Basada en los hechos del atentado sufrido durante la Maratón de Boston de 2013 que dejó tres muertos muertos y 282 heridas, y sin pretender una posición crítica sobre la política que desde Bush viene desarrollando los Estados Unidos, el film resulta revelador en varios aspectos.

Precisamente ese apego a narrar casi exclusivamente lo que sucedió entre el atentado y la captura de los responsables, siguiendo las acciones del Comisionado de la Policía de Boston, Ed Davis, el film consigue ese efecto colateral, en el que reside su riqueza.

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De esos efectos colaterales, en principio se puede ver la complejidad que va alcanzando una nueva forma de vida: como lo anticipaba la encomiable Brazil (Terry Guilliam), la vida moderna será en medio de atentados terroristas. O no será. Lejos de reflexiones de ese u otro tipo, ubicarse en la crónica obliga al film a un relato riguroso que muestra que la vida sin la estrepitosa alteración de un atentado terrorista es algo que ha quedado casi definitivamente en el pasado.

La primera reacción ante las bombas, los posteriores estados alterados propios de la situación, los distintos papeles de cada una de las fuerzas de seguridad abocadas a la tarea de apresar rápido a los responsables y así aliviar en una pequeña parte el dolor de los familiares de las víctimas, todo es de una dimensión desconocida apenas 20 años atrás. O territorio de la ciencia ficción como en Brazil. En 2013 en cambio las fuerzas de seguridad ya lo tienen incorporado con naturalidad a sus prácticas; están adiestradas y ejercitadas. Conservan, según se puede observar al menos en el caso de Boston, las características distintivas de la ciudad: el toque académico que pone sobre la mesa distintos escenarios y la necesidad siempre de alterar lo menos posible la vida en el campus, antes que las alocadas exclamaciones de que vale lo que sea para apresar a los victimarios por eso de “se salvan vidas inocentes”.

Pero lo más impactante es que una ciudad de la alcurnia de Boston queda prácticamente en estado de sitio a menos de 96 horas del atentado: todos en su casa para que las fuerzas de seguridad puedan requisar casa por casa para encontrar a uno de los culpables. Un verdadero horror que los bostonianos sienten “necesario”, casi como natural.

Así, sin renunciar en ningún momento a esa característica de película “cuadrada” (un acierto antes que un error, ya tiene suficiente con perder su ascetismo en la segunda parte), llega el final con testimonios reales, que no hace más que ratificar que la humanidad atraviesa una de esas etapas que la historia luego califica de oscuras.

Terror clásico y convencional que tiene una buena mitad pero que luego cae en los lugares y errores comunes del género.

Día del atentado (Patriots Day. Estados Unidos, 2016). Dirección: Peter Berg. Guion: Berg con Matt Cook. Con: Melissa Benoist, Michelle Monaghan, Mark Wahlberg, J.K. Simmons, Kevin Bacon, John Goodman. 133 minutos. Apta para mayores de 13 años con reservas.