Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, dice la frase utilizada en el séptimo arte y el mundo de la ficción. Pero el futuro distópico que Paul Auster imagino en su novela de 1987, El país de las últimas cosas, ofrece escenarios cada vez más habituales en todo el mundo: el crecimiento exponencial de grietas culturales, sociales y económicas que destruyen toda esperanza de tener esperanza de una vida apacible. Un mundo lleno de tribulaciones diarias que invita a sentir que no hay salida. En este libro Auster plantea que quizás la única respuesta a ese escenario desalentador sea la posibilidad de encontrar el amor y otros sentimientos nobles para luchar contra una realidad agobiante.

El cineasta argentino Alejandro Chomski realizó la adaptación del libro de Auster el 3 de marzo. Chomski conoció al escritor cuando éste fue la estrella invitada de la Feria del Libro del 2002. En los primeros encuentros y ante el ejército de cartoneros que se cruzaban por las calles porteñas en esos días, ambos coincidieron en que El país de las últimas cosas sería el proyecto que los uniría. “Son veinte años de trabajo en los cuales ha pasado de todo y estamos cada vez más cerca de lo que narra la novela. En ese momento por amigos en común nos conocimos y la situación de nuestro país lo movilizó para plantear en una película lo que había escrito como un futuro terrible. Pero luego de lo que pasó en aquella vez en la Argentina sucedieron muchas crisis en otros países. Hoy el mundo es ese lugar o se parece demasiado”, afirma el director.

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La carrera del argentino recién empezaba (de hecho su ópera prima Hoy y mañana, es de 2003), por lo que la adaptación y las correcciones del autor, el trabajo conjunto para poner en acción el texto, fue tomando su tiempo. “Fui a su estudio a trabajar unos meses, luego nos íbamos hablando y cada tanto retomábamos para discutir cómo seguíamos avanzando. El carácter abstracto de la novela nos obligaba a hacer algo atemporal y hablar un poco de hacia dónde va la civilización humana, sin anclar en nada en particular. Pero siendo realista y planteando que si no paramos la pelota el futuro real puede ser todavía peor que el de esta historia”, plantea Chomski.

La película se estrena durante una pandemia inimaginada. La ciencia ficción que se desarrolla en el relato incluye un popurrí de situaciones que exceden esta circunstancia, pero que igual nos interpelan. “Nadie sabe en qué va a terminar todo esto, pero la película muestra la lucha de los protagonistas para intentar sobrellevar eso, desde la nobleza de los sentimientos positivos que tenemos más allá de lo destructivo que somos como especie y como la naturaleza a veces nos devuelve la violencia que ejercemos sobre ella”.

La decisión estética de que sea un film en blanco y negro, así como la participación de actores de distintas nacionalidades, fue deliberada para darle un carácter global. “Para jugar con la idea del Arca de Noe y de rescatar aquello que vale la pena de cada cultura. Es una analogía que pone sobre la mesa el debate si el ser humano tiene salvación o la idea de progreso solo lleva a ese lugar imaginario que todo es sufrimiento.” 



El país de las últimas cosas

Una adaptación para cine dirigida por Alejandro Chomski de la novela de ciencia ficción homónima que Paul Auster publicó en 1987. Estreno: 3 de marzo. En cines.