La televisión argentina decretó el final de la cuarentena a comienzos de agosto. Fue desde entonces que los programas que habían definido una modalidad mixta entre presencial y remota optaron por dejar atrás los cuidados para regresar a los estudios con invitados en piso incluidos.

Los ejemplos sobran. Intrusos volvió a contar con Jorge Rial en los estudios (estuvo un mes saliendo desde su casa) y a recibir entrevistados. Cortá por Lozano reintegró a su conductora y a la mayoría de sus columnistas en el piso de Telefe. El Trece, por su parte, estrenó Mujeres con una de sus conductoras con coronavirus, a la semana otra de ellas se contagió y obligó a aislar a las tres restantes. Curiosamente, la única que continúa en el ciclo es la ya recuperada Roxana Vázquez. Lo llamativo, en términos de rating, es que el nuevo plantel está convocando más audiencia que la formación inicial. Pasa en los mejores equipos.

La actitud de buena parte de la televisión argentina de pisar el acelerador a fondo como si la situación epidemiológica estuviera “resuelta” chocó contra la realidad: aumentan los casos de contagios y fallecidos en todo el país. ¿El “inesperado” resultado? Una cantidad considerable y creciente de profesionales de radio y TV contagiados. Varios de los que agitaban con mayor entusiasmo la perorata anticuarentena fueron alcanzados por el virus.

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La lista de positivos es larga. Guido Kaczka, Marcela Tauro, Claudia Fontán, Eduardo Feinmann, Gustavo López, Juan Carlos Pasman, Catherine Fulop y Santiago del Moro (esta vez le dio positivo), entre otros. Que se suman a Alejandro Fantino, Lizy Tagliani, Andy Kusnetzoff y Baby Etchecopar, entre los más notorios que ya se recuperaron. Pero la tozudez por mantener programas presenciales no solo alcanza a los famosos: expone todavía más a los trabajadores que, fuera de cámara, son objeto de aun menos cuidados y cuentan con menos herramientas para protegerse.

Goles en contra

La señal de deportes TyC Sports y en menor medida su competidora FOX Sports insistieron desde casi toda su programación sobre la necesidad de que los equipos de fútbol volvieran a entrenar. Cabe destacar que la vuelta a la actividad de un plantel de primera división moviliza alrededor de cien personas entre jugadores, cuerpo técnico, utileros, colaboradores y personal de maestranza de los clubes, entre otros. Hasta hablaban de la “cobardía” de los jugadores y entrenadores cuando alguno de estos advertía sobre la inviabilidad de volver a entrenarse en una situación de circulación comunitaria del virus. ¿El “inesperado” resultado? Sólo Boca tiene 18 contagiados, otros equipos afrontan problemas similares y por lo bajo más de un dirigente confiesa que el comienzo del campeonato está en duda. Ahora algunos de aquellos opinadores temerarios dicen estar preocupados por la salud de los futbolistas. Evidentemente, la verdadera burbuja rota es la que construyeron muchos periodistas en los últimos meses.

El show de Mitre

Esmeralda Mitre ya era el personaje más bizarro del Cantando 2020. Pero, para redondear, tuvo un falso positivo. El martes pasado, alguien filtró la imagen del resultado de un hisopado que confirmaba que tenía coronavirus. Rápidamente, se sacaron cuentas para determinar si había concurrido al programa con Covid-19, si era necesario aislar a todos los que participaron con ella en el programa y un sinfin de especulaciones más. Finalmente, se trató de un error de carga: la actriz no tiene ni tuvo Covid-19. No obstante, el episodio sirvió para que recorra todos los programas de TV y advierta sobre una campaña en su contra del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, a quien acusó de complotarse en contra de su carrera –como si hiciera falta– y también de la productora del programa en el que trabaja. Tal vez se trate del episodio más curioso de la interna de Juntos por el Cambio.

La televisión argentina empezó la pandemia acompañando los mensajes de cuidados sanitarios frente a un virus desconocido que infectó a millones de personas en todo el mundo y se cobró miles y miles de vidas. Pero muy rápidamente comenzaron a ganar centralidad los discursos peligrosamente infundados sobre la baja efectividad de la cuarentena, se agitaron movilizaciones con el enorme riesgo que el aglutinamiento de personas conlleva y una conductora hasta tomó una sustancia altamente tóxica en vivo y la propagandizó como tratamiento de salud. Amparados por la dudosa categoría de “servicio esencial” –¿es razonable que esa definición alcance a programas de juegos, por ejemplo?–, la televisión argentina se dejó llevar por la irresponsabilidad, pone en juego la salud de quienes trabajan en ella y fomentan en la sociedad conductas contrarias a los protocolos. «