Podrá a sonar a fórmula remanida, pero en este caso la descripción se ajusta a la verdad más llana: Esther Goris es una de las actrices argentinas que más se destaca por tener “una larga trayectoria en cine, teatro y televisión”. Pero la observación sería injusta si apenas se piensa en una cronología: porque no sólo cómo intérprete, sino también como dramaturga y guionista, desde sus comienzos en los años 80 Goris fue, sobre todo, muy prolífica en su labor. “Salvo durante la pandemia, nunca dejé de trabajar”, dice aún con cierto asombro. “Siempre me constituí en torno al trabajo. Para mí no tener trabajo fue no sólo devastador en el sentido económico, sino también personal. Pero como quien dice, ‘soy gacuchita’, así que le puse el pecho a las balas y traté de estar lo mejor posible”.

Para la actriz, volver a las tablas con una nueva versión de Mujeres en el baño, la obra escrita y dirigida por Mariela Asensio, fue especial en más de un sentido: “Estoy muy contenta porque no tuve muchas oportunidades de hacer de ama de casa, y además, jugando con el humor”. Es que tanto en la memoria del público como en su currículum se acumulan interpretaciones de mujeres rotundas, “fuertes”, entre ellas muchos personajes históricos, como la Evita que encarnó en Eva Perón: la verdadera historia, la película deJuan Carlos Desanzo con guión de Juan Pablo Feinmann que le valió el premio Cóndor de Plata como mejor actriz. En esta puesta de Asensio, en cambio, se pone en la piel de alguien muy diferente. “En la obra se ve a cinco mujeres muy distintas entre sí, que exponen en primera persona sus conflictos, su manera de ver el mundo, y lo hacen desde el lugar tradicional al que las arrojó esta sociedad patriarcal en la que vivimos. Pero lo bueno es que ellas no se sienten cómodas ahí: entonces temas como el amor, el sexo, el cuerpo, el erotismo se ponen sobre la mesa y nos preguntamos qué pasa con nosotras, pero lo hacemos desde el enojo, la disidencia con esos lugares. Y siempre con humor”.

Aunque prefiere no develar mucho, su personaje se explaya junto al de una adolescente instagrammer obsesionada con la belleza, o una mujer hastiada de sentir la mirada de los otros por ser gorda, por sólo citar a algunas del quinteto. La obra de Asensio, estrenada hace 15 años, regresó a escena aggiornada a los tiempos que corren. En el caso de Esther Goris, esta “señora de su casa” se mimetiza con los electrodomésticos. “Creauna relación simbiótica con la multiprocesadora, tal cual ella dice. Es sumisa, pero va a tener una rebelión al final respecto a sí misma y a lo que piensa hacer con todo lo demás”.

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–Como finalmente harán estas mujeres de la obra, pareciera que vos también siempre dijiste lo que quisiste, ¿es así?

–No necesariamente. Pero traté siempre de perseguir ese objetivo y fue una de las cosas por las que más luché. Ser consecuente con lo que pienso, decirlo y actuar de modo tal de no contradecir aquello que digo. Igualmente, no me estoy haciendo la heroína y además hay coyunturas, realidades que a veces no nos permiten ser siempre consecuentes. Pero en tantos años de carrera, la verdad que siempre lo intenté. Sé que no suena modesto, pero creo que es una cocarda que me gané.

–Hablando de patriarcado: ¿te sentiste alguna vez postergada por ser mujer?

–No lo sentí con toda la intensidad que debiera haberlo sentido. Cuando miro para atrás, ahora más que nunca sí lo veo. Antes estaba habituada a unas maneras de pensar y de sentir que no son las actuales. Quizás me parecía que era normal que las cosas fuesen así.

–¿Cosas como qué?

–En nuestro país y en todo el mundo, las mujeres somos las que más miramos ficciones, y sin embargo la mayoría de las producciones tienen como protagonistas a los hombres, si bien eso está cambiando. Entonces, si una piensa en un actor de 50, 60 o 70 años, puede encontrarlo en el momento más prolífico de su carrera. Con las actrices eso no pasa, si bien, insisto, está modificándose. Pero siendo muy sincera con la pregunta, creo que yo no advertía todo esto. Siempre seguía para adelante, trabajando. Ya sea cuando me convocaban o cuando yo misma desde la autogestión creaba oportunidades. Estaba muy ocupada en eso y percibía poco de esta realidad que ahora veo tan despareja.

–¿Y por tus convicciones políticas te sentiste dejada de lado?

–En ciertos momentos percibí un afecto muy grande y en otros, desde algún sector, sí, sentí un destrato o maltrato. Pero digamos que en mi caso la sangre nunca llegó al río, pero siempre duele mucho. Porque el actor y la actriz van por el mundo buscando la aprobación y el cariño de los otros, en líneas generales, y no es nada lindo ver que el cariño que una se ganó en tantos años de profesión se vea coartado por la dichosa grieta. Una grieta que desde siempre estuvo en nuestro país, pero no se manifestaba. En los años 90 nadie hablaba de política, todos éramos más o menos antimenemistas (risas). Siempre manifestar lo que uno piensa, en cualquier ámbito, íntima o públicamente, tiene un costo. Y el precio siempre es alto. Yo ya lo sabía, pero por otro lado tampoco se puede tomar demasiado en serio a alguien que quiera zafar siempre de eso. Y si me comparo con otras personas, lo mío es una tibieza. 

Foto: Prensa

Se dice de mí

Yendo a la memoria emotiva pero en este caso, la del público, más allá de su talento Esther Goris es la actriz de los vestidos y collares largos, el maquillaje recargado, las boquillas en la mano y por supuesto, los sombreros. Aunque su paleta interpretativa es rica, tanto en cine, teatro o las telenovelas en las que ha participado se cuentan muchos de estos personajes apasionados, a veces exóticos.

–¿Por qué creés que interpretaste tantas “mujeres fuertes”?

–La verdad es que me llamaron para hacer de María Félix, Coco Chanel, Evita… Como digo siempre: mujeres de antorcha en mano. Menos la Estatua de la Libertad, las hice a casi todas (risas). Digamos que me tocaron mujeres que pensaron de manera independiente a la del hombre, y que también eran consecuentes con lo que decían, pero de un modo que no tiene ni comparación con lo que yo comentaba hace un momento sobre mí misma. Mujeres que han pagado por su independencia un precio altísimo, pero que a su vez lograron estar a la altura de su propio destino. Creo también que me convocan, seguramente, por los roles con los que empecé a trabajar, y eso marcó una línea predominante. Por eso disfruto tanto, ahora, de hacer humor.

–¿Cómo te llevas con los feminismos de la actualidad?
–Pienso que aún con nuestras diferencias tenemos que construir para el mismo lado. Si yo miro para atrás, más allá de mi modo de ver o sentir la realidad, veo el desarrollo de una vida en la que quizás, pienso, me ayudó el hecho de que en mi casa la proveedora fuera la mujer. Si bien mi madre y mi padre, los dos, trabajaban muchísimo, la que aportaba la mayor cantidad de dinero a la casa era mi madre, y mi padre era muy respetuoso de la mujer. Éramos de clase baja, pero aunque se crea que en las clases bajas hay más machismo, eso no es así. Yo creo que eso me facilitó un poco las cosas, el que naturalmente haya visto ciertas cuestiones de otra manera.Sin embargo, metí la pata muchísimo, y eso que tenía un accionar bastante feminista en mi vida y en mis trabajos (ver recuadro). Pero no escapábamos a las generales de la ley. Aún manteniendo esta actividad y sosteniendo determinadas consignas la pifiábamos, o al menos yo.

–¿En qué?

–En que naturalizábamos cosas que ahora nos escandalizan. Por ejemplo, las historias que se contaban eran sobe varones y no lo advertíamos. Era así, con la misma naturalidad con la que una vive la Navidad y la muerte (risas).

–¿Cómo ves el panorama política y social?

–Dificilísimo. Ya nada más hablando de la deuda que nos dejaron… Esa sí que es la pesada herencia, Dios mío. Y exacerbada por una pandemia. Es una de las situaciones más críticas que hemos tenido en los últimos años, y dentro de un panorama mundial terrible. Pero sin dudas, la nuestra, nuestra realidad, es acuciante.


Mujeres en el baño

Dirección y dramaturgia: Mariela Asensio. Con Esther Goris, Maida Andrenacci, Laura Conforte, Laura Cymer y Karina Hernández. Viernes y sábados a las 22.15 en Teatro Picadero, Enrique Santos Discépolo 1857.


Una personalidad multifacética 

Esther Goris comenzó su carrera de muy joven, a principios de los años 80, con un papel en teatro que hasta hoy la actriz recuerda: fue la Salomé de la obra homónima de Oscar Wilde. De entre la gran cantidad de producciones en las que trabajó, en televisión cabe mencionar Zona de riesgo, Los especiales de Doria, Epitafios y más recientemente, La leona. Como autora, a principios de los 90 escribió la recordada tira Cartas de amor en cassette. En cine, además de Eva Perón y entre muchos otros, filmó Yo soy así, Tita de Buenos Aires; El día que Maradona conoció a Gardel; y Ni Dios, ni patrón, ni marido. En este último caso, además de actriz también fue guionista junto con la directora de la película, Laura Mañá. “Está basada en el famoso diario feminista de las trabajadoras de principios del siglo XX y lo rodamos con un elenco increíble, entre los que están Jorge Marrale, Laura Novoa, Daniel Fanego y tantos y tantas más”. En su rol de escritora, Goris editó en 1999 Ágatha Galiffi, la flor de la mafia, la novela basada en la historia real de la delincuente rosarina.
Antes de Mujeres en el baño, fue parte de Sex, viví tu experiencia y Atracción fatal.  Hoy, la actriz reconoce que la ficción pasa por el streaming, un soporte que aún no exploró aunque deja entrever, con entusiasmo, que existe un poyecto en puerta.


Más allá del mito de Evita

Sin dudas, el papel de Eva Perón en la película de Juan Carlos Desanzo fue para Esther Goris un momento decisivo en su carrera. Acompañada de Víctor Laplace en el rol de Juan Domingo Perón, la actriz forjó una interpretación, veraz, profunda y muy lejana a los estereotipos de una de las figuras más trascendentales de nuestra historia. “Tuve un sólo mes par estudiar a Eva, desde que me eligieron hasta que filmamos. Lo que pude hacer fue mirar material de ella, todo lo que había, que en ese momento era poco. Internet no era tan masivo a fines de los 90 y no había tanta información allí, así que era material del Archivo General de la Nación. Tampoco era tanto lo que yo conocía sobre Evita, más bien lo que descubrí fue casi todo. Pero más que nada, lo que me quedó es que más allá del mito, Eva Perón fue una política, una mujer de carne y hueso que tuvo una ideología y fue consecuente con ella y tomó decisiones políticas. Y creo que no hay que olvidarse de eso.