Si se hiciese una encuesta sobre cuáles fueron las bandas de rock más representativas de los’90, seguramente Nirvana, The Smashing Pumpkins y Pearl Jam se destacarían -con justicia- entre las más populares. Justamente esos tres grupos telonearon a los Red Hot Chili Peppers en la gira de Blood Sugar Sex Magik, quinto disco de los californianos, lanzado el 24 de septiembre de 1991. Se trata de un álbum que alcanzó una enorme masividad global maridando rock, funk, tatuajes, patinetas, tablas de surf y videoclips en MTV.

Luego de años de cambios constantes de integrantes y profunda inestabilidad (que incluyó la muerte por sobredosis del guitarrista Hillel Slovak, fundador del grupo), los Chili Peppers se habían consolidado en Anthony Kiedis (voz), Michael “Flea” Balzary (bajo), John Frusciante (guitarra) y Chad Smith (batería) en Mother’s Milk, CD lanzado en 1989 que había ampliado notablemente los horizontes de la banda, tanto musicalmente como en audiencia. A pesar de eso, decidieron modificar notablemente su organización interna para el siguiente trabajo: convocaron al mítico Rick Rubin como productor, a Gus Van Zant como director de fotografía y de videoclips (esta última tarea junto a  Stéphane Sednaoui) y firmaron su primer contrato con Warner Bros como discográfica. Para concretar la grabación, se mudaron a una mansión que había sido habitada por el mago Harry Houdini (a excepción de Smith, quien sostenía -como muchos otros- que el inmueble estaba embrujado, por lo que dormía en otra sede e iba a diario a pasar el día con sus compañeros).

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

Todo el trabajo quedó registrado en Funky Monks, documental en blanco y negro que, en una hora de duración, constituye una pieza audiovisual que brinda interesantes herramientas para dimensionar el proceso creativo del CD. En la cinta, las secuencias que retratan el día a día del grupo se mixturan con testimonios de los protagonistas, como uno de Flea que resume su espíritu: “Estar en los Red Hot Chili Peppers se trata de ser libre y no ser atado por nada, no tratar de encajar en ningún modelo, estilo o categoría”. Ese manifiesto se plasma de inmediato en el comienzo del disco con “The Power of Equality”, que inicia con Smith como director de orquesta anunciando el momento exacto de empezar: una oda a la igualdad entre personas y al poder que emana de ese soñado contrato social. La pieza sigue con la lasciva “If You Have to Ask”, en la que la guitarra de Frusciante se mezcla con vítores y aplausos: los cuatro jóvenes se despachaban con un nivel de autoconsciencia inédito en lo que iba de su carrera como banda. Y, si de reflexión sobre vida y obra se trata, la obra continúa en ese camino con la acústica “Breaking the Girl”, un lamento que discurre entre juegos vocales e instrumentación, con énfasis en la percusión que remite a ciertos recursos presentes en la muy diferente “Show Me Your Soul” (incluida en la banda sonora de la comedia romántica Pretty Woman, otro clásico de la época).

La cuarta canción es la homónima al título del DVD, con una inolvidable línea de bajo a cargo de Flea y la clásica cadencia rapera en la voz de Kiedis. Luego es el turno de otra oda a la exacerbada sexualidad que caracterizó a la banda desde sus inicios pero que estaba llegando a sus picos más altos, “Suck My Kiss”. Y, otra vez, el freno de mano y la caída en picada emocional: el disco sigue con la balada “I Could Have Lied”, uno de los puntos más altos del disco: se trata de una catarsis de Kiedis acerca de su relación frustrada con Sinéad O’Connor. Posteriormente suena “Mellowship Slinky in B Major”, la máxima expresión funk del disco, claramente influenciado por la obra uno de los ídolos del grupo, George Clinton (quien les produjo el álbum Freaky Styley y al que la banda homenajeó en el clip de “Dani California”).

“The Righteous & The Wicked” sigue por el mismo carril con estribillo notable y coros a cargo de la inconfundible y eternamente joven voz de Flea, y es el preludio adecuado para uno de los hits del larga duración: “Give It Away”. Acompañado por un videoclip multipremiado, se trata de un choque entre la potencia instrumental apoyada sobre la extraña melodía, y una lírica que pondera la cosmovisión de la multifacética artista alemana Nina Hagen. El décimo tema es el homónimo al título del disco, y otra cabal demostración del enorme potencial que construyeron los cuatro jóvenes díscolos californianos reunidos en una casa ¿embrujada?: en “Blood Sugar Sex Magik” se lucen haciendo, literalmente, lo que quieren. Se trata de otra oda a la sexualidad, expresada en cada vocalización susurrada y también gritada, y en cada sonido, tanto sutiles como exagerados. Y, como a lo largo de todo el CD, llega el momento de la introspección: “Under the Bridge”, la autobiografía de un Kiedis sangrante por drogas duras enterrado en lo profundo de la oscuridad citadina que, paradójicamente, lo cobija como único hogar.

La placa continúa con “Naked in the Rain”, una clase de funk rock; “Apache Rose Peacock”, un seductor monólogo que es al mismo tiempo coral; “The Greeting Song”, representante del rock más clásico y del virtuosismo sin igual de Flea para los arpegios; y “My Lovely Man”, continuadora del salvajismo de la primera época del cuarteto. Los últimos dos tracks son, respectivamente, el más extenso y el más corto de la placa: la paródica pero también solemne “Sir Psycho Sexy” (de más de ocho minutos) y la ranchera “They’re Red Hot” (cover de Robert Johnson en 71 segundos de pura velocidad). La discográfica remasterizó el trabajo en 2006, edición en la que se agregaron “Little Miss Lover” y la preciosa versión de “Castles Made of Sand”, de Jimi Hendrix.

Así, con una catarata de hits, los Red Hot Chili Peppers alcanzaron la fama global definitiva y comenzaron una ambiciosa gira que terminaría de muy mala manera. Como si fuera una representación del arte de tapa del disco, en el que las lenguas de los integrantes intentan lamer una rosa pero se enredan entre espinas en el camino, las diferencias entre Kiedis y Frusciante se profundizaron, agudizadas por los consumos ingentes de heroína por parte del guitarrista y el pánico que le generó la masividad. Dejó la banda de la que era fanático desde adolescente (por primera vez) y volvería a sus filas para la grabación de Californication (1999, el otro disco fundamental del grupo) con sus brazos cauterizados pero repletos de cicatrices, y confirmó su status de ser un gran guitarrista y compositor. En plena gira fue reemplazado por Arik Marshall, con quienes visitaron la Argentina por primera vez en Obras Sanitarias en 1993.

Explosiva e introspectiva, novedosa y fiel al estilo clásico, rebosante de juventud pero madura: Blood Sugar Sex Magik es una obra cumbre de la música popular de los ’90 y el testimonio de que toda época memorable merece ser bien musicalizada.