Hay recuerdos que por muy traumáticos pueden permanecer para siempre en la vida de quienes lo experimentaron. Esa podría ser la raíz de una historia que arrastra muchos paralelismos con la vida real y que tienen implicancias en múltiples geografías. La Chancha (el nuevo film del realizador Franco Verdoia que llegará a su estreno formal por medio por medio de la señal CineAr el próximo jueves 28 de mayo a las 22) hace foco en un hecho doloroso de un niño que hoy, un individuo adulto, no puede ser olvidado.

Ese hombre es Pablo (interpretado por Esteban Meloni), un joven padre de familia que sale de vacaciones con su esposa (la brasilera Raquel Karro) y llega a la provincia de Córdoba, su lugar de nacimiento, con el objetivo de mostrarle a su mujer y su joven hijo los paisajes de esa geografía de nuestro país que fueron parte de su niñez.

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Pero al llegar a ese lugar descubrirá que la persistencia de un trauma forjado en esos primeros años de su vida lo persigue sin pausa, y que esa sensación encuentra en la figura del personaje que encarna Gabriel “Puma” Goity a su máximo responsable. La Chancha, una coproducción entre Brasil y Argentina, se erige como todo un film de hondo calado dramático y psicológico, en el que por medio de la ficción se recorre un relato biográfico y personal que involucra al director del film y a las huellas de una situación del pasado que hoy se transformaron en puro relato cinematográfico. “Hoy en día y con todas las cosas que nos pasan, creo que hay que llegar a la gente como sea. Más allá de la pandemia o sin ella, lo importante en esta parte del mundo sigue siendo llegar”, dice Gabriel Goity a pocos días de la primera emisión de La Chancha en el ámbito local.

–Con las salas cerradas por la cuarentena, afortunadamente la película llegará a su estreno formal por el Canal CineAr y su plataforma online.

–Por suerte ahora se abren otras posibilidades para estrenar, como por ejemplo la oportunidad de hacerlo primero por CineAr. Esto es algo que la película se merece por la calidad de su director y su historia, pero también para que llegue a la gente y la pueda apreciar. La verdad es que estoy muy contento de que nuestro laburo pueda finalmente circular. Conozco la existencia de muchas películas que ni siquiera van a poder ser estrenadas de esta forma, así que imagínate que celebro esta posibilidad, algo así como la alegría de la necesidad.

La Chancha te exhibe dándole vida a un personaje oscuro. ¿Eso fue lo que más te atrajo para interpretarlo?

–Es difícil hablar de eso sin contar mucho. Artísticamente es maravilloso mi personaje, aunque a ese individuo que encarno en pantalla representa a personas que existen, que son tipos comunes, amables y afables, y hasta podría decirte que son queridos en su barrio, pero de los que hay que tener cuidado porque esconden cosas. Este tipo de sujetos son los que uno menos se imagina que pueden llegar realizar cosas verdaderamente horribles, pero cuando leí el libro dije que sí enseguida porque a mí me encanta trabajar estos personajes. No soy de los actores que se toman su tiempo, no me doy esos lujos, entonces cuando me llega una propuesta de un director que quiere trabajar conmigo me pongo contento porque me gusta trabajar con gente. Muchas veces te llega un gran libro pero no te cae bien la persona, algo que no sucedió con un director como Franco porque después de tener una charla personal me cayó bárbaro. Yo valoro a las personas siempre en primer lugar más allá de lo bueno que me ofrezcan. A partir de eso, si leo el libro y está bueno, entonces vamos. Y si no lo está tanto nos podemos poner a ver en qué lo mejoramos. Esa es mi política de laburo.

–El director de la película dejó en claro que esta propuesta tiene tintes de características biográficas más allá de pasar por el tamiz de la ficción. ¿Cómo te enteraste de eso?

–Me enteré en el set porque el cine tiene eso de convivir muchos días con gente trabajando varias horas. Tuve muchas charlas con Franco, hasta que una noche me contó que en lo que trabajábamos se trataba de una experiencia personal y que en una sesión con su terapeuta éste le propuso contar todo lo que le pasó cuando era chico. Sería algo así como hacer un libro, y él lo enmarcó dentro de las características que cuenta la película. ¿Qué le pasaría a un personaje que luego de treinta años se encuentra en una situación fortuita con su victimario? Bueno, por ahí debe haber surgido todo. Y como te decía antes, se trata de un victimario que es una persona común, un tipo de pueblo, que ayuda a los demás. A mí el gesto de Franco me pareció muy rico, sumamente valiente y digno de un artista al que hay que tenerle respeto. Fundamentalmente porque un artista es aquel que muestra lo que la vida hizo con él. Una cosa es alguien que actúa a pedido y otra el que tiene la valentía de mostrarse como es. Por eso quería estar a la altura del guion que escribió Franco y de su claridad de conceptos y de personajes. Haber sido dirigido por él fue maravilloso.

–Franco fue carne de mucho de lo que se cuenta en la película. ¿En algún momento te dio instrucciones precisas para realizar a tu rol?

Mi personaje está muy claro desde el guion, pero fuera de esto, su pedido era que interpretase a un tipo común, alguien sencillo al que podés conocer cuándo vas a veranear y compartís algo, se puede charlar, sensible y hasta es muy gauchito. Ahora bien, lo que menos te podés imaginar es que se esconde un monstruo, así que se trabajó en eso. Obviamente, hay un momento en que el monstruo muestra sus pezuñas, porque las personas siempre muestran a su monstruo, así que había que capturar eso pero con sutilezas. Ahí, cuando el personaje se hizo verdaderamente presente es cuando conté con el director, pero para eso tenés que tener armado el personaje, y los que tenemos la suerte de trabajar con buenos directores nos damos cuenta que ellos hacen más fácil las cosas que son verdaderamente difíciles. Me gustó construir un personaje que parece normal, pero esconde a un monstruo.

–¿Hiciste algún trabajo especial o de campo para la construcción de ese individuo o conociste a alguien así?

Uno esobservador, más allá de haber andado por la vida en diferentes lados y ha visto a estos personajes. De alguna manera, los estafadores son así, los que menos te imaginás que van a actuar de esa forma. ¿Pero cómo este tipo pudo haber hecho eso? Eso es algo que te preguntás cuando te sucede lo que te sucede con ellos. Pero sí, sin duda alguna me remitió a gente que uno ha conocido, a conductas, pero también a la información que Franco escribió lo que y su equipo me brindó. La verdad es que no tenía excusas (risas) para no hacerlo bien a quien interpretaba. Todo fue muy claro y eso es algo que agradezco, fundamentalmente porque los actores somos personas que nos hacemos muchas preguntas. Por ejemplo, cuando te llaman para trabajar uno se pone contento por eso, pero por otro y cuando estás en el set te preguntás cómo encaro esto. Eso es lo bueno de tener un buen director como él, sobre todo porque nadie más que él sabe lo que se va a contar. Es una alegría muy grande porque es una gran persona.

–Volviendo un poco a la problemática de los estrenos, las películas locales conllevan un gran esfuerzo por parte de sus realizadores pero sus producciones rara vez llegan a alcanzar más de una o dos semanas en cartelera. ¿El cine argentino está obligado a tener una vida corta?

-Salvo las grandes producciones que se muestran como la excepción a la regla, el resto va al Gaumont y en muchos casos no es posible llegar ahí. ¿Qué querés que te diga entonces? Es común encontrarse con gente que te dice: “Mirá, la vamos a estrenar en una docena de salas pero los sábados a las 3 de la mañana”. Ahora hay un espacio político al que tenemos que aprovechar porque es mucho más comunicativo con los actores del país, sobre todo porque observa de muy buena gana a lo que tiene que ver con las artes escénicas, visuales y artísticas. Así que creo que es un momento histórico que tenemos que aprovechar de alguna manera para lograr tener un espacio donde el cine argentino pueda tener sus salas y espacios varios de naturaleza digna. Todos sabemos que hay un lugar de exhibición que se le relega al cine argentino y que es manipulado de forma cruel por quienes manejan los grandes mercados. Yo celebro y me pone contento que se busquen alternativas para los estrenos con la llegada de la pandemia, pero me parece que no tenemos que conformarnos porque tenemos que hacer algo para generar la voluntad política y  darle al cine argentino la cantidad de espacios y horarios que le corresponden. Si no lo hacemos estamos fritos.


La chancha. Dirección y guion: Franco Verdoia. Actúan: Gabriel Goity, Esteban Meloni, Raquel Karro, Gladys Florimonti y elenco.  Estreno: jueves 28 a las 22 por la señal CineAr, la pantalla televisiva del INCAA. Al día siguiente desde las 9 am y por siete días de manera gratuita por la plataforma CineAr.Play (http://cine.ar)