Hablar de coincidencias, serendipias o casualidades en la carrera de Luis Alberto Spinetta es, como mínimo, arriesgado. Al tratarse de un recorrido tan prolífico como genial, lo que podría parecer un mero hecho fortuito, en su música, se traduce como una vanguardista lectura de época y un manifiesto cultural. Es por todo eso -y mucho más, siempre hay mucho más- que Kamikaze es una de sus obras más icónicas.

Se grabó entre febrero y marzo de 1982, y fue lanzado a principios de abril, al mismo tiempo que la borracha voz del dictador Leopoldo Fortunato Galtieri bramaba “si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla” mientras enviaba tropas a las Islas Malvinas con el objetivo supuesto de recuperar su soberanía, cuando lo que en realidad buscaba, al igual que el resto de la Junta Militar, era sostenerse ilegítimamente en el poder a cualquier costo. Mientras las fuerzas invasoras británicas avanzaban y se cargaban la vida de cientos de soldados, el quinto álbum solista de estudio de Spinetta se distribuía en una modesta tirada y, casi sin buscarlo, se constituía en una referencia ineludible de ese presente que todavía es urgente.

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El disco es eminentemente acústico, y reúne canciones de diversos períodos del artista, que por distintos motivos no habían sido incluidos en los larga duración anteriores, tanto solistas como en sus experiencias como integrante de bandas. Son once tracks reunidos en poco más de 37 minutos, que sucedieron a Only Love Can Sustain (1980) y antecedieron a Mondo Di Cromo (1983). La placa abre con la canción homónima y continúa con “Ella también” y sendas “Águila de trueno” (Parte I y Parte II). El trabajo sigue con “Almendra” que, además de ser un guiño al pasado, es una canción instrumental compuesta por el Flaco en colaboración con su amigo, director de todos sus videoclips y célebre fotógrafo de rock nacional Eduardo Martí. La grabación se completa con el clásico “Barro tal vez” (tema pergeñado… ¡en su adolescencia!), “¡Ah… basta de pensar!”, “La aventura de la abeja reina”, “Y tu amor es una vieja medalla”, “Quedándote o yéndote” (otra creación compartida con Martí) y “Casas marcadas”.

Con una fuerte impronta reflexiva, introspectiva, de resistencia y crítica, el espíritu de esta obra podría quedar de alguna manera representado en una de las preguntas que Luis Alberto escribió en el sobre interno del vinilo: “¿Lamentablemente no hay más Kamikazes de la vida creativa?”.