Jorge Rial cumplió una semana de su regresó a la TV con “Argenzuela” (lunes a viernes, de 15 a 17) en C5N y los números parecen confirmar un muy  buen regreso. Se trata de un programa periodístico de actualidad en el que los panelistas se ocupan cada uno de una temática diferente. Así, Paulo Kablan está a cargo de la información policial; Mauro Federico se ocupa de la información política; Mariana Brel y Damián Rojo de espectáculos y el inefable Diego Brancatelli de los deportes. Como es habitual, previsible y folklórico, la lógica habilita a que los especialistas paneleen los temas de los demás: Brancatelli y Brey, especialistas en soltar opiniones universales sobre lo que venga, pican en punta en el rubro.

El programa no ofrece mayores sorpresas. Es un envío clásico de canal de noticias: un conductor, un equipo de especialistas, una mesa de debate y un móvil con las novedades del momento. Claro que las particularidades de los protagonistas a cargo del programa permiten predecir que no será otro programa de actualidad de la siesta informativa argentina, con un poco de grieta, con un poco de color y con mucho de opinión.

En efecto, el programa tiene algunos puntos salientes a destacar. Uno de ellos es la construcción lúdica de la noticia principal: en el primer programa –por ejemplo– se armó una comparación entre el gabinete inicial de Alberto Fernández y el actual como si fuera la casa de Gran Hermano; en el segundo, una versión paródica de La dama y el vagabundo por la cena en Olivos entre el presidente y la vicepresidenta. El viernes jugaron con una comparación irónica entre Cristina Kirchner y el primer episodio de la serie El juego del calamar: “cada vez que habla se cae un ministro”. Este juego lúdico se acompaña con imágenes montadas, videos y música alusiva.

Otro de los puntos salientes del programa es el tratamiento de los temas de espectáculos. Es evidente que con el conductor que tiene, con dos de cinco panelistas dedicados particularmente a lo que se entiende por espectáculos en la TV, la temática va a tener un lugar especial. Durante los primeros programas, la agenda estuvo copada por la figura de Mirtha Legrand, en torno a la intrincada negociación con El Trece y América por su regreso a la TV y las internas de la propia Legrand con su familia. Hacia el final de la semana, Rial se ocupó de su ex canal: difundió un supuesto focus group que indicarían la mala llegada del programa de Florencia Peña en el público.

En este plano, Rial volvió a mostrar los dientes y trató de cobardes a sus colegas que no iban a fondo con las noticias. Afirmó que ya no hay periodismo de espectáculos en televisión sino “solo color, como en Radiolandia”. Efectivamente, desde hace unos años ese rubro televisivo ya no se parece al género en el que supo ser el rey. El periodismo de espectáculos celebra sin ruborizarse a figuras y no tanto. El emblema de ese modelo es Rodrigo Lussich.

Por lo visto, Rial utilizará su trinchera de C5N para sostener su estilo: un periodismo de espectáculos que no forma parte de la farándula, sino que ingresa (como un “intruso”) en ella para revelar sus miserias, sus privilegios y sus secretos.

En términos de audiencia el envío cumplió: en su primer semana osciló entre los 2,3 y los 2,8 superando casi siempre a sus competidores en las señales de noticias –solo TN logró superarlo– e incluso un poco por arriba de su programa-emblema: Intrusos. Cosa que al propio Rial le debe generar alguna alegría irónica. En las redes, hay un visible amontonamiento por regodearse en su carácter de conductor en decadencia. Llegan tarde, el mismo Rial hizo ese chiste de sí mismo en 1999 en la apertura de Paf!, donde la producción de su programa lo sacaba del freezer del canal.

El programa oscila entre esas dos lógicas: un periodismo lúdico a mitad de camino entre la ironía y la parodia pop de la actualidad política y un periodismo de espectáculos con mucha agresividad e impacto sobre figuras top de la TV, o lo que pueda haber quedado de ellas. Rial está de vuelta.