Lo conoció personalmente en Paraná, en 1994. Era la primera vez que A.N.I.M.A.L. llegaba a la capital entrerriana, donde la bnada preparaba un show. Andrés Giménez se enteró de que León Gieco tocaba en el teatro municipal de la ciudad, así que se fue caminando, solo, hasta la boletería para sacar una entrada. Pero estaba todo agotado. Cuando se estaba yendo, el manager del músico santafesino lo reconoció y lo dejó pasar. León se enteró de que Giménez estaba allí, le pidió que pase a verlo al camarín y el metalero, entre nervioso y feliz, cruzó sus primeras palabras con el ídolo.

Entre elogios y comentarios de ocasión, el guitarrista pudo contarle a Gieco cuánto amaba la canción “Cinco siglos igual”. A partir de entonces los encuentros se repitieron y así, los músicos comenzaron una relación no sólo artística, sino personal y cotidiana. “Por el cariño que nos tenemos, León me abrió muchas puertas, más allá de inspirarnos con sus canciones. Me presentó a Mercedes (Sosa), a Víctor Heredia y al flaco Spinetta. Pero sobre todo, me abrió su casa y me hizo parte de su familia”, comenta Andrés Giménez.

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Juntos, Gieco y Giménez grabaron Un León D-Mente, en 2009. El nombre no sólo refiere al gran músico homenajeado este fin de semana, sino también a D-mente, la banda de hard rock que el guitarrista y referente del heavy metal argentino tenía por aquel entonces. El álbum incluyó temas de León en versiones pesadas: el primer sencillo fue “El fantasma de Canterville”, pero también son parte “Pensar en nada”, “La memoria”, “Bandidos rurales” y el clásico “Sólo le pido a Dios”, entre otras canciones icónicas. Lo presentaron en vivo el 21 y 22 de enero de 2010 en el estadio de River Plate, cuando abrieron los shows de Metallica. “Fue de esas cosas que no te olvidas más… Hermoso”, resume hoy Giménez.

-¿Cómo definís tu relación con León?

– Me siento el hijo varón que no tuvo, me abrió su corazón y su casa. Pero León es un padre para mí y para todos los rockeros, porque es inspirador. Despierta respeto, amor y admiración. Como persona es maravilloso. Aprendés mucho a su lado. Comiendo algo, tomando mate, o tocando durante horas. La afinidad es increíble. Le gusta el rock como a nosotros, pero nos enseñó que este género tiene raíces en muchos otros y nos alentó a no encerrarnos en la distorsión y la potencia de lo eléctrico. Nos dio su ejemplo para seguir. Y nos compartió su sabiduría. Eso es algo que hace a alguien generoso. Él lo es, y mucho.

-¿Cómo explicás su capacidad de adaptarse a cualquier género?

-León puede tocar lo que quiera. Tiene la cabeza y el alma tan abierta que se puede expresar desde donde sea: rock, country, folk, lo que quiera. Es parte de la historia musical de muchos de nosotros, que vinimos luego de él. Para mí no tiene límites.

-¿Qué le debe el rock a Gieco?

– Es una figura de la música nacional, más allá del género o la etiqueta. En lo personal, me enseñó a no temerle a hacer lo que uno ama. Me acuerdo cómo me alentó siempre a cantar, a sacar mi voz, a perder el miedo a salir del personaje del metalero. Yo era abierto mentalmente pero cuando me sentí avalado por un tipo como León, creo que me animé a soltarme por completo. Si este patriarca me lo está diciendo, no tengo que contenerme. Esa fue una de las mayores enseñanzas, y sé que a todo aquel con el que León se cruza, le deja esa misma lección. Esos consejos te hacen disfrutar de la música. Creo que le debemos respeto y hay que festejar todos los cumpleaños, por su talento y su música. León nos cambió a todos. Hay que homenajearlo en vida.  Sé que va sacar un disco nuevo, estoy ansioso por ver de qué se trata. Es una máquina de crear. Tiene mucho por dar en esa aparente simpleza, que no es otra cosa que genialidad. Son de esas personas que donde están, iluminan el camino.