Nacido en una familia de siete hermano en Berwyn, Illinois (Estados Unidos, Robert John “Bob” Odenkirk no tuvo una infancia feliz. Pese a que él dijo que el problema era Naperville, ciudad en la que creció (cercana a la de su nacimiento), los principales problemas vinieron del alcoholismo de su padre, algo que, de más grande, llevó a Bob a prácticamente no beber: en el reino de las reuniones sociales y las entrega de premios amenizadas con generosas dosis de bebidas alcohólicas, el señor evita el trago.

“No podía esperar para mudarme a una ciudad y estar rodeado de personas que hicieran cosas emocionantes”, dijo sobre su no amada Naperville en una entrevista de 2010. Su rechazo lo llevó a abandonarla apenas terminó la secundaria: se mudó a Chicago e ingregó al Columbia College Chicago, una institución especializada en arte.

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Su época de despegue, profesionalmente hablando, fueron los 80, década en la que trabajó como guionista del emblemático Saturday Night Live (su madre nunca lo vio porque lo consideraba contrario a su creencia católica). De allí saltó, no sin haber hecho incursiones en otros programas, a The Ben Stiller Show (1992) y The Dennis Miller Show, donde terminó de perfeccionar sus dotes de comediante. Poco más tarde, hacia la mitad de esa década, pergeñó junto a David Cross la comedia Mr. Show with Bob and David. Fueron cuatro temporadas que le valieron el reconocimiento de crítica y público, una combinación sólo para pocos, que a Odenkirk le valieron un premio Emmy y un alto puntaje en los sitios dedicados la información de cine y televisión como IMDB, donde votan los usuarios: 8,5. Hoy, gracias al éxito de Breaking Bad y Better Call Saul, aquella comedia alcanzó la categoría de culto.

Llegado a la madurez, al igual que a otros grandes comediantes -como Guillermo Francella- Odenkirk fue tentado con el drama. Hasta ese momento, lo suyo, incluso en cine (La verdad sobre perros y gatos, The Independent, Monkeybone, Dr. Dolittle 2, por nombrar algunas), habían sido sólo las comedias. Peter Gould y Vince Gilligan vieron su potencialidad para el drama y lo convocaron para Breaking Bad. El resultado no pudo ser mejor. Le puso un toque de humor a una serie que hacía gala del drama, y que sólo podía salir de él con algo de acción y violencia. El típico personaje que saca una sonrisa en el medio de la tensión y, a veces, de la desolación.

Ahora en Better Call Saul más que un abogado hay un hombre transitando hacia la segunda y definitiva etapa de su vida tratando de superar sus propios fantasmas y limitaciones. Algo no tan distinto a lo que parece sucederle al propio Odenkirk, que tuvo una fuerte formación católica, al que lo llevó a decir en su reciente viaje por España: “Este viaje me ha hecho meditar mucho. Hay aspectos del catolicismo aquí, en estas ciudades tan antiguas… Las considero antiguas porque soy de Estados Unidos. Son muy impresionantes y me han hecho pensar de nuevo sobre la religión y en particular sobre el catolicismo”. Sin llegar al misticismo, Odenkirk afirmó que recorrer España le sirvió para sentir que en la península “hay algo más de respeto por las fuerzas creativas de la vida del que yo tuve previamente.”
Odenkirk puede ser definido como un tipo que gusta de su trabajo pero no desespera por él, que disfruta consiguiendo la mejor versión de una escena o una secuencia que crearon otros y sobre la que no tuvo incidencia, y que no tiene problema en reconocer el trabajo ajeno; el puesto del hombre al que le gusta verse como un soldado antes que como un protagonista. Acaso Saul sea el personaje que más se acerca a su personalidad: la de alguien que quizás no tenga mucha y buena prensa, pero que cualquiera sabe que puede confiar en él.