Hace casi 25 años se pusieron en marcha los engranajes que más tarde instalaron a Abel Pintos como una compañía omnipresente en la vida cotidiana de los argentinos. Hoy –y desde hace rato– sus canciones suenan en las casas, en los taxis, en los colectivos, en la radio y en las cortinas de los programas de la televisión. Sus videos aparecen en cada golpe de zapping, en las pantallas de las salas de espera e, incluso, a fines del año pasado se anunciaba que su canal de YouTube había superado el billón y medio de visitas. Con su voz privilegiada, un look ecléctico que fue decantando con el paso de los años y algo de gurú zen en su manera de narrarse, el cantante que arrancó como un niño prodigio en su Bahía Blanca natal hoy es, sin dudas, el fenómeno más grande de la industria discográfica argentina. “El éxito no significa lo mismo para todos”, dice, del otro lado del Zoom, el cantante y compositor que ya agotó la venta de entradas para 12 shows en el Movistar Arena. “Por lo tanto, considero que no hay un secreto porque no hay una fórmula para conseguir algo que nunca es igual. Yo soy un artista que tuvo una escuela forjada con un sistema determinado. Esa escuela es la de grabar analógicamente, editar discos en formato físico, hacer conciertos en vivo, grabar con músicos, etcétera. Luego, la industria cambia, como cambia todo. Con mis raíces puestas en un sistema como el que acabo de describir, diría que me voy bajando las ‘actualizaciones’ de lo que va llegando para aprender a utilizar nuevas herramientas que no hacen más que aportar al trabajo creativo”.

Las cifras de su último trabajo, El amor en mi vida, dan cuenta de la efectividad de sus “actualizaciones”. A diferencia de otros artistas masivos de su generación, Pintos también es líder en la era del consumo digital pero sin ceder su dominio sobre ese otro terreno de la industria que, como señala, lo formó: su álbum previo, La familia festeja fuerte (2018), fue premiado como Triple Disco de Platino y no son pocos quienes sostienen que el flamante El amor en mi vida correrá un destino similar. Pero el artista que en 2017 llenó dos estadios River Plate –un hito de solo unos pocos músicos argentinos y algunos internacionales– insiste en que si acaso hubiera una clave que explique su fama, sería hacer siempre lo que quiere. “Hago música con horizontes muy personales. Más allá del éxito comercial, está el éxito personal, recorrer el camino que elegí y de la manera que quiero. Si eso trae el adorno del éxito, ¿qué más puedo pedir? Pero ya me ha pasado de recorrer caminos sin tanto suceso comercial y que sin embargo fueron exitosos para mi carrera y mi persona”.

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El amor en mi vida profundiza la línea que Abel Pintos supo iniciar en los últimos años: canciones intimistas y sentimentales que, con matices, caben en el pop latino. Entusiasmado por la experiencia de haberse convertido en padre, el cantante presenta el trabajo como un testimonio de momentos trascendentales de su vida. El álbum también incluye las participaciones de artistas como Lali, el grupo mexicano Camila, el cubano Yotuel y la española Beatriz Luengo.      

–Los álbumes con colaboraciones son todo un signo de la época, ¿cómo se dieron las intervenciones de otros artistas en este disco?

–Es cierto que hoy las colaboraciones se plantean como parte del marketing o como desarrollo del producto, pero yo decidí que sea un disco muy colaborativo a raíz de una experiencia en el plano personal, un proceso emocional en el que mi familia me apoyó mucho. Lo más denso de ese proceso personal lo trascendí y me di cuenta de que en parte fue por mi propio trabajo e introspección, y también mucho por la colaboración de otras personas. A la hora de reflejar muchas de esas emociones, elegí que también el disco sea de manera colaborativa: como mi familia me ayudó a hablar y a poner en palabras un montón de cosas, quería también que otros artistas me ayudaran a componer las canciones y a cantarlas conmigo. No sé si es lo más indicado, pero es la manera en la que hago música desde hace 25 años.

–¿Cómo los eligieron?

–A todos los elegí yo, porque los conozco por cierto grado de amistad que tengo o porque confío en ellos artísticamente. Hice una lista, viajé, estuve tres meses girando por el mundo para tener encuentros y con cada uno de ellos, antes, tuve conversaciones en las que les comenté el proceso de todo ese balance personal. Cuando por fin estaban a tono, me daban su punto de vista y encontraban sus propias palabras para hablar de eso.

–Con composiciones donde la sensibilidad es siempre protagonista, ¿cómo se juega el amor romántico en una época de deconstrucciones? ¿Cambió tu manera de pensar el amor?

–No. El romanticismo, para mí, no siempre es luminoso. Para mí, lo romántico es lo sincero, es ser frontal y poder hablar de cómo cada quien entiende y siente el amor. De hecho, en este disco abordo el amor desde lugares muy lindos que me toca experimentar hoy y desde el balance de pasajes más oscuros, del amor propio y del amor hacia los demás.

Abel de América

Con un pasado enraizado en el folklore nacional y sostenido en el reconocimiento de figuras como León Gieco, Mercedes Sosa o Teresa Parodi, Pintos es el solista argentino más taquillero en actividad, pero no abandona del todo aquella huella. Pocos días después de que la noticia de su casamiento con Mora Calabrese copara los medios, Pintos fue parte del homenaje a Ariel Ramírez que la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (Sadaic) realizó en el Teatro Colón, uno de los tantos llevados a cabo con motivo del centenario del natalicio del compositor de La misa criolla. La versatilidad del cantante bahiense (incluso, podría decirse, su capacidad de adaptación a un mercado cada vez más cambiante) es indiscutible.      

–Como fenómeno, el tuyo es muy transversal: tenés fans entre las mujeres, los varones, la gente joven, los mayores… ¿Cuál es el hilo conductor?

–Tengo la impresión de que el público me conoce mucho, y no solo por mi obra. Hay gente que me para por la calle y me dice: “Yo no conozco tus canciones, pero me acuerdo de cuando eras chiquito y cantabas en Cosquín”. Estoy en el radar de la gente desde hace mucho, ya sea que escuchen más o menos lo que hago. Es un recorrido de toda una vida. Me conocieron de chiquito, de adolescente, con pelo; me vieron quedarme pelado, ser papá (risas)… Me doy cuenta cuando veo hoy a Guillermina, nuestra hija mayor: tiene 13 años y esa es la mitad de mi carrera. Eso me hace ver desde hace cuánto que estoy en la música y desde hace cuánto que estoy en relación con el público. Y me gusta llamarlo “relación” porque las relaciones nunca son estáticas, y no en el sentido de que el otro te esconda algo, sino porque siempre hay otra cosa por hacer y eso me resultó siempre muy atractivo, nunca terminar de conocer del todo al otro, lo mucho que hay por transitar. Mi relación con el público está en constante transformación, y me encanta.

–Tenés 37 años y ya vendiste cientos de miles de discos, grabaste con grandes artistas, llenaste estadios. ¿Cómo te relacionás con la expectativa artística y profesional?

–Considero que tiene que ver con mantener todo, desde la raíz, en el plano personal. Hago la música que me gusta hacer y como necesito hacerla, y a partir de la música, todo lo que viene con ella. Cuando hago un concierto en el Movistar Arena es porque ese lugar me da todas las condiciones técnicas que yo necesito para hacer el show que soñé, para hacer todas las canciones que grabé y que antes de eso, compuse. Cuando escribo no pienso dónde voy a tocar, sino lo que necesito volcar. Pero una vez hecho “el producto” –llamémosle así–, ahí sí viene todo lo demás. Eso que yo, que soy una empresa, voy a compartir. Ahí sí veo a través de qué canales, dónde, cómo puedo mostrarlo de la manera más clara. Ahí está mi búsqueda. Todo nace de un deseo personal. Cuando canté en River me preguntaron cuándo me había dado cuenta de que estaba listo para hacer un estadio, y yo contesté: “nunca”. Porque nunca sabés cuántas entradas vas a vender. Porque depende de la situación económica, de la promoción, de un montón de cosas. Yo sabía que ese concierto tenía que ser en River porque era un momento consagratorio para mí y para el público, que durante 22 años había creído en alguien al que vio cantar en un café y ahora lo estaba yendo a ver a River, que es el templo de la música en la Argentina. La elección no tuvo que ver con que yo confiara en que iba a cortar 60 mil tickets, sino porque el show tenía que ser ahí. Iba a ser un riesgo o un beneficio, como lo es cada presentación. Cuando hice 22 teatros Ópera me preguntaban por qué no había elegido un estadio, y era porque ese disco era para esa sala, yo necesitaba ese lugar para “contar” lo que quería.

–¿Cuándo empezaste a ver tu carrera en 360 grados?

–A lo largo del tiempo, es un camino, como el dominó: se hace poniendo cada ficha para darle la forma que querés. El día de mañana, cuando ya no estés, pondrás la última ficha y ese camino caerá o dejará un dibujo para que lo tome alguien. Es día a día: cada día alineás tus patitos, cada día te equivocás, acertás, aprendés y desaprendés. Es constante y me genera mucha fe que sea así. Que nada esté cantado.

–¿Cómo está tu veta folklórica? ¿Tenés ganas de retomarla?

–La vida me ha llevado a reconectar con mis raíces. Porque ahora que soy padre reinterpreto mi propia relación con mi padre, y eso me lleva inexorablemente a leerlo (a él) de otra manera… Y eso está pasando en lo musical también. Estoy escuchando, de un tiempo a esta parte, más folklore del que venía escuchando habitualmente, cantándolo… Es decir, me encuentro generando mis propias tradiciones y entendiendo, desde ahí, un montón de cosas. Eso quiere decir que no va a pasar mucho tiempo hasta que edite un disco de folklore. Porque eso sí funciona desde siempre de esa manera: lo que se está cocinando internamente, tarde o temprano lo termino reflejando en la música. «


¿Cuándo?

Abel Pintos presenta El amor en mi vida. 14, 15, 16, 17, 20, 21, 23, 24, 28, 29, 30 y 31 de octubre en el Movistar Arena: Humboldt 450, CABA.

Lo que viene y lo que vendrá

Gracias a 12 shows que ya colgaron el orgulloso cartel de agotado, el cantante volverá a encontrarse con su “familia”, como le gusta llamar a su público. Pero esta vez en tiempos de grandes cambios por los protocolos que dejó la pandemia. “Todo lo que se modificó con las burbujas, la forma de comprar las entradas, no afectó en lo más mínimo el espíritu de los conciertos. Solo alteró el proceso. Pero desde el primer acorde hasta el último, la emoción es la misma y yo le agradezco mucho al público”.

–¿Qué podés adelantarnos de los shows en el Movistar Arena?
–La particularidad de estos conciertos es que dan inicio a la gira del disco, que después iremos surfeando de qué forma será; pero de aquí a una buena cantidad de meses por delante el público va a poder escuchar por primera vez estas canciones, que ojalá nos puedan acompañar por muchos años. Trabajamos mucho en la estética, la escena, que son patas donde se apoya el mensaje que trae la música. Vamos a tocar todas las canciones del disco y muchas de distintas épocas de mi carrera. Se van a sumar dos cantantes a la formación: Mery Granados y Antonella Giunta, que no solo hicieron coros sino que cantaron en el álbum. Y luego estarán conmigo todos mis músicos, entre ellos mi hermano Ariel, que me acompaña desde el primer concierto que di.



Generosidad y su relación con la cumbia

Otra de las cosas que caracteriza a Abel Pintos es esa apertura que en la jerga suelen llamar “generosidad”. Con un recorrido de tantos años en la música popular, el cantante suele sumarse a proyectos de colegas y, más aun, reconocer a aquellos que van por caminos alternativos al mainstream. “El artista que más estoy escuchando ahora es Santi Celli, con quien además tengo la suerte de estar construyendo una amistad muy bonita. Me gusta mucho lo que hace”, cuenta quien también supo reconocerse fan de, entre otros, Gabo Ferro.

–Hiciste una versión de “Paisaje”, el mítico tema de Gilda, para la presentación de los Premios Gardel. ¿Qué pensás de ella y de su música?
–La escuché por primera vez a los 12 años y me gustó siempre. Me gusta mucho no solo lo que hacía ella sino la cumbia argentina, por eso cada tanto la abordo. Me gusta ir a ver conciertos, tengo una linda relación con grandes exponentes que admiro mucho, como Los Ángeles Azules, Karina, Chili Fernández, Sebastián Mendoza. Los admiro y aprendo: en la movida de la cumbia hay mucho esfuerzo, trabajo, colaboración, solidaridad entre los músicos… Realmente tengo admiración por los artistas de la cumbia de nuestro país.