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(Foto: AFP)

Las medidas de estímulo a la economía dispuestas por los principales entes monetarios de Europa y Estados Unidos no alcanzaron para mitigar el escepticismo de los mercados financieros, que volvieron a sufrir una jornada de terror por la caída de sus acciones e índices bursátiles.

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Tan grande fue la baja que en la bolsa de Nueva York las operaciones se suspendieron durante 15 minutos hasta normalizar la situación. Luego de ese respiro, las transacciones se reanudaron pero el índice finalizó con un retroceso de 9,99%, que se suma a las correcciones descendentes de 7,79% del último lunes y 5,86% de la víspera (el martes había tenido un rebote).

En lo que va del año la pérdida acumulada supera el 25%. Los analistas comparan el actual fenómeno con los días que siguieron al Lunes Negro de 1987, que borró de un plumazo las ganancias que Wall Street había logrado en los cinco años anteriores.

Ese ajuste tan violento, producto del pánico global sobre las posibles consecuencias del coronavirus, se replicó en otras bolsas europeas. En Madrid, el Ibex 35 se desplomó 14,06%, el descenso más abrupto de su historia. Hubo otros similares en los índices bursátiles de Frankfurt (-12%), Londres (-11%), París (-12%) y Milán (-17%).

La respuesta de las autoridades políticas y monetarias, en líneas generales, consistió en inyectar liquidez en los mercados para solucionar los problemas puntuales generados por la pandemia y facilitar respaldo crediticio a las empresas en problemas. Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, ultima un paquete fiscal que incluye créditos a pequeñas empresas, una moratoria impositiva y asistencia financiera para trabajadores enfermos o en cuarentena. También incluiría un capítulo con beneficios especiales para aerolíneas, empresas de transporte y turísticas afectadas por la prohibición de recibir vuelos desde Europa.

Por su parte la directora del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, anunció un plan para comprar activos en manos de los privados por 120 mil millones de euros, suma que serviría para reactivar la economía. La canciller alemana, Angela Merkel, admitió que su país podría alterar la tradición de férrea disciplina presupuestaria y aceptar un pequeño desequilibrio. “Se trata de una situación extraordinaria y haremos lo que podamos para salir de ella”, declaró. También se especula que la Unión Europea podría relajar su estricta barrera del 3% de déficit fiscal para los países miembros.