La música marcó a Emilio del Guercio desde chico. Y esa huella tiene el recuerdo entrañable de sus amigos de la adolescencia: Luis Alberto Spinetta, Rodolfo García y Edelmiro Molinari, con quienes además de recorrer las calles de Núñez y Belgrano formó Almendra, una de las bandas fundacionales del rock argentino de la que fue compositor, bajista y cantante.

—Almendra tenía un gran refinamiento tanto en lo lírico como en lo musical. ¿Cómo era el trabajo de composición?

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—Cada uno traía cosas concretas y luego aportábamos todos. Era algo totalmente democrático, no había escalafones entre nosotros. Almendra buscaba siempre la excelencia y eso nos marcó. Por eso toda la carrera de Luis tiene solidez, porque nunca bajó de allí, siempre intentó superarse.

—De esa labor conjunta, ¿cuál fue el aporte fundamental de Spinetta, su marca más reconocible?

—Él buscaba una profundidad enorme en las letras, en las armonías y en las melodías. Nosotros disfrutábamos de hacer cosas juntos, entre los cuatro le dábamos forma a las canciones y creo que lo más especial que tenía Luis era dejar crecer aquello sin anteponer el ego.

 —Después de la separación en 1970 y los discos Almendra y Almendra II, ¿cómo se dio el reencuentro en los ’80 y la grabación de El valle interior?

—Estábamos en otra etapa, con más experiencia. En mi caso, yo había formado Aquelarre. En diciembre del ’79 nos juntamos, giramos por todo el país y luego paramos. Nos ofrecieron hacer otra gira, entonces le dijimos al productor: tenemos que tener canciones nuevas. Y viajamos a Los Ángeles a grabar. Me acuerdo que sugerí el título y a todos les encantó. No es nuestro disco más escuchado, pero lo considero uno de los de mejor nivel.

—¿Cuál es el legado de Almendra?

—En ese momento, cuando arrancamos, no nos dimos cuenta de lo que significaría el grupo ni de lo que sería Luis como figura, con su talento incalculable. Nunca nadie nos dijo qué grabar, teníamos una convicción tan fuerte acerca de lo que teníamos para decir. Y así llegamos hasta donde llegamos. Luis nunca buscó causar efecto en otros, sólo mostraba su mundo interior. Todo en él era auténtico y real. Ese es su legado. Componía lo que le salía del corazón. «