Este viernes vuelve a los escenarios el Ramiro Gallo Quinteto “con un montón de temas nuevos”, dice su líder y creador Ramiro Gallo. Dos funciones continuas tituladas Música para los cortes de luz, nombre que surge, precisamente, de un corte de luz que el violinista sufrió hace poco durante un ensayo, y que antes de poder estar lamentándose se dio cuenta de que “prendés algunas velas y volvés a contactarte de nuevo con una forma distinta de existencia, digamos. No tenés Internet, no podés estar en la compu, cargar la batería del teléfono y estás en tu casa con velas; y si tenés la suerte de convivir con alguien armónicamente, ese contacto se vuelve un poco más, como decía Balcarce, humano”.
Balcarce es Emilio Balcarce, violinista, bandoneonista, director, arreglador, compositor, quien trabajó con las orquestas de Troilo, Pugliese y muchas más, y murió en 2011. “Yo lo fui a ver en 2007, 2008, como para levantarle el ánimo, tenía más de 90 años y se había retirado –recuerda Gallo–. Yo estaba en ese momento un poco deprimido, me parecía que no había espacio en el tango para nuestras propuestas y él me dijo: ‘bueno, la música está muy deshumanizada, pero el hombre tiene vaivenes; es como un péndulo la historia, y en algún momento el péndulo va a volver y se va a necesitar una música íntimamente ligada a la llegada, a lo expresivo, a la expresión de las emociones humanas. Porque el ser humano se va a revelar contra eso que él llamaba deshumanización del arte, de la música en general, de la vida. Cuando eso ocurra, el tango va a tener mucho que proponer’. Me fui muy contento de la visita, cuando en realidad creía que estaba visitando a un viejo para levantarle el ánimo y fue al revés. Y un poco hago el paralelo con este momento y a ese día que se nos cortó la luz en la noche”.
Y como “el quinteto toca sin amplificación ni cables, pensamos que el sonido del escenario va a llegar directo desde nuestro corazón”, agrega Gallo, tendiendo puentes con los momentos en los que no hay luz. “No sé qué es lo que la gente necesita, lo que busca, pero estoy seguro de qué es lo que nos gustaría proponer como grupo, y espero poder conectar para poder recibir la comunión con el público. Porque siempre ahí hay un rebote. Y creo que la música que uno produce es para comunicar algo, que es el principal sentido de por qué uno primero quiere aprender un instrumento, para compartir: la música empieza a volar diferente cuando tiene eso en común”.


En tiempos de pandemia Gallo sufrió la muerte de su mamá y de su cuñada, aunque ninguna de las dos pérdidas estuvo relacionada con el Covid. Pero transitó el dolor especial de no poder haber hecho la despedida que todos necesitaban. Y, sin embargo, no fueron esas situaciones dramáticas las que influyeron en el sonido del quinteto. “Entró un nuevo bandoneonista, que no es ni mejor ni peor, pero que le dio un sonido distinto, le dio al grupo una dimensión diferente y estamos muy, muy entusiasmados con esos sonidos nuevos. Un quinteto no es una orquesta sinfónica, que cuando cambia un integrante seguramente en un punto se nota, pero no demasiado. Y no es solo un cambio por lo musical, sino también por lo humano: todo empieza a circular de manera diferente, hay otras energías. Durante la pandemia grabamos un montón de temas nuevos y esos temas nunca los ensayamos juntos, y cuando después de la pandemia nos pusimos a tocarlos, nos hizo dar cuenta de que compartimos un lenguaje común que nos permite tener acuerdos casi sin mirarnos. Estamos muy entusiasmados con la nueva química que construimos”.
Y eso que la renovación del quinteto en varias oportunidades llevó a que hoy Gallo sea, con 55 años, el mayor de un grupo en el que el más chico tiene 20. “Eso me mantiene alerta –sonríe–, compartimos cosas más allá de la música que son muy lindas. Así que espero que eso se transmita en el escenario”.
Orgulloso de las veces que dijo que no, porque de eso está construido un camino al que le ha sido “muy fiel” –“no grabé con cualquiera, no salí a cualquier escenario, con eso definí mis cosas, y no solo con los logros”–, espera que las nuevas presentaciones y las giras le permitan recomponer los ahorros hoy menguados pero que le permitieron sobrevivir a la pandemia. “El sueldo en la universidad en 2015 me alcanzaba bien y yo me sentía gratificado con eso. Hoy día, el sueldo se me termina el día cinco. Vivo de ahorros y soy un rey al lado de cómo viven otros, así que me da vergüenza quejarme. Pero los que no tienen eso, ¿qué hacen? Me deja pasmado la falta de empatía de la gente poderosa”.
Mientras, Gallo se suma a esfuerzos conjuntos para generar acciones para que otros artistas puedan acceder a presentaciones y que sean más los tenidos en cuenta a la hora de programar salas y dependencias oficiales, aunque su mayor energía está puesta en la composición, que incluye un repertorio nuevo pero todavía en estado “embrionario” con Pedro Aznar, con quien ya editó el álbum Utopía (2019): “Tenemos para un disco y medio nuevo más. Y sigo pensando en algo, que no me quiero adelantar, pero sería como una propuesta de una subespecie dentro del tango, que puede ser una linda fórmula cancionística, como canal expresivo de canción. Estoy muy contento e inspirado con eso”. «

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Ramiro Gallo Quinteto

Joaquín Benítez Kitegroski (bandoneón), Adrián Enríquez (piano), Ramiro Gallo (violín, composición y dirección), Lautaro Muñoz (contrabajo), Santiago Vera Candioti (guitarra). Viernes 8 de octubre, a las 20 y 22, en el teatro Hasta Trilce: Maza 177.