Tras la exposición del ministro de Economía, Martín Guzmán, ante los gobernadores el miércoles pasado, quedó claro el dilema que aqueja a los negociadores argentinos ante el Fondo Monetario. Las dificultades se expresan por las carencias de la economía local y también por que «el otro juega», como le advirtió el ministro al gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, quien pidió «cambiar de estrategia» dados los magros resultados de la que se aplica en la actualidad.

Que el FMI juegue significa que presiona en el sentido de lograr sus objetivos, básicamente que la política económica esté direccionada hacia el pago de las diversas deudas que mantiene la Argentina, con el propio Fondo y con los acreedores privados.

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En el Palacio de Hacienda y en el FMI confirman que los contactos remotos entre Buenos Aires y Washington son diarios, «nada físico por ahora», señaló una de las partes. Y a estos vínculos permanentes se agregará ahora el primer cruce entre Sergio Chodos, el representante argentino ante el Fondo, e Ilan Goldfajn, el brasileño que asumió el 1 de enero como director del Hemisferio Occidental del Fondo, es decir, el responsable político de las negociaciones. Ese encuentro puede suceder en cualquier momento.

Margen estrecho

El FMI quiere asegurarse el cobro, como explicó Guzmán. Pero el problema parece ser que el acuerdo no abriría el mercado de deuda internacional porque quedarían vigentes los controles de cambio. De allí que el ministro insistiera con que el propio Fondo proveería el dinero para pagar los vencimientos que el país tiene con el organismo, algo que en el FMI no admiten como cierto.

Sin ese dinero sería muy difícil poder pagar. Pero los negociadores argentinos enfrentan un dilema más complejo aun. Y es que la propuesta oficial incluye el crecimiento económico y el de las reservas en simultáneo. Sin un anabólico, un ingreso de capitales externo y extraordinario, eso no puede suceder.

«El margen es bastante estrecho porque impulsar la actividad como para que los ingresos y la recaudación crezcan rápido, tiene como contrapartida una mayor necesidad de dólares, pero al mismo tiempo también hay, dentro de lo que mostró Guzmán, un objetivo de acumulación de reservas», advierte Nicolás Pertierra, economista del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO).

«El objetivo de acumulación de reservas tira para un lado y el del crecimiento y reducción del déficit tira para el otro. Allí está la complejidad», agrega Pertierra.

Es sabido que el FMI ya resolvió este dilema: que la Argentina acumule reservas más rápido y que crezca a un ritmo más lento. Es una discusión de fondo porque implica postergar respuestas a las necesidades sociales urgentes, una parte de las cuales puede ser saldada con el crecimiento económico y la generación de empleo.

«El FMI adoptó esa posición porque quiere asegurarse que la Argentina tenga los dólares para pagar la deuda y esos dólares los consigue el país si exporta y no los usa, si crece poco y no los usa», explica el economista del CESO.

Sigue el déficit

Guzmán aseguró que el problema «medular» de las negociaciones con el FMI era el ritmo de reducción del déficit. A pesar de que ese desequilibrio viene ajustándose a pasos acelerados (ver página 8), el Fondo quiere una mayor velocidad. ¿Pueden confluir ambas visiones? «Posibilidades de confluencia respecto del déficit fiscal hoy no se ven. De hecho, es probable que a marzo todavía no haya un acuerdo en ese punto y que la solución sea algún acuerdo de corto plazo sin definir con exactitud esto», aclara Pertierra.

Según la visión de este economista –al igual que otros–,  lo más probable es que haya un acuerdo de corto plazo con el cual se evite zanjar ya ese tema mientras se lo sigue discutiendo.

La otra posibilidad es una reducción menor del déficit a cambio de una mayor emisión de deuda con la cual financiarlo. Pero en el mercado financiero local advierten que no hay margen para incrementar la deuda del Tesoro cuando al mismo tiempo el Banco Central absorbe pesos con las Leliq.