El éxito de la serie Poco ortodoxa (Netflix) llamó atención, en especial entre los más jóvenes, sobre las formas de vida de las corrientes más ortodoxas del judaísmo. No es la primera vez que el mundo del cine y la televisión se ocupan de comunidades específicas de las religiones en general. Aquí se ofrece un combo de cuatro películas que se estrenaron en cine o video en la Argentina, y una serie, que también está en Netflix.

“Poco ortodoxa”: un mundo asfixiante y un sueño de libertad

La esposa prometida

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Una que trata de mostrar los problemas que tienen las mujeres del judaísmo ortodoxo a la hora de planificar su futuro familiar. Acá es Shira, la hija más joven de una familia judía ortodoxa de Tel Aviv, la que ve frustrados sus deseos ante el mandato religioso. Si bien su matrimonio también está convenido de antemano, al menos su pretendiente le gusta. Pero su hermana mayor muere al dar a luz, y eso la lleva automáticamente (según la religión) a tener que ser la nueva esposa del hombre ahora viudo y padre. El film pone en tensión los deseos individuales con las necesidades de pertenencia a una comunidad. Y didácticamente expone temas por lo general desconocidos para las mayorías.

Desobediencia

Una película que produjo cierto alboroto y que introdujo temas del feminismo que en los últimos años, se suman a los problemas clásicos que este tipo de comunidades comenzó a experimentar a medida que se fue desarrollando la vida moderna. Aquí una mujer nacida y criada en una familia ortodoxa judía (Rachel Weisz) regresa a la casa de su familia por la muerte de su padre. Las diferencias con el resto de sus familiares es evidente: ella se ha convertido en una mujer cosmopolita, y eso no sienta bien entre hermanos y otros familiares ortodoxos. En ese ambiente, una amiga de su infancia, más joven que ella (Rachel McAdams), la empieza a mirar de manera diferente, de una manera en la que se pueden mirar las mujeres donde ella vive habitualmente. El drama está asegurado, y si bien puede tener un exceso de moral, le agrega nuevas lecturas a un conflicto entre deseo individual y ortodoxia comunitaria que en vez de apaciguarse, crece.

The Believer

Aquí se pone el conflicto en la ideología de superficie. Es la historia de un judío que se hace neonazi (Gosling). Estudiante en una secundaria judía de Nueva York, sus posturas y vulgata autoritarias le van haciendo ganar una popularidad que lo convencen de que está por el camino correcto: entonces decide subir su apuesta y se mete en círculos neofascistas en los que gana poder hasta convertirse en líder. No por eso deja de estudiar la Torah y enseñando hebreo en su carrera a convertirse en rabino. La película juega deliberadamente a poner al judaísmo ortodoxo y el antisemitismo radical en una equivalencia dogmática, pero sin olvidar que el primero opta por el aislamiento y el segundo por la persecución. Así, consigue el efecto de mostrar que ellos (los dogmatismos) son más hijos de la debilidad que de la fortaleza. Un muy aplaudido debut del hasta entonces sólo guionista Henry Bean, que fue premiado en Sundance.

Una mujer fuerte

Uno que armó una gran batahola en la comunidad judía neoyorquina, ya que encima de una exposición bastante cruda de las críticas que se le hace al judaísmo ortodoxo, tiene una heroína en vez de un héroe, algo que si bien ya se venía un nuevo siglo aún no era moneda corriente. La película se estrenó en la edición Sundance 1998 y cuenta cómo Sonia Horowitz (Renée Zellweger), casada con un maestro que se dedica a estudiar y difundir la Torá (Sender -Glenn Fitzgerald-), ante la insatisfacción sexual a la que la somete su marido, sale a buscarla por canales no tradicionales y totalmente vedados para una integrante de la comunidad. Toda una cruzada que la comunidad no le perdonará.

Shtisel (dos temporadas)

Simpática y atrevida, le pone bastante humor e ironía a su retrato de la comunidad judía ortodoxa de Jerusalén. Al ser una serie tiene más posibilidad de desarrollar personajes y jugar en distintos niveles en lo que no todo sobresale por la denuncia, sino también por la comprensión y, sobre todo, por la picardía. Sí, la picardía de los personajes de la serie tiene prácticamente un toque infantil: todos prefieren hacer trampa (o a veces negar) con las reglas religiosas a tener que enfrentar la autoridad y los mandatos (incluso también llegan a la crueldad hartera). Lo que le da a la historia un nivel de empatía muy especial, a la vez que tal vez la aleja de los cánones de las series predilectas de los sectores medios intelectuales urbanos: esa comunidad parece tener los mismo vicios y virtudes que cualquier de cualquier otro lugar, aunque sus mujeres usen polleras muy largas y sus hombres pelo enrulado.