Fascinará por los edificios que se doblan, las dimensiones que se cruzan, el artificio a la manera de Hogwarts de Harry Potter cuando los escalones se abrían hacia distintos lugares y todo se descomponía y recomponía como en un gigantesco y tridimensional puzzle. Pero lo que en verdad mantiene en el interés y el encanto del relato es su anclaje en lo real, lo cotidiano, sobre o que el espectador puede encontrar analogías y comparar a su vida personal. Es lo que hizo grande a cada forma de relato, y el cine no escapa. Las grandes fábulas y fantasías ancestrales funcionaron y lo siguen haciendo como lo hace Doctor Strange: hablando de las preguntas cotidianas y existenciales de la especie humana. Desde los engaños cotidianos a los que somos sometidos por pares que se consideran superiores y que nos engañan para «no dejarnos caer en nuestra propia debilidad”, hasta las razones de estar atrapados en el espacio tiempo, que lleva a preguntarse sobre si hay algo más allá de esas dimensiones.

Todo comienza con un doctor (cirujano, para ser más específico), que luego de un accidente pierde el control sobre sus manos. Su vida está arruinada, y viaja hacia Nepal, donde el misticismo espera que le dé lo que la ciencia no puede. Que el doctor sea Benedict Cumberbatch (el mismísimo Sherlock) no es azaroso: nadie más fanático de la lógica deductivista en el imaginario popular de hoy,

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«No fuiste exitoso por tu desmedida ambición, sino por tu gran miedo al fracaso», le dice la gurú que lo guía en buena parte de su camino. Y sigue:

-Pero es también lo que te aleja de la grandeza: la arrogancia y el miedo te alejaron de aprender la lección más simple e importante de todas». 
-¿Cuál es?
-Que todo esto no se trata sólo de ti.

Dicho en un sistema que busca por todos medios generar individuos que se crean libres sólo a partir de no depender de nadie es otro de los atrevimientos del film. Incluso aspirar a la prodigiosa fantasía humana de volverse inmortal, sólo para después morir, ya que sólo a partir de la muerte cobra sentido la vida, y es sólo con sentido que la vida es humanamente es considerada vida. Hasta en su apuesta científica a la par del la mística el film es original. Porque pone al humano al borde del fantástico, capaz de generar escenarios y realidades que antes sólo parecían quedar en manos de la imaginación.

No deja de ser gratificante ver que aún en momentos en que el mercado parece querer justificar cualquier cosa, haya apuestas -y en esto la factoría Marvel tiene bastante que ver- en las que el llamado mainstream sea intelectual y artísticamente ambicioso (porque sin habilidad artística no sería capaz de transmitir esas emociones). Los últimos superhéroes han mostrado un camino por ahí. Algo que tampoco parece casual: el súper hombre que no depende de ningún dios ni de Dios parece haber llegado para quedarse, y está condenado a aprender nuevas formas de convivencia con todo ese poder y toda esa responsabilidad. Incluso pese a que puede ser cierto que la humanidad nunca pueda ganar, como se puede ver en un parte del film, sí puede perder todas las veces que quiera -porque el dolor es su viejo amigo- y así convertir una derrota segura en una victoria siempre temporal, porque el tiempo es su estigma.

Doctor Strange (Estados Unidos, 2016). Dirección: Scott Derrickson. Guion: Jon Spaihts, Scott Derrickson, C. Robert Cargill. Con: Benedict Cumberbatch, Rachel McAdams, Tilda Swinton, Mads Mikkelsen, Scott Adkins, Chiwetel Ejiofor. 115 minutos.

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