La discusión entre Martín Guzmán y Luciano Laspina se llevó todos los flashes de la presentación del ministro de Economía ante los diputados de la comisión de Presupuesto, para exponer sobre el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El legislador de Juntos por el Cambio acusó al funcionario informante de llevar “un enlatado donde nos quiere hacer socios del ajuste inevitable que tenemos por delante porque el Gobierno en los últimos dos años, primero con la excusa de la pandemia y después con la excusa de la post pandemia, se quedó sin financiamiento y sin recursos”.

Pero la parte jugosa fue el cruce por la comparación entre el crecimiento de la deuda experimentado durante el paso del macrismo por el gobierno y el de la actual gestión. La respuesta con tono académico del ministro (dijo que comparar deuda en dólares y en pesos es una “debilidad conceptual”) encierra también las diferentes visiones del oficialismo y la oposición sobre el tema.

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Laspina insiste, y lo ratificó después en Twitter, en que el actual gobierno hizo crecer la deuda en U$S 65 mil millones. “Es deuda en pesos, (bonos ajustables por) CER y dollar-linked. Parece que no cuenta”, detalló. Es la misma posición que vienen enarbolando varias figuras opositoras, entre ellas la exgobernadora María Eugenia Vidal y el exministro Hernán Lombardi. “Son datos. Creemos en nuestros números”, fue la justificación de Lombardi en una reciente entrevista.

Además, el diputado santafesino también cargó en la cuenta del presidente Alberto Fernández el nuevo programa acordado con el FMI, en lugar de considerarlo una reformulación del stand by que tomó el macrismo en 2018. “Es un nuevo préstamo, no existen los refinanciamientos en los organismos internacionales. Existen los préstamos condicionados. Usted ha evaluado costos y beneficios y decidió ir y firmar un acuerdo”, dijo.

En contraposición, el gobierno sacó a jugar los datos elaborados por la Secretaría de Finanzas, que desmienten esa acusación. Según las planillas oficiales, la deuda total medida en dólares al tipo de cambio oficial, incluyendo los montos pendientes de reestructuración tras los canjes de 2005 y 2010, asciende a U$S 365.727 millones, con un incremento de U$S 42.662 millones desde la asunción de Alberto Fernández. En comparación, en el período 2015-2019 la suba fue de U$S 82.400 millones: la tomó en U$S 240.665 millones y la dejó en U$S 323.065 millones.

También es significativa la evolución de otros dos indicadores para medir el impacto de la deuda. Uno de ellos es su comparación con el producto bruto: el stock total trepó del 52,6% del PBI en 2015 a 88,8% en 2019 y a 82,2% en septiembre de 2021 (último dato disponible). Otro es la proporción de compromisos en moneda extranjera, que pasó de 69,3% a 77,8% durante el cuatrienio de Cambiemos y ahora se redujo a 74,1%. Esta reducción es tanto estratégica, para reducir la vulnerabilidad ante eventuales devaluaciones, como forzada por la realidad, ante la imposibilidad de colocar títulos en mercados internacionales a tasas razonables.

Lo cierto es que en los últimos meses se notó un fuerte incremento de esos pasivos, que en los últimos tres meses subieron unos U$S 17 mil millones. La tendencia podría acelerarse en el futuro inmediato, ya que el gobierno se comprometió ante el FMI a reducir los pedidos de auxilio al Banco Central.

La relación entre el BCRA y el Tesoro también está bajo la lupa. Los economistas de Juntos por el Cambio destacan el crecimiento acelerado de esa asistencia, al igual que de las Leliq, pases e instrumentos similares que la entidad monetaria coloca entre los bancos comerciales para reducir la liquidez (y que devengan cuantiosos intereses). Lo cierto es que la transferencia de utilidades y los adelantos transitorios son recursos permitidos por la Carta Orgánica del Banco Central. Estos últimos, además, como deben devolverse, están computados dentro del stock de deuda pública: suman U$S 21.855 millones, según la conversión al tipo de cambio oficial hecha por la Secretaría de Finanzas. En cambio, los $ 4,5 billones de pasivos remunerados que colocó el Central no forman parte de esa cuenta, como tampoco la formaban las Lebac usadas en las épocas en que Federico Sturzenegger dirigía la entidad y que también llegaron a ser el equivalente al total de la base monetaria.