Uno de los pocos números económicos que encajaban con la definición oficial de brote verde entró en abril pasado en zona de penumbra al punto que los empresarios del sector ven una amenaza de estancamiento en los próximos meses y con impacto en el empleo. 

En el arranque del año las ventas de autos sorprendieron con aumentos que contrastaban con el resto de la economía: en los primeros tres meses se despacharon 230.861 vehículos, un 42,5% más que en el mismo tramo de 2016. 

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El boom vendedor está atado a la importación brasileña y va a contrapelo de la marcha de la industria (que cayó un 15,1% en abril) y del empleo. Sin embargo, con ese ritmo de ventas, los concesionarios renovaron sus planes de terminar 2017 por encima de las 800 mil unidades. Abril, sin embargo, llegó con sorpresas: un crecimiento interanual de ventas muy leve y una fuerte caída, de casi el 20%, en relación con marzo. 

El resultado golpeó a las empresas, que guardaron el champagne, se pusieron a hacer cuentas y vaticinaron una caída de la actividad «inevitable» para los próximos meses. Incluso, aprovecharon para cuestionar al gobierno por haber creado las condiciones para un mercado «ficticio» que oculta la reincidencia en errores históricos que el sector conoce a la perfección. 

En la semana, con los datos de abril en caliente, el secretario general de la Asociación de Concesionarios (ACARA), Rubén Beato, expresó, en términos llamativos, que en los primeros meses «hemos vendido demasiado». Y fue más allá, con una crítica a la política de comercio exterior oficial: «Las importaciones le cuestan mucha plata al país. El 60% de lo que se vendió es importado. Como empresario, me alegro por las ventas pero, como argentino, digo que estamos gastando muchas divisas». 

Las palabras de Beato llaman la atención viniendo de un sector que se benefició largamente de las condiciones económicas que favorecieron las ventas pero no dejan de tener asidero. La consultora Abeceb informó esta semana que solo en abril salieron del país U$S 1366 millones para pagar importaciones brasileñas, un 29,4% más que en abril de 2016. Y la tracción, una vez más, como en el primer trimestre, fue principalmente de los rubros automóviles de pasajeros, vehículos de carga y maquinaria agrícola. 

¿Los frutos de la apertura importadora empiezan a molestar a ciertos rubros del comercio? En la charla con Tiempo, Beato abogó por «políticas para desarrollar la industria automotriz local y la autopartista», y dejó abierta una pregunta que recogieron otros operadores. 

El consultor especializado Claudio Dato consideró que es «evidente que el mercado no estuvo creciendo en forma natural» porque «no se está viendo gente que compra porque necesita un auto o que vende el que ya tiene para comprar otro, sino una dinámica movilizada por la necesidad de resguardar su capital». 

El problema conduce a otra tensión. Con un dólar ahora cada vez más bajo, los que compraron oportunamente están viendo que pagaron más caro debido a la política cambiaria. Para Dato, este paquete de condiciones sumará su aporte a la recesión que vaticinó Beato para mayo y junio: «Para la gran mayoría que consume hoy, resguardarse en dólares no es tentador, así que hay inestabilidad e incertidumbre». 

En cualquier caso, para este analista, en abril las ventas siguieron a buen ritmo por lo que, a diferencia del hombre de ACARA, aseguró que mayo y junio serán «meses de inercia». La hipotética desaceleración de las ventas se vería recién en julio. 

Mientras tanto, el empleo sigue en crisis, como se vio mediados de abril con la protesta de los suspendidos por General Motors. En el sector aseguran que, salvo Toyota, todas las empresas pueden suspender personal en el curso de este año. 

En los próximos días el gobierno volverá a recibir a las empresas para discutir la nueva política automotriz que está marcada por un fuerte reclamo de reducción impositiva. Martín De Gaetani, gerente de Honda Argentina, consignó que otras prioridades serán los «temas logísticos, de infraestructura y de mercado interno». 

Otro conocedor del tema cuestionó que la iniciativa «hasta acá fue muy política pero poco ejecutiva», una demora que las empresas están aprovechando para «presionar por menos impuestos». «

Otro mes con una fuerte suba de la conflictividad laboral

La conflictividad laboral «experimentó un robusto aumento en abril», principalmente en los despidos y en los paros, dijo el último informe Tendencias Económicas. 

Durante abril los despidos sumaron 38.985, con un aumento del 218,2% anual. En el sector privado se dieron en alimentos, prensa, juguetes, pymes, comercio y plásticos. En el sector público, en Radio Nacional, TV Pública, Indec, Ministerio de Trabajo y el ferrocarril. 

En tanto, los paros se incrementaron un 68,4% contra el mismo mes de 2016, «gravitando el primer paro general realizado por la CGT en la administración Macri y por la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE)».