Luego del estreno de su primer  documental «Madam Baterflai», en 2014, la  directora Carina Sama  conoció la historia de Malva y años después la convirtió en la protagonista de su nueva película: «Con nombre de Flor».

“Me gusta el lenguaje cinematográfico. Ayuda a repensar posturas y a conocer otros espejos donde mirarnos”, comenta la cineasta que vio en esta persona aquello que dice la poeta Susy Shock: que la venganza de las travestis es soñarse  viejas. “Era algo difícil de encontrar, más con esa lucidez, entonces me puse manos a la obra porque sabía que había una historia ahí”.

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Con 95 años, Malva superaba en tres la expectativa de vida promedio trans en la Argentina: 35 años. Lo cual era un atractivo extra porque no se conoce demasiado más allá de la década del ochenta de un colectivo que siempre fue perseguido y discriminado.

“Siempre pensé que fue un privilegio. Fue como encontrar al Minotauro dentro de la caja de Pandora. Durante un año y medio nos contó su vida ante la cámara, como parte del proceso de investigación.  Me marco la mirada de  la vida que me dio”, cuenta la directora. La idea era estrenarla en salas como una película subtitulada para personas con problemas auditivos. “Pero ahora  llegaremos a más personas por el streaming. Aunque nos gustaba apuntar a un público que siempre es dejado de lado para el disfrute de estos trabajos, pero bueno ya lo haremos”.

Junto con la referente Trans Marlene Wayar –quien es parte fundamental en la película– , Sama trata  de de develar el misterio de cómo fue la vida de Malva, analizando como fue sobrellevar la dureza del entorno cuando nada era fácil, aún peor que hoy, porque la intolerancia era lo que reinaba en la sociedad.

“Yo tenía una idea pero Malva se murió antes, una semana antes de comenzar con la película que soñábamos, y tuve que armar la película con lo que tenia de las entrevistas que tenía. De esas que se hacen antes como para investigar  y entrar en confianza. Ella vivía en un hogar de ancianos en la provincia de Buenos Aires, en Bella Vista, y conservaba su casa en Villa Urquiza, a la que iba los fines de semana, donde tenía pruebas de su vida, como el cruce a pie desde su Chile natal,  y todo lo que vivió. Traté de reflejar eso. Nos juntábamos y hablábamos, sin pensar en planos o nada. Desde los achaques de una vejez que comenzaba a estorbarle a cómo vivió de cocinera, escritora, vestuarista sin nunca prostituirse. Era casi un siglo de la vida cuando las diferencias eran abismos de marginalidad, y desde allí, nos muestra algo no se ve desde lo aceptado”, cuenta la realizadora.

“Nos contó como formaron las  primeras redes entretejidas por la comunidad trans, desde los años 40, corroboradas con sus 204 fotografías que la muestran desde 1945 hasta los ’80. Con una lucidez poco habitual nos narró su fortaleza. Es sin dudas un ejemplo de vida que nos puede hacer valorar que la diversidad, y el respeto a otros, nos permiten crecer como especie, sin dudas. Y hablar de las distintas niñeces y vejeces”.

Estar en su casa, que había sido un  refugio de travestis,  encontró un tesoro que era mejor que el archivo de la memoria trans: tenía imágenes únicas. “Es importante conocer la historia ya que se está trabajando sobre una ley integral trans, porque las carencias venían, en el caso de Malva como en tantos otres como hoy, porque se le negaba o se la trataba como no existía. Ya estaba criminalizada desde el vamos. Sólo caminar en la calle era un peligro.  No se puede creer, pero pasaba y muchas veces sigue pasando. Por suerte Malva encontró en el mundo del teatro, un espacio menos estructurado y vivió de hacer vestuarios para los espectáculos de revista de la calle Corrientes. Es terrible ser enjuiciado por portación de identidad”.

Al que no va con la norma, palo. Eso para Sama es un identicidio. “Se pueden y se deben reflejar desde este tipo de películas subjetividades diferentes de lo que nos enseño el patriarcado. Mi poder como documentalista no está en intentar contar a Malva, sino en mostrar qué me devolvió ella con  lo que yo pregunte. Ella no se dejo nunca domesticar. Y se fue en esa  ley, y no me dejo hacer lo que yo quería de ella sino que mostró lo que ella tenía para decir. De esto me di cuenta cuando me puse con el montaje de los retazos que tenía. Me dejó una lección.”

La cineasta pudo superar  las dificultades logrando un retrato explícito de su personaje central pero sin olvidar la explicación de los contextos históricos con un gran trabajo de archivo y la utilización de recursos visuales para explicitar lo que Malva le había narrado. “Sobre todo para los más jóvenes. Fueron horas de estar en la hemeroteca y de búsqueda del archivos audiovisuales para marcar el sentir sociocultural que recorrió la vida de Malva”, dice Sama.


Con nombre de Flor. El documental dirigido por Carina Sama. Disponible en Cine.ar Play