Con tres programas de radio por semana y una intensa actividad como músico, los días y horas del protagonista de esta entrevista están lejos de la monotonía. No es una sorpresa. Desde hace casi tres décadas Marcelo “Gillespi” Rodríguez demuestra una curiosidad innata y una plasticidad que le permitieron hacerse un lugar destacado en la música, la radio, la televisión y el mundo editorial. La pandemia impuso sus restricciones, pero Gillespi se las sigue arreglando para no detener su motor.

Ya sea de la mano de Alejandro Dolina (a quien acompaña desde hace 14 años en La venganza será terrible, martes a sábado de 0 a 2 am, AM750), en tándem con Valeria Weisse en El frasco (lunes a viernes de 15 a 17, Radio Provincia AM1270) o en su faceta de entrevistador en La hora líquida (martes de 20 a 21, Nacional Rock FM), lo cierto es que Gillespi siempre está ahí, al alcance del dial.

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Más allá de todo ese amor por el éter, hace pocos días lanzó Holy Rood (una traducción rápida podría ser Santa Cruz), su flamante álbum que ya puede escucharse en las plataformas musicales. Son siete tracks instrumentales grabados y ejecutados en su totalidad por Gillespi, que transportan al oyente a un espacio intimista, pero que al mismo tiempo podrían ser una banda de sonido reflexiva sobre el signo de estos tiempos.

“Poder sacar un disco nuevo en la época en la que vivimos no es poco. Afortunadamente y para mi sorpresa, este es un álbum que arrancó muy bien. En las redes está teniendo muchas escuchas, me sorprendió la rápida respuesta de la gente. Mi idea original con este disco era publicar simplemente una música en la que estuve laburando, me refiero a experimentos en los que trabajé el año pasado, en plena pandemia. Antiguamente, yo tenía ciertos prejuicios al publicar estas cosas. Años anteriores en los que estuve trabajando con músicas similares las fui modificando paulatinamente o guardando. Pero esta vez decidí respetar la impronta original, es decir, grabar en el estudio que tengo en casa y editarlo respetando su pulso original, sin cambios ni manipulaciones posteriores”, señala Gillespi sobre lo que hoy conocemos como su nuevo disco.

–¿Cuál es el origen de Holy Rood?

–Surge de la necesidad de cada vez tener más libertad, algo que vengo buscando desde hace años. Ese podría ser el leitmotiv de este disco, pero es un proceso que vengo transitando en el último tiempo. En la música siempre hay condicionamientos que aparecen, cuando estás en un sello discográfico están las opiniones de muchos de ese medio, pero también aparecen las de los músicos. Un poco me fui agobiando de todo eso porque terminás haciendo concesiones. En un momento empecé a darle más bola a las ideas primitivas, sobre todo a las que aparecen cuando grabo, algo que hago todo el tiempo. Yo digo que soy un embole en los encuentros sociales porque no miro tele ni series: no estoy al tanto de las cosas sobre las que suele hablar la gente.

–¿Entonces te hacen tocar?

–Sí (risas). Digamos que este disco es más simple de lo que hice antes porque son las ideas que fui armando en una tablet, aunque después las fui desarrollando más.

–Los discos suelen rescatar momentos. ¿Qué instancia refleja Holy Rood?

–Es una buena foto de mi presente. Estoy en plena búsqueda musical, que a lo mejor tiene que ver con la edad que tengo y el camino recorrido. Estoy buscando mi sonido definitivo, que no es específicamente del mundo del jazz, ni del funk, ni nada de eso. Estoy hurgando en mi interior para ver dónde está mi música. En este disco vas a encontrar que hay, insólitamente, poca trompeta. Hasta te diría que es un álbum más de guitarras y teclados que de trompetas.

–Pura catarsis, entonces.

–Sí, por supuesto. Y me dio una muy buena excusa para pasar muchas horas tocando, y eso fue algo que a mí me sirvió mucho. Esta situación de la pandemia es una prueba de fuego para la templanza de todos. Tenía dos alternativas: una era estar muy pendiente de toda la cosa informativa que te trae ansiedad, angustia e impulsa a volverse loco. Y la otra era hacer algo, distraerse, así que yo me puse a hacer este disco. No extrañé el proceso de ir a un estudio externo a grabar ni nada de eso, sobre todo porque sentía que tenía que bucear en mi concepto, y creo que ese trabajo de introspección fue piola, me hizo bien.

–En Holy Rood  sobrevuela una atmósfera por momentos melancólica. ¿Lo sentís así?

–Absolutamente. Creo que hay tristeza ahí adentro, coincidió con la muerte de mi madre después de un período de internaciones. Siento que la muerte aparece, algo que todos tenemos más o menos cercano en este presente. Las malas noticias que implica una pandemia, la enfermedad de algún amigo, un poco de todo eso está presente en el disco.

–Este año arrancaste con El frasco, tu nuevo programa de radio. ¿Te planteás algo especial para esta propuesta?

–El formato del programa lo pensé en base a mi realidad paralela. No quería hacer algo periodístico o que tuviera una agenda actual ya que no es mi perfil, entonces El frasco refleja el mundo donde yo vivo, aunque tampoco es que estoy ausente de todo porque por la mañana suelo ver en qué está el mundo. Yo no podría hablar ni dos minutos con un político, así que no quería hacer un programa de los que ya hay muchos en la radio. Por eso El frasco te muestra alternativas como, por ejemplo, movidas de ONG copadas, artistas de cualquier disciplina… Elegimos ir por ese lado.

–En La hora líquida, el programa semanal que hacés desde el año pasado, estás bien plantado como un entrevistador. ¿Sentís que con el tiempo vas desarrollando esa faceta?

–El programa va creciendo como un monstruo, e incluso ya tiene unos cuantos fans. Ahí aparece lo curioso que soy porque me parece que la conversación puede ser un arte: tiene reglas e hilos que se manejan invisiblemente. Trato de ir por cualquier lado, por más que sepa hacia dónde me dirijo, y mantengo una política psicoanalítica de no hablar con el entrevistado ni antes ni después del aire. Aunque eso me haga quedar como un mala onda. Hace poco hicimos el programa con Martín Buscaglia y él me confesaba que durante la charla pensó en conceptos de los que nunca había hablado, así que vamos bien con el ejercicio del pensar. Tal vez venga de mi pasado como estudiante de psicología.

–Con Dolina llevás unos 14 años haciendo La venganza será terrible. ¿Sigue sorprendiéndote como en un principio?

–Sí, el Negro es definitivamente asombroso y me sigue sorprendiendo. Es una persona con una curiosidad voraz por lo cultural, algo que se manifiesta en sus múltiples lecturas, por ejemplo. Lee mucho de ciencias, de divulgación científica, estuvo muy copado con la física cuántica… Es sorprendente. Su historia se va complejizando día a día. Sus recursos para hacer el programa son casi infinitos.

–Claro, cómo no sorprenderse.

–Puede arrancar desde un comentario cualquiera y terminar haciendo un mini tratado de cualquier tema. Hasta parece que lo que trabaja en ese momento estuviera escrito. O de repente puede empezar a desarrollar un humor desopilante. Hacer radio con Dolina es como tirar paredes con Messi: algo mágico. Todas las jugadas malas que uno pueda hacer el tipo te las resuelve siempre. Nosotros podemos devolverle algo bien o más o menos, pero él construye un edificio a partir de eso. Vos fijate que el primer bloque del programa dura una hora sin cortes. Y en el 90 por ciento de los casos llegamos a un punto donde el humor se hace casi hilarante. Por ejemplo, la producción le hace llegar unos recortes de revistas que ni nosotros conocemos, él los lee al aire y hace una hora de radio sin parar. Y los oyentes alucinan. Tengo una enorme fortuna de seguir trabajando con él después de todo este tiempo. «

Gillespi en foco

Holy Rood. Nuevo álbum de Gillespi. Disponible en plataformas musicales. El Frasco. Gillespi junto con Valeria Weisse, Miri Molero, Quique Castagna y Martín Postiglione. Lunes a viernes de 15 a 17 por AM1270. La hora líquida. Martes de 20 a 21 por Nacional Rock FM 93.7.

La pasión por el jazz y el distanciamiento del rock

Holy Rood exhibe otra forma de ver al jazz en 2021 por parte de Gillespi, donde los climas reflexivos siempre están presentes. Consultado por cuál sería la interpretación correcta del nombre del álbum, admite que se vincula “con un período intenso en el que están las pérdidas de seres queridos y las experiencias de este último tiempo. Viene por el lado de un viaje, pero del que no voy a hablar mucho más porque está presente en la atmósfera del disco”, puntualiza. ¿Y qué hay de su conocida relación con el mundo del rock? Desde sus colaboraciones en los ochenta con Sumo, pasando por Divididos, Las Pelotas, Gustavo Cerati y un largo etcétera, su sonido de trompeta fue siempre requerido, sobre todo por su capacidad para adaptarse a diferentes propuestas dentro de un mismo estilo. ¿Cómo ve entonces al rock en estos días donde parece que el género está agazapado frente a otras propuestas? “Es verdad que está así, como expectante, al menos el rock como yo lo conocí. Pero cada tanto descubro a alguien de forma fortuita porque perdí un poco el enamoramiento con el rock. Escucho a gente con talento, como Lucio Mantel –aunque no sé si es rock–, Eruca Sativa, Barbi Recanati o El Mató a un Policía Motorizado, que fue un descubrimiento reciente para mí pero que me pareció una banda excelente”, destaca.

Y en las librerías también

Aunque más esporádicamente que sus trabajos en la música y la radio, Gillespi también incursiona en el mundo de los libros. Con cuatro de ellos editados y disponibles en librerías (el último es Sal si puedes, historias del rock argentino, editado en 2017), su pasión por aportar una mirada sobre situaciones, objetos y vivencias cosechadas siempre lo llevó volcar sus percepciones de manera escrita. La primera vez que lo hizo fue con Blow (2009), donde por medio de crónicas analizaba y relataba su relación (y la de sus colegas) con la trompeta. Más tarde vino El artesano del miedo: Narciso Ibáñez Menta (2010), un libro escrito en tándem junto con Leandro D’Ambrosio, donde desataban su fanatismo por el célebre actor español nacionalizado argentino, referente del género terror. Posteriormente llegó Manual animal de la sexualidad humana (editado en 2015), donde lograba hacer reír con tópicos sexuales sin necesidad de golpes bajos. “Tengo un camino sinuoso o una producción algo ecléctica con todo lo literario. En ese plano yo soy bastante crítico, especialmente del primero y del último libro que saqué: hoy por hoy, los habría hecho de otra manera. Voy a volver a sacar Blow, pienso escribirlo otra vez e incorporar datos y gente que faltaban», puntualiza el músico.