El periodista y economista Alejandro Bercovich publicó a mediados de la semana en la revista Crisis un artículo en el que, con el provocativo título de «¿Y si no le pagamos al Fondo?», indaga en esta posibilidad excluida de plano por el gobierno y el establishment político y económico.

El texto, que circuló profusamente en ámbitos oficiales, es el último golpe sobre la mesa de una larga serie de estudios, trabajos e investigaciones que se han publicado en torno a esa idea, muchos de los cuales surgieron desde adentro del Frente de Todos, estimulados por las posiciones que el entonces candidato Alberto Fernández divulgaba respecto de la deuda que el Fondo le otorgó a la administración de Cambiemos.

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Uno de los más tesoneros en esa disputa por darle una orientación diferente al rumbo que adoptó el oficialismo es Claudio Lozano, actual director del Banco Nación.

«Lo que se agotó, porque lleva a un fracaso, es la estrategia que tomó el gobierno, que era suponer que con una estrategia de diálogo el FMI nos iba a proponer una solución a la argentina. Y creo que eso llevó a tener una idea de que el Fondo era una especie de socio de la negociación, incluso se llegó a hablar del Fondo bueno», dice Lozano.

El economista advierte que «el gobierno perdió de vista el componente brutalmente político y geopolítico que tenía el crédito –un crédito que jamás el Fondo podía dar, en el cual violó todos sus estatutos y normativas– y que tenía como objetivo lograr la subordinación geopolítica de la Argentina por parte de los Estados Unidos. Por lo tanto, un crédito de esta naturaleza merece una discusión política y no financiera. Y el gobierno, en ese terreno, hizo muy poco o casi nada».

Lozano observa que la coyuntura es la menos indicada para buscar un cierre de las negociaciones. Y enumera: la política económica terminó debilitando al gobierno porque no revirtió la regresividad en la distribución del ingreso, lo que arrojó como resultado un deterioro político que se expresó en las elecciones. Esa misma política económica llevó a una coyuntura de deterioro en materia de reservas.

«Hay un enfoque equivocado, y creo que la lógica, cuando uno tiene una situación de debilitamiento, no es cerrar las negociaciones en este contexto sino que sería revisar lo actuado y tomar otro rumbo», advierte.

No hay que pagar

Según Lozano, la Argentina debería continuar las conversaciones buscando que se aplique la idea de que todos debían asumir su corresponsabilidad.  «Eso implica que ponga algo. Pero el Fondo no la asumió», dice Lozano.

Pero los tiempos ya no son los de 2019. En pocos días vence una cuota del préstamo que recibió Macri, de U$S 1900 millones. El tiempo apremia. «No debería pagarse –dice Lozano–. Argentina tiene que decir hasta acá estuvimos intentando dialogar, el Fondo no ha entendido la situación de la Argentina, mientras dialogamos pagamos y no lo entendieron. Hay que suspender los pagos y seguir negociando».

Si el FMI no cambió, el informe interno sobre el préstamo otorgado a Macri no le genera expectativas a Lozano. «El FMI va a decir que fue un error, pero eso no tendrá consecuencias para la Argentina, eso ya lo han dicho. De lo contrario, si efectivamente reconocieran que le prestaron lo que no podían prestar, comprometieron vencimientos que desde el vamos se sabía que no se podían pagar y que le prestaron a un país en situación de fuga de capitales cuando tenían prohibido hacerlo, deberían hacerse cargo de ello y asumir su responsabilidad. Eso no va a pasar».

Romper el ciclo

Que la decisión que tomó el FMI al dar el stand by estaba estimulada por Estados Unidos, ya no quedan dudas. La Argentina, como mucho, podía recibir U$S 22 mil millones en una situación de fuga de capitales. Además, los vencimientos cayeron sobre el gobierno que seguía al de Macri para condicionar su rumbo y «subordinar a la Argentina en el marco del conflicto que EE UU mantiene con China.

«Hay miles de alternativas políticas para recorrer si se asume que esto fue un crédito político y no como se asumió acá, como si fuera un problema financiero. Acá no hay un stand by, esto no es un stand by, ese es el punto central, y por lo tanto no se puede resolver con las opciones tradicionales que el Fondo tiene», agrega Lozano.

Para el economista, no pagar es una definición que rompe con la lógica de los endeudamientos perpetuos. «La idea de que el default es la muerte es una construcción política, por parte de los acreedores, de un sentido común y lo que hace es alimentar un funcionamiento que en algún momento habría que interrumpir si se quiere plantear ejes de desarrollo. Hay que interrumpir el ciclo de endeudamiento y su lógica». «