Nunca es tarde para lo bueno y el tiempo pone las cosas en su lugar. La llegada de Okupas a Netflix  volvió a poner a esta serie de culto en un lugar de merecido privilegio, ampliando el horizonte de gente que puede descubrirla u ofreciendo la posibilidad de volver a disfrutarla en el caso de los reincidentes. Pero sobre todo vuelve a darnos la oportunidad, luego de 20 años, de analizar las múltiples aristas destacables que la vuelven una joya. Una de esas aristas que hicieron a Okupas un fenómeno sin vencimiento es el casting: esa variopinta mezcla de actores, que por fuera de los cuatro protagonistas, le dan el toque real y áspero a la serie, llenando de verosimilitud al relato. Uno de personajes más recordados por fuera de los cuatro protagonistas es sin dudas  el “Negro” Pablo.

Con una enorme chispa para la respuesta rápida, el verdugueo y un gran manejo de los códigos del mundillo delincuencial, nunca pasaba desapercibido.  Por momentos era hilarante y, cuando el caldo se ponía espeso, muy oscuro. El “Negro” Pablo funcionaba como una contrafigura clave para balancear la emocionalidad de la narración y  fue pionero en poner la jerga tumbera en el oído de los televidentes argentinos.

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Dante Mastropierro  fue el encargado de darle vida al memorable personaje. No era actor, pero tuvo una infancia en un barrio picante de Quilmes y conocía los yeites de la calle. Lo descubrió Claudio Sambi, productor, y este fue el que le dijo a  Bruno Stagnaro que merecía una oportunidad. “Hice el casting y le gustó mi manera de ser. Nunca había actuado, pero me salía, porque para sobrevivir muchas veces había que hacer alguna. Al criarse en la calle, pasa eso que se ve en esta serie y mucho más. Y bueno, ahí nomás me mandé: yo me mataba de la risa, así que le mande fruta y fue”, recuerda Mastropierro.

Nadie sabía que Okupas iba a ser lo que fue y es. Fueron tres meses de filmación y alcanzó para pintar toda una época con una historia de los márgenes. Y el rol de Mastropierro fue clave.

“Tranquilo, así me lo tomo. Me gusta que la gente lo disfrute. Mi éxito en la vida es tener una familia, pero está bueno que guste y que ahora se pueda ver en mejor calidad. Me pone contento. Pegó mucho y por algo tanto tiempo después aún es groso lo que cuenta: para el que sabía que algo así puede pasar y para el que no”.

Después de Okupas, Mastropierro sólo tuvo algunas participaciones en Botineras y participó de algunas películas (de registro parecido) con el director Miguel Bou. Pero la popularidad lo aturdió un poco y rechazó una oferta de hacer Tumberos, entre otras cosas, y siguió con su vida por afuera de los estudios de filmación. Desde hace tiempo trabaja en el Indec. “Si pinta y me ofrecen algo lindo, lo hago. En algún momento no quise, pero hace un tiempo que si veo que va, lo hago sin drama”, cuenta.

Mastropierro confiesa que no volvió hablar con la mayoría de sus compañeros de Okupas. “Con Diego Alonso a veces nos juntamos. Con los demás, no. Bueno también con Sergio Podeley. Él tiene la idea de hacer una secuela con el negro Pablo y el pibito que él hacía. El Docke, se llamaría. Estamos viendo para ver de hacer uno o dos  capítulos, de 45 minutos cada uno, de algo bien piola para ver si le interesa a alguien. Pero bueno, yo no me vuelvo loco. Tengo mi trabajo, son pocos los actores que están bien económicamente, el resto le ponemos garra a la vida y si podemos hacer algo damos lo mejor, porque es un lindo trabajo, pero bueno hay que sobrevivir”.

Mastropierro creó con su familia el comedor comunitario Pancita llena, corazón contento. Está ubicado en La Boca, barrio en el que vive. “Uno pasó hambre y sabe bien como es. Yo doy una mano sin decir mucho, lo hago de corazón. El de arriba ve todo. El resto es gilada”, comenta. La voz resuena aguda y con una cadencia tan reconocible que es imposible separar el intérprete del personaje.

Y como el negro Pablo, Dante también dice lo que piensa sin rodeos: “El problema es que la gente se deja chupar el cerebro. Si estábamos bien, porque eso de cambiar, cambiemos, Cambiemos, ¿cambiemos qué? Y viene otro hijo de puta te da vuelta la tortilla y se pone  a afanar para los suyos. La gente tiene la culpa. El país es divino, cuántos comen de nosotros. Falta trabajo y controlar a los mocos que andan bardeando y molestando a la gente. Esto es una guerra de pobres contra pobres. Pero acá hay universidades gratis y en otros países no lo tenés. Hay hospitales gratis, que en otros países no lo tenés. Colegio gratis. Y tantas cosas maravillosas. No hay que mirar para afuera, si tenemos de todo. Pero bueno, los que están arriba se ponen a afanar y tenés consecuencias”.

“Yo que sé cada uno con la suya pero no da tocar la ollita por pavadas, siendo que hay gente que la pasa mal. No podes fijarte sólo en vos. Hay que pensar en el prójimo. De acá no te llevás nada. ¿Sabés los chicos que hay en las villas que no saben si comen  o  que se mueren de frío? Hay que ponerse las pilas y  ver cómo organizarnos para salir.  Ojo, Argentina le puso el pecho siempre y vamos a salir. Pero bueno, esta pandemia de mierda no nos ayudó”.

Mastropierro sabe de qué lado está. “Yo creo que hay que darse cuenta que no estábamos mal y nos mandamos un moco. El que se fue era peor que la pandemia, corta la bocha: el tipo le pide millones de dólares al extranjero y ¿quién lo va devolver?  ¿Vos viste algo de esa guita? ¿Te preguntaron si había que pedir? Mirá, al pueblo hay que tenerlo bien. Si no, olvidate; no funcionás”.

“No estoy contento de tener un comedor.  Los comedores no tendrían que existir. Las familias deberían comer dignamente en la mesa. La gente humilde debería tener un trabajo digno y el obrero tener un plato de guiso caliente y disfrutar de su familia. Pero no pasa. Estoy triste por eso, pero doy la mano al que menos tiene. Es la única”, concluye.

Okupas

Dirección: Bruno Stagnaro. Protagonistas: Rodrigo de la Serna, Diego Alonso, Franco Tirri y Ariel Staltari. Disponible en Netflix.