Desde su casa en Punta Cana, República Dominicana, Diego El Cigala se ríe cuando le preguntan por su rutina creativa. «Cuando trabajo viajo todo el tiempo. Así que aquí apuesto al relax y al descanso. Juego mucho con la PlayStation, me tomo una cervecita tranquilo y casi no escucho música. A decir verdad, estoy en cualquier cosa hasta que me llega la inspiración. Pero cuando me llega me desato como los caballos desbocados. Paso horas y horas cantando y haciendo música a gusto con mis amigos. Son momentos donde parece que no me detendré jamás. Paso de la calma al alboroto sin saber cómo fue», revela el cantaor flamenco.

Hace más de cinco años se radicó en Punta Cana, a unos pocos pasos del mar. Está montando un estudio, pero su prioridad es pasar tiempo con su familia ante de las giras. «Aunque ahora estoy un poco ansioso porque sé que falta poco, voy preparándome para lo que viene», confiesa El Cigala, que regresará a la Argentina para presentar Indestructible, su nuevo disco (recientemente nominado a los Grammy) y nuevo espectáculo, junto a la Cali Big Band. Así, acompañado por más de diez músicos en escena, el cantor madrileño realizará un recorrido por la historia de la salsa, por supuesto, con su inconfundible voz flamenca. Porque, se sabe, El Cigala es inquieto musicalmente hablando, lo demuestran sus incursiones en el tango y el bolero en el multipremiado disco Lágrimas negras (2003) y otras tantas excursiones por diversos ritmos. 

«El flamenco tiene el poder de adaptarse a cualquier tipo de música. En cambio al revés es difícil, por eso es único», asegura el cantor quien esta vez incorpora percusión de salsa y una sección de metales que incluye trompetas y trombones, para seguir descubriendo coincidencias en los sonidos de los dos lados del Atlántico. «Elegí el título ‘Indestructible’ porque el tiempo nunca podrá borrar el legado y la riqueza musical de la salsa, un género que nos demuestra que no existen las fronteras. Y así me siento yo», dice con la gracia gitana que lo caracteriza. 

–En 2015 murió tu mujer Amparo, quien te acompañó por 26 años. ¿Este disco fue la manera que encontraste para reponerte de esa pérdida?

–Es un trabajo gestado durante tres años, en los que pasó de todo. Con la muerte de Amparo empecé a buscar canciones que a ella le gustaban. Cuando me enteré que tenía cáncer pensé que no iba a poder seguir: ella era todo. Pero por los dos hijos que tuvimos, Diego y Rafael, ella me enseñó que tenía que darle para adelante. La misma noche que ella se fue tuve que dar un concierto y fueron mis hijos quienes me dijeron que lo haga. No sé cómo lo hice, pero lo hice. Seguí. Y esto también se fue dando como algo natural para sobrellevar lo que pasó. Pasé muchas noches pensando qué temas podía cantar, en cada rato libre nos sentábamos a buscarle la vuelta y cuando tuvimos diez u once temas nos dimos cuenta de que ya era un disco. Yo busco darle otro color a las canciones, mi color flamenco claro, pero siempre respetando a los originales porque sólo tengo admiración por los estilos que me animo a versionar. 

–¿Qué une a esos ritmos que decidís interpretar? 

–Son músicas de la calle, de los barrios, de la gente. El pueblo las usa para hablar de sus penas o para alegrarse a pesar de sus tristezas. Siempre escuché muchos tipos de música, pero tenía mucho miedo y respeto como para cantarlas. Me pasó con el tango, el bolero y en este caso con la salsa. Es cuestión de animarse y no perder el respeto. Hay mucha cultura detrás de esos sonidos, todos muestran una manera de vivir. Eso es lo que me apasiona y engancha.

–Siempre destacás la facilidad con que el flamenco se adapta a los cruces con otros géneros. ¿En qué lo notás?

–Hay múltiples ejemplos. En los ’70 surgió el rock andaluz, con grupos como Triana, Alameda y algún otro. Era algo que nadie esperó, pero funcionó y cómo. Otro ejemplo es Paco de Lucía y sus cruces con múltiples músicos de jazz. O el mismísimo Miles Davis, que fue el primer músico de jazz en tocar una saeta, un canto religioso tradicional interpretado fundamentalmente en las procesiones de Semana Santa en España. Desde nuestro lugar también pudimos meternos con otros ritmos. 

–Te acercás a otras músicas, pero nunca perdés tu estilo de cantar. 

–No puedo cantar de otra manera que no sea atravesado por lo que soy. Mi padre era cantante, siempre estuve rodeado de músicos y no pude escapar de todo lo que viví. Mi barrio, mi casa en El Rastro madrileño era un jaleo constante. Se cantaba a todo momento, venían músicos, salían otros, uno agarraba una guitarra, otro un cajón y mi mamá mientras tanto cocinaba o cantaba. Allí aprendí que ser artista es tener la capacidad de cautivar a otros. Haber logrado hacer una carrera es una locura de la que no me di cuenta. La música es sanadora. Sin ella no sé qué sería de mí. Es un estilo de vida que viene del alma. Si lo buscas, no lo encuentras. No se llega si uno tiene la intención de buscarlo. El flamenco es auténtico, por eso tiene algo de hipnótico, con sus sonidos, sus palmas, su ritmo, sus arreglos. A mí me da mucha alegría cuando el aire atraviesa mi garganta. 

–¿Siempre fuiste curioso?

–Siempre me llamó la atención lo propio y lo ajeno, y quise ver cómo era esto o aquello. Imagina que a los 15 años, siendo en chaval, engañé a mi padre y a mi madre para que me firmaran un papel y me fui a Japón, a un tablao donde mi padre había tocado con sus compadres y del que había escuchado mil anécdotas. Pero quise ir a verlo con mis propios ojos. Más allá de la bronca que me merecía y que recibí, la verdad que eso me marcó. Porque es lo que terminé haciendo, yendo de aquí para allá, jugando, buscando conocer más de lugares y sonidos que me causaban admiración. Soy abierto, me gusta que me propongan cosas y proponer a los demás.

–¿Cuál será el ritmo que enriquecerá el próximo disco de El Cigala? 

–Es hora de flamenco. Ya me toca volver a la raíz.

Viaje al corazón del ritmo 

Acorde a su personalidad, Diego «El Cigala» decidió sumergirse en lo profundo de la salsa para darle forma a Indestructible. Para ello se embarcó en una aventura que lo llevó por algunos de los países fundamentales en la formación del género. En esta búsqueda, visitó Cali (Colombia), San Juan (Puerto Rico), La Habana (Cuba) y Punta Cana (República Dominicana), así como Nueva York y Miami (Estados Unidos). El disco fue grabado en cada uno de esos destinos y luego el cantante viajó a Jerez de la Frontera, en el sur de España, para culminar el proyecto con el registro de guitarras, coros, cajón y palmas flamencos.

El disco incluye canciones de Tite Curet, Cheo Feliciano, René Touzet, Héctor Lavoe, La Sonora Ponceña y la Fania All-Stars, además de la canción «Indestructible» (que popularizó Ray Barreto en los ‘70). La canción da nombre al disco y al documental homónimo (dirigido por David Pareja), que retrata el recorrido de El Cigala en la búsqueda de las raíces de la salsa. Como parte de este intercambio cultural, logró sumar al disco la participación de más de 70 músicos notables, como Oscar D’Leon,  Bobby Valentin, Larry Harlow, Roberto Roena, Eddie Montalvo, Nicky Marrero, Jorge Santana y Gonzalo Rubalcaba, entre otros.

Casi de Ushuaia a la Quiaca

Esta es una visita que llevará a El Cigala por varios escenarios de nuestro país, más allá del obligado paso por la Capital Federal. Antes de llegar a la avenida Corrientes, el cantaor flamenco tocará el miércoles 7 de marzo en la ciudad de Córdoba; luego tomará la autopista hacia Rosario, donde se presentará el viernes 9. El turno de Buenos Aires será el sábado 11 y el domingo 12 El Cigala dará un show íntimo en San Miguel de Tucumán. «Me encanta la Argentina. Son un público increíble, que me emociona cada vez que me toca estar allí. Son vibrantes, fieles y sobre todo agradecidos. Me gusta su espíritu arrabalero, nostálgico. Su música tiene tragedia, tiene pena, tiene alegría, todo lo que me gusta. El tango, sobre todo, es muy similar a lo gitano. Me siento muy cómodo con vosotros», destaca. «