En los barrios de la Provincia de Buenos Aires, el costo de la canasta básica aumentó un 64% en agosto respecto a diciembre de 2021, según el informe mensual que elabora el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci). Eso significa que la lista de 57 productos que analiza la entidad pasó de costar $ 31.849,95 en el último mes del año pasado a $ 52.346,15 ocho meses más tarde.

El título del informe acusa que la suba de los precios no tiene techo; y más que una lectura de lo que pasó parece un adelanto de lo que sigue.

En las últimas horas del viernes, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que realiza el Banco Central indicó que las consultoras y analistas de la actividad local que participan de la encuesta aumentaron su expectativa de inflación para 2022 al 95%, unos 4,8 puntos porcentuales sobre el resultado de la misma encuesta un mes antes.

Asimismo, el informe señala que los operadores elevaron la proyección inflacionaria para 2023 al 84,1% anual y, para 2024, al 63,1%, también por encima del cálculo del mes previo.

La tendencia es repetida pero no por eso menos preocupante: a la encuesta responden especialistas muy informados sobre el pensamiento y los intereses de las empresas con mayor peso específico en los mercados de consumo masivo, lo que permite considerar las respuestas como información declarada por adelantado.

También despierta curiosidad porque la última consulta del Banco Central se conoció en medio de las negociaciones entre la administración nacional y los principales fabricantes de alimentos, bebidas, tocador y limpieza de cara al relanzamiento de Precios Cuidados en octubre y sobre otros temas de la agenda productiva.

El programa de precios de referencia está ratificado y continuará, pero su efecto en relación a la inflación es prácticamente nulo. Mientras negocian con las autoridades un listado de artículos, las empresas suben sus precios; cuando el acuerdo se suscribe, suben los precios de los productos que están por fuera de la lista de referencia; y recientemente ni siquiera cumplieron al 100% con el abastecimiento de los productos que comprometieron en la mesa de negociación.

Para el gobierno, la meta es que el programa salga a la calle, pero la presión de las compañías da sus frutos: en los últimos encuentros lograron una reducción considerable de la cantidad de artículos que estarán en la lista del próximo Precios Cuidados a partir de octubre y además están logrando que el gobierno se comprometa a flexibilizar la política cambiaria y de acceso a divisas.

Así se informó el miércoles pasado tras una reunión entre el secretario de Comercio, Matías Tombolini, y los principales directivos de la UIA, en la que los industriales presentaron su agenda sobre importaciones, insumos y producción y el funcionario abrió un espacio de negociación para analizar «prioridades y necesidades» de los diferentes rubros del ámbito fabril.

En la misma sintonía, el secretario de Producción, José de Mendiguren, declaró el viernes en Rafaela, Santa Fe, que la decisión política es «destinar cada dólar a sostener el nivel de actividad».

Precios de agosto

El mercado ya hizo su proyección y esta semana saldrá a la luz el primer dato, cuando el Indec publique su Índice de Precios al Consumidor de agosto y se confirme un aumento superior al 6%, menor que el 7,4% de julio, pero todavía alto.

El REM adelantó que el aumento de agosto promedió el 6,5% y las consultoras privadas coincidieron:  Orlando Ferreres reportó una suba del 6,7% y LCG calculó un incremento del 6,3% solamente en alimentos y bebida.

Esta última fuente midió en la primera semana de septiembre un incremento de los alimentos del 2,66% y anticipó para las semanas restantes un piso del 2 por ciento.

La medición oficial del gobierno porteño, publicada días atrás, arrojó una suba del 6,2% en el promedio general y del 7,1% en alimentos y bebidas.

Por su lado, la canasta básica alimentaria de Focus Market sufrió un impulso que la llevó a los $ 59.460, un 7,4% por sobre el dato de julio.

El titular de la consultora, Damián Di Pace, consideró: «Argentina ha subestimado los efectos de la emisión monetaria para financiar su déficit fiscal, concentrándose en la argumentación de que los alimentos subieron por el efecto de la guerra entre Rusia y Ucrania. Sin embargo, en América Latina la inflación promedio en alimentos es del 1,2% mientras que en Argentina es del 5,5%, es decir, cinco veces más, por lo cual debemos aceptar que hay causas endógenas no tratadas que comienzan a intentar corregirse con la actual conducción de economía». «