La crisis económica global está provocando cambios sustanciales en los planes de producción de petróleo en zonas no convencionales. Un caso paradigmático es el de Malvinas, en donde las expectativas kelper de convertir al archipiélago en un emirato petrolero del Atlántico Sur están cada vez más lejanas.

En julio pasado, Premier Oil canceló una inversión de 200 millones de dólares en la única área importante en las aguas aledañas a Malvinas; antes había suspendido la exploración martítima. Todo ello a pesar de la búsqueda de un acuerdo con Navitas, una petrolera israelí con experiencia en el Mediterráneo oriental.

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Desde ese momento a esta parte, las condiciones económicas globales se han endurecido aún más. Las perspectivas para este año son de fuertes caídas en la actividad económica respecto a 2019 y con leves recuperaciones en 2021. En base a este escenario, la Agencia Internacional de Energía (EIA, por sus siglas en inglés) previó la semana pasada que la demanda de petróleo no se recuperará hasta fines del año próximo.

Sea Lion, el área más prometedora de Malvinas, ubicada al norte de las islas, podría así pasar a formar parte de los “activos varados”, como se conoce en la industria petrolera a los yacimientos que ya están explorados y son bastante conocidos pero cuya explotación ha sido paralizada por tiempo indeterminado. Según Premier Oil, en Sea Lion habría hasta 1700 millones de barriles de crudo.

La cantidad de activos varados en el mundo creció con fuerza en los últimos meses al compás de la crisis económica desencadenada por el coronavirus y exacerbada por las medidas que cada país tomó en defensa de los intereses de sus principales empresas y en detrimento de las de sus competidores.

Mirado en perspectiva, la posibilidad real de que las energías renovables ocupen cada vez un espacio mayor en la matriz energética global –también alentada por el impacto de la pandemia- derivaría en una menor demanda de combustibles fósiles, con lo que su precio caería y en una mayor penalización por su uso. Con esa mirada es que la británica BP anunció el 4 de agosto que no realizará nuevas exploraciones hidrocarburíferas en yacimientos de frontera (Malvinas lo es) y sólo apuntará a áreas con mayores posibilidades de producción al menor costo y riesgo.

El escenario actual, de caída brusca de la demanda de petróleo, hará que el 10% de los recursos de petróleo, unos 125 mil millones de barriles que esperan por ser extraídos, sean obsoletos, según un estudio de la consultora Rystad Energy, que señaló que es muy alta la posibilidad de que esos recursos “nunca salgan a la luz”. Y agregó: “Los proyectos complejos podrían ser archivados a favor de los más sencillos”.

Las empresas que participan de la exploración petrolera en Malvinas insisten con que podrán escapar a ese destino. Rockhopper, que descubrió Sea Lion y ahora es socio menor de Premier Oil, señaló que la entrada de Navitas en el negocio demostraba que aun hay interés en el petróleo del Atlántico Sur. Pero en Premier son menos ilusos. Tony Durrant, su presidente ejecutivo, aseguró que la decisión final sobre Sea Lion no se tomará hasta el próximo año como muy pronto. Lo cierto es que cientos de millones de dólares invertidos desde 2010 no han arrojado ni una gota de crudo en el mercado petrolero a pesar de todas las prórrogas a los cronogramas originales. Según Rockhopper, para que la explotación de Sea Lion sea rentable, tanto en términos operativos como financieros, se precisa de un precio internacional del crudo en torno de los 50 dólares el barril. Para la EIA, la posibilidad de que el crudo tipo Brent alcance ese valor es muy baja.

Efecto geopolítico

La explotación de Sea Lion tiene un problema adicional, además del petróleo barato, la caída de la demanda y la penalización al uso de combustibles fósiles: el rechazo de Argentina.

La Argentina tiene una legislación que penaliza a las empresas que participan directa o indirectamente de la actividad hidrocarburífera en Malvinas con licencias otorgadas por el gobierno kelper.

Más allá de la real voluntad de los gobiernos argentinos por hacer cumplir esa legislación, su sola existencia se convierte en un escollo más para las empresas que evalúan en qué activo petrolero invertir en el actual contexto.

Para los malvinense, la decisión de Premier Oil de julio de cancelar las inversiones fue un balde de agua helada en sus planes de desarrollo porque puso blanco sobre negro la inviabilidad del proyecto petrolero. La actividad hidrocarburífera pesaba en los planes a futuro del gobierno kelper. El plan isleño de desarrollo para los años 2018-2022 preveía el inicio de la extracción de crudo en Sea Lion, lo cual produciría un impacto económico fuerte tanto a nivel de las regalías que recibiría el gobierno como por las actividades conexas. Por caso, en la actualidad se está trabajando en el puerto de Puerto Argentino a fin de que tenga mayor capacidad operativa en la recepción de buques auxiliares a la producción petrolera. Asimismo, se preparaba nueva legislación con “condiciones atractivas para facilitar la inversión externa en los proyectos existentes y en los nuevos”.

El del crudo es el tercer golpe a la economía de las islas Malvinas. El primero fue la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Malvinas perdió así las facilidades comerciales con el resto de la UE que le daban el hecho de ser un territorio británico. El plan 2018-2022 tomó nota de esta situación por lo que se previó “construir relaciones económicas y políticas con colaboradores europeos” y tomar “todas las medidas posibles para mitigar cualquier impacto negativo” a causa del Brexit.

El segundo golpe a la economía malvinense llegó aparejado con el Covid-19 ya que el turismo –la tercera industria por ingresos en Malvinas- cayó a cero. La profundización de la pandemia y sus consecuencias económicas ahora derriba la meta petrolera. La economía del archipiélago depende más que nunca de las licencias de pesca y su actividad rural, especialmente la exportación de lana.

En un contexto de astringencia financiera y de presupuesto en Gran Bretaña, parece difícil que Londres quiera disponer de recursos para solventar los presupuestos kelper.

La Argentina deberá tomar nota de esta nueva situación.