La memoria es amiga. Pero como a menudo sucede con las mejores de ellas, suele llevar por lugares que de poder elegir, no se visitarían. “Me siento un poco anticuado. Como en una especie de militante de la música; me guía una convicción que sé que me aísla. Por suerte hay gente alrededor que da palabras de aliento y me sostiene. Pero sé que hay algo de quijotesco, estoy en una… Otra gente me dice: simplificá, que se escucha mejor. Cuando hago música, nada es negociable. No puedo. Es algo que no me puedo permitir.” Quien dice a modo de confesión es Juan Belvis, autor de “8 II”, un disco extraordinario que grabó con 8, su banda.

Es extraordinario porque está pensado como disco (“disco como obra”, acota), está ejecutado con la exigencia del ojo clínico de un técnico de sonido como lo es Belvis (¿Y después qué? -La Sed- Vivo en Argentina -Lito Vitale Quinteto-, Ventanas -Aca Seca Trío-, entre muchos otros) y tiene la osadía suficiente como para rescatar de otros tiempos todo lo que una evolución musical arrastrada por el imperio de la sobrevivencia comercial (la que da de comer), dejó en el olvido o borró de los pentagramas por eso de que “se escucha más”. 

“La noción de disco como armado de concepto de obra, para mí es fundamental para poder organizar todo el material que se puede dar para el grupo 8, o para otros proyectos que voy armando. Es un hilo conductor del material. Fui creciendo con este formato, desde muy chico. Y crecí y la industria discográfica se vino abajo y me puse a hacer algo que está totalmente en decadencia. Pero no puedo divorciar la idea de obra y de articularla en un disco. Que no es más que como hacían en el siglo XVII con las sinfonías o sonatas como formato que da lugar a la obra de los compositores. Y el disco sigue siendo un eje clave. La noción de hacer singles de Spotify es la previa a la aparición de la idea de álbum con Los Beatles. Duki, que es recontra conocido en Europa, recién ahora está sacando un disco. Los productos salen a lo loco y lo más rápido posible, pero a mí no me sale. Me encantaría que me salga. No es alarde, pero cuando me meto en la dinámica creativa me surge material por todos lados, porque para mí hacer canciones es algo que me sale desde muy chico.”

Desde los tres, dice: tiene una grabación de su abuelo con una batería. Abuelos músicos (creadores de MIA), padres músicos, y también tíos y demás. Pero su familia musical es más modelo siglo XXI: uno de acá, otro de allá, alguna ‘pedida especialmente’ para darle voz a cuatro canciones porque en una voz femenina “suena mejor” (Mariana Michi), y gente con la que se cruza y encuentra eso tan difícil que algunos llaman afinidad.

“Me da medio pudor pero sé que tengo algo de mi viejo, como una antena para seleccionar lo que pasaba, que él la tenía en los 70, que encontraba materiales muy selectos luego de búsquedas muy rigurosas.” El pudor le viene por el comentario de que su disco rescata atrevimientos que el pop argentino parecía haber abandonado para siempre desde los 80: “Es hermoso pensar que tiene referencia del pasado como algo reivindicativo.” Ese agradecimiento a su señor padre por la herencia que define como un chip, dice que a la vez le juega malas pasadas: “Te pone en alerta permanente sobre lo honestidad de los productos y los que los hacen; me da una alarma que no la puedo parar. Me pasa cuando dialogo con gente y parece que me vuelvo medio fundamentalista. Nunca está bueno alguien que critique demás y trato de no criticar  y no juzgar a los demás, pero hay algo que me dispara de adentro”.

“Lo que sí tengo que hacer un duelo es del disco como objeto físico -habla como en autocrítica-. El hecho de haber puesto en cajas toda mi colección de discos es como cuando se te muere una mascota; lo tengo como un dolor que no puedo resolver. Por suerte tuvimos un mecenazgo y pudimos fabricar algunos. Cuando estaba diseñando el digipak del CD me sentí como atrapado en algo psicótico, pero iba para adelante porque creo que tiene un sentido distinto. Un sentido romántico del objeto porque le da como una vida útil real. Uno busca hacer lo mejor que sabe hacer, es como un ciclo del karma que uno da algo positivo y algo positivo va a producir y recibir. En el caso del disco es como un laburo extremo que no va tener devolución. Tengo que ver como reformular eso.”

Pero hoy está más que en un buen momento. El lunes fue el ensayo en La Tangente y los participantes quedaron tan contentos que querían seguir ensayando. “Una premisa original era la de un cuarteto doble. Pero fue mutando y en un momento éramos 8 y yo, tipo el Estado y yo, para justificar que éramos 9. Pero se sumó Andrés Beeuwsaert en un par de temas y me dijo que sólo subía al escenario si tocaba todos los temas. Y también va a estar Luciano (Vitale, una especie de alter ego con el que genera una de esas duplas creativas -o de cualquier ámbito de la vida- con las que todos sueñan), que está más en la parte técnica pero va a hacer percusión. Así que vamos a ser 11 en el escenario, un delirio. Y con un vestuario bárbaro. Va a ser una fiesta.”


¿Cuándo?

8 II. Jueves 7, 21 hs, La Tangente, Honduras 5317.