En una economía siempre inestable como la argentina, cuyos vaivenes se vieron agravados por la pandemia y sus consecuencias, dos datos conocidos en los últimos días ilusionan con una posible recuperación en el mediano y largo plazo. Ambos están relacionados con la inversión, que después del desplome de los últimos tiempos parece estar asomando con mayor fuerza, de acuerdo a informes elaborados tanto en el sector privado como por organismos públicos.

Por un lado, OJF, la consultora de Orlando J. Ferreres, que elabora mensualmente un índice sobre inversión bruta interna, estimó que en junio el rubro tuvo una mejora interanual del 29,6%, medida en términos físicos (descontando las variaciones de precios relativos).

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El dato saliente es que en el segundo trimestre del año la inversión pasó a representar el 20,1% del PBI, proporción que no alcanzaba desde mediados de 2018.

Una mayor normalización en la importación de máquinas y el regreso de la construcción a niveles previos a la pandemia colaboraron en la suba.

Según OJF, en junio se destinaron a bienes de capital unos 5870 millones de dólares.

“La inversión mostró una recuperación luego del freno de mayo. Así lo evidencia tanto la suba del índice desestacionalizado, como el aumento en la inversión medida en dólares y el incremento expresado como porcentaje del PBI. Por su parte, la leve desaceleración en la comparación anual responde a que la base ya no es tan baja como en los dos meses anteriores”, dice el informe de Ferreres. También da un pronóstico optimista para el futuro inmediato: “Para los próximos meses esperamos que continúen mejorando los niveles de inversión de la mano del impulso de la obra pública, y además podría darse un adelantamiento de las decisiones de compra ante la incertidumbre que genera la evolución de la inflación y el tipo de cambio luego de las elecciones”.

Obra pública

Al mismo tiempo, la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) también detectó un fuerte incremento de la inversión pública, que se duplicó en términos reales. Tomando en cuenta la ejecución presupuestaria, ese organismo afirma que durante el primer semestre los fondos destinados a ese fin ascendieron a $ 296.982 millones, lo que representó un salto del 107,2% real con relación a la ejecución del mismo período de 2020. De las partidas asignadas en el Presupuesto nacional, hasta junio ya se había comprometido el 38% de los montos, lo que hace presumir que en la segunda parte del año el ritmo de crecimiento será todavía mayor.

Según la OPC, hay en marcha 452 obras. “De las 20 principales –que insumen más de la mitad de los fondos–, 14 corresponden a la construcción de autopistas y autovías”, detalla el informe, que también rescata el fuerte repunte en las obras de vivienda y urbanismo (capítulo en el que ya se devengó el 47% de las partidas presupuestadas) y en el incremento en las transferencias a provincias y municipios para financiar gastos de capital (un 132% más que el año pasado).

Desde el punto de vista macroeconómico, el crecimiento en bienes de capital e infraestructura implica mejores condiciones para incrementar la producción en un futuro cercano, lo cual redundaría en un crecimiento de la actividad en su conjunto.

Claro que la potencial mayor oferta existente necesita una demanda que la absorba y es en ese punto de la historia donde la expectativa oficial choca contra una dificultad aún no resuelta.

Según los datos del Indec conocidos este viernes, los salarios reales en mayo habían retrocedido alrededor de un 5% interanual, en un tobogán que se mantiene al menos desde 2017.

Por eso la demanda privada todavía no mejora: CAME (Confederación Argentina de Mediana Empresa) señaló en junio que si bien las ventas minoristas de las pymes mejoraron un 8,6% en relación con 2020, cuando la economía estaba prácticamente parada por el coronavirus, todavía están un 16% abajo del mismo mes de 2019, última referencia anterior a la pandemia.

La reversión de ese desbalance asoma casi tan importante como la mejora de la situación sanitaria a la hora de esperar una normalización de la actividad.  «

El FMI mejoró sus previsiones para la Argentina

El Fondo Monetario Internacional mejoró la perspectiva de crecimiento económico de la Argentina en 2021: la suba prevista pasó a ser del 6,4% del PBI, seis décimas porcentuales más de lo que había calculado en abril. 

“Argentina se ha beneficiado de un inesperado aumento en los precios de sus exportaciones, con un incremento de los precios de los alimentos a nivel internacional. Ese efecto positivo está ayudando a la recuperación”, señaló la economista jefa del organismo, Gita Gopinath.

Los avances de la campaña de vacunación y el incremento del comercio bilateral con Brasil también ayudarán a impulsar la mejora, estiman en Washington.

El pronóstico sitúa el repunte de la economía local en un nivel superior al de la economía global, que subiría un 6% este año, y también al de América Latina, donde se cree que el producto regional crecerá un 5,8 por ciento.