre otros.

Al respecto, el secretario Roberto Feletti aclaró: “Seremos muy duros en el cumplimiento. No queremos distorsiones de precios en las cadenas comercializadoras, para que se terminen quedando con el margen. En eso seremos muy enérgicos”. Los acuerdos de precios y salarios son una herramienta importante en el esquema que considera a la inflación como un fenómeno multicausal. Esta perspectiva ahora también la debe aceptar el propio FMI.

Además, la Secretaría se propone otro objetivo muy importante: un nuevo acuerdo por el precio de los medicamentos. Continúan también los encuentros entre funcionarios de Agricultura y referentes de los sectores empresarios para avanzar en un mecanismo de subsidios cruzados entre privados, como el caso del aceitero, que dio buenos resultados.

Se trata de un fideicomiso que recibe dinero de los exportadores y lo traslada a las empresas que venden en el mercado interno a precios adecuados a los ingresos de nuestros consumidores. El objetivo es lograr el desacople entre los precios locales e internacionales. A pesar de la resistencia de ciertos sectores agropecuarios autoconvocados, se buscará extender la herramienta al trigo y el maíz con el mismo propósito de ir bajando los precios de los alimentos.

Si bien la inflación es un fenómeno multicausal, su componente determinante es la puja distributiva y el rol de los formadores monopólicos de precios. Este problema no ocurre solo en nuestro país. La vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, señaló a mediados del mes pasado que “el presidente (Biden) y el secretario de Agricultura impugnaron la codicia de los conglomerados cárnicos, que es un área que cuando la gente va al supermercado y habla de comprar una libra de carne, dos libras, diez de carne, los precios son más altos”.

En Argentina hay una puja de fondo, y no solo por las ganancias en el corto plazo. Los sectores concentrados se oponen a esquemas como el de Precios Cuidados, a pesar de que el mecanismo ha dado buenos resultados. En realidad, se niegan a reconocer que es necesaria y factible la regulación del Estado, para defender a la ciudadanía de los abusos de esos grupos monopólicos y sus pseudodoctrinas perimidas que solo “justifican” sus ganancias.

Uno de los referentes de JxC, Gerardo Morales, señaló: “Hay una consigna de los más extremistas que quieren que cuanto peor, mejor. Quieren que explote todo. Les gustaría mucho el default. Prefieren que todo explote para que se realice un ajuste fenomenal sobre la gente. Algunos terminan haciendo el juego a esa lógica, que no la comparto”.

Reconoce que hay sectores que intentan desestabilizar. No se trata de una simple interna del principal espacio opositor: tiene efectos en las expectativas y en el ánimo de la sociedad. De todos modos, está claro que la literatura de “halcones y palomas” es superficial y engañosa. Ambas especies pertenecen a un mismo ecosistema y en los grandes temas tienen una postura homogénea, que es la que en definitiva colisiona con el interés de las grandes mayorías. El propio gobernador jujeño (ahora “paloma”) que critica a los desestabilizadores hace seis años que mantiene presa arbitrariamente a Milagro Sala.

Con respecto al señalamiento del default, hubiese correspondido que en 2018 no hubieran convalidado una deuda absolutamente insostenible tomada sin aprobación parlamentaria y que mayoritariamente se usó para fugar divisas. El daño no lo quita nadie.

El gobierno está intentando llegar a un acuerdo con el FMI que no conlleve ajuste y no ahogue la necesaria recuperación. Recientemente el nobel de Economía Joseph Stiglitz valoró la recuperación económica de la Argentina. «El país estaba en recesión cuando golpeó la pandemia, debido en gran medida a la mala gestión económica del expresidente Macri. Todos habían visto esta película antes. Un gobierno de derecha pro empresas, gozaba de la confianza de los mercados financieros internacionales, que debidamente aportaron dinero (…) Pero las políticas de la administración de Macri, resultaron ser más ideológicas que pragmáticas, beneficiando a las minorías para que sean aún más ricas, en lugar de favorecer a los ciudadanos comunes. Cuando esas políticas inevitablemente fracasaron para el pueblo eligieron un gobierno popular que se ve compelido a gastar la mayor parte de su energía limpiando el desastre».

Resulta imprescindible interrumpir este vaivén que lo único que hace es profundizar el hambre, la pobreza, y las ganancias del establishment local e internacional.

La respuesta solo puede provenir del protagonismo y la participación popular. «