En la esquina del Luna Park hay mujeres y hombres residentes de los centros de integración Frida y Monteagudo, paradores de la ONG “Proyecto 7” para gente en situación de calle. Reparten volantes que cuentan cómo se organizan y las necesidades económicas que padecen. Es sábado y llueve mucho. Adentro faltan pocos minutos para que Fito Páez presente oficialmente “La ciudad liberada”, su último disco.

El estadio está preparado con butacas numeradas. La forma de semicírculo del escenario completa una estética cercana a la de los teatros populares. Una pantalla enorme detrás del escenario, otras dos a los costados y el piano en el centro es toda la escenografía. El plato fuerte de la puesta en escena serán las imágenes, videos y animaciones preparadas para cada tema.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

Si bien la excusa era la presentación de “La ciudad liberada”, el shows del sábado incluyó un generoso repaso por lo mejor de la carrera de Páez. Todo empezó con la intro instrumental de “Ciudad de pobres corazones” (1987) y pegada llegó “La ciudad liberada”. Páez es un observador agudo y 30 años después las postales siguen resultando dolientes.

Esta vez no hizo falta un discurso enardecido ni un comentario sagaz. Desde el público y en un momento en el que Fito no estaba sobre el escenario, sonó alto y fuerte el hit del verano: MMLPQTP. El clima de fiesta general no excluyó la necesidad del público de dejar algunas cosas claras.

Si el movimiento Ni una menos está presente en “Aleluya al sol”, segundo tema en la lista, el hipertexto es inevitable al recordar el femicidio de la abuela y tía abuela de Fito y la mujer que las acompañaba, que dio origen a “Ciudad de pobres corazones”.

La lista de temas que construyó fue la forma que Fito eligió retratar este presente. “Naturaleza sangre”, “El ataque de los gorilas”, “El amor después del amor”, “Dos días en la vida”, “Polaroid de locura ordinaria”, “Navidad negra”, “Plegaria”, “Tumbas de la gloria”, “La mujer torso y el hombre de la cola de ameba”, “Circo Beat” y “A rodar la vida”, entre otros, marcaron un norte que no sólo incluyó lo musical. En total la banda tocó 27 temas.

El clima del recital fue caliente desde el primer momento y ganó en euforia minuto a minuto. Hacia la mitad de la noche comenzó a sonar “Islamabad”, de claras reminiscencias árabes, y aparecieron en escena un grupo de bailarinas vestidas con burkas. Se movían coordinadas hasta que el clímax de la canción generó que se desvistieras hasta quedar en ropa interior de encaje. Tras esa transformación drástica bailaron y recorrieron el escenario con movimientos sensuales y coreografiados. La performance incluyó personas con diversas identidades de género, circunstancia que Fito destacó al concluir el tema. Fue un momento intenso del show por la puesta en escena y por la potencia de la canción.

Otro punto alto de la noche fue cuando terminó de sonar “Brillante sobre el mic” y Fito habló de los centros de integración Frida y Monteagudo, de Proyecto 7. “En esta puta y amada ciudad hay mucha gente viviendo en la calle”, destacó Fito y detalló las particularidades del Proyecto 7. Agradeció a quiénes habían traído cosas para colaborar y recordó que en la otra función también estarían recibiendo donaciones para los centros de integración.

Comenzó “Ciudad de pobres corazones” y Juani Agüero (guitarra) se lució con un solo, por lo que después Fito pidió un fuerte aplauso. La banda de Páez se completó con Diego Olivero (bajo), Juan Absatz (teclados), Gastón Baremberg (batería), Julieta Rada (voz) y Fabiana Cantilo (artista invitada y “eterna princesa cósmica”, según palabras del rosarino).

El momento más íntimo de la noche fue precedido de un pedido y una explicación. Fito aseguró que le costaba recibir aplausos y pidió silencio total para hacer realidad una idea. El rosarino se despachó con una versión a capela –¡y sin micrófono!– de “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, que se escuchó fuerte, clara y emocionó a propios y ajenos.

Fue un recital en el que Páez brilló, la lista de temas fue contundente y efectiva, y el sonido acompañó sin fisuras. Fito sigue alimentando una leyenda que construyó con canciones y su capacidad para retratar momentos oscuros.