Nada nuevo hay en afirmar que el paso del tiempo es una obsesión tan humana como inexorable. Pero para aquellos y aquellas que ganaron popularidad como entretenedores de un negocio destinado a empatizar con la juventud, la eterna disquisición filosófica puede volverse, quizás, mucho más terrenal y antipática. Sin embargo, a veces las percepciones escapan de lo previsible y encuentran otros sentidos. Antes de su presentación del próximo 29 de abril en el Teatro Broadway, y sin renegar del lugar que ocupa desde hace tiempo en el imaginario de la gente, Iván Noble refuerza positivamente la perspectiva que le dieron los años sobre la vida y la profesión.

“Cuando tenía veintipico empecé a cantar de carambola: era un gran plan para el fin de semana. Como tantos otros, crecí escuchando rock. Después se dieron algunas coordenadas y lo que empezó como un juego terminó siendo un oficio, aunque también es cierto que le pusimos mucho esmero y empeño”, dice acerca de sus inicios con Los Caballeros de la Quema, el grupo que formó parte de la heterogénea renovación del rock argentino en los ’90. “Hace mucho que no me pregunto qué sigue siendo el rock, qué territorio ocupa o qué es para los pibes hoy. Me parecen discusiones cada vez más bizantinas. Agradezco haber crecido en esa cultura y agradezco que no haya sido la única, sino una de las tantas que me interesaron. Porque también me gustan otras cosas y otros estilos. Para mí, todo se resume al oficio de hacer música”.

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Como le sucedió a gran parte de sus colegas, el último trabajo de Iván Noble, El arte de comer sin ser comido, su álbum de 2021, estuvo totalmente atravesado por las circunstancias de la pandemia. “La mayoría de las canciones las compuse en la época más dura de la cuarentena y así fueron registradas, de forma muy minimalista. De hecho, la mayoría las grabamos solamente con el productor del disco, que es Matías Cella: él en su casa, y yo yendo allá cuando podía sacar permisos para moverme y acercarme hasta ahí para hacer las maquetas. Son canciones absolutamente pandémicas, es un disco de puertas para adentro, que tiene esa intimidad y refleja mucho de lo que para mí significó estar navegando la peste, como se podía. Cuando pasen los años y lo escuche me va a remitir, seguro, a esta época, que no es algo que ocurra con todos los discos.”

Además de su labor como músico –sustantivo que a veces troca por el de “cantorcito”–, entre aquellas “otras cosas” que le interesan a Noble, está la radio, una vocación que cultiva desde hace tiempo. En 2022, el cantante arrancó con su programa Fulanos de nadie los miércoles a las 19 en radio Kamikaze (www.kamikaze.com.ar), una experiencia que conserva el mismo nombre de un envío que llevó adelante en Radio del Plata, pero que ahora se renueva. “Me gusta mucho hacerlo, y además soy escucha de radio desde siempre. Lo que en otras casas representaba el sonido de la televisión, en mi casa era la radio. Tuve esa educación sentimental, es algo que me apasiona. Tuve incursiones más o menos constantes, y en este año me convocaron de Kamikaze, que es una radio web vecina a mi casa natal de Ituzaingó. Conocí a su gente, tengo amigos trabajando ahí, y además me gustó mucho que se tratara de una cooperativa. Hago el programa una vez por semana; meriendo con mi vieja y me voy a hacer radio”.

Las palabras, no sólo las que viajan a través del éter, ocupan un lugar central para Noble. Además de su tarea como letrista, el músico se animó también a probarse como escritor: ya editó dos libros, uno de poemas, en el que compartió su obra con la de Washington Cucurto, De tal palo/ ¡Basta de escribir novelas!; y otro de relatos, Como el cangrejo. Para este año, espera encaminarse en una nueva producción literaria. “Es la idea, si puedo sacarme de encima algunas torpezas y perezas y logro tener un poquito más de disciplina”, cuenta.

Foto: Télam

Show multitudinario

El pasado 26 de marzo, Los Caballeros de la Quema dieron un show multitudinario en el marco de las conmemoraciones por el golpe cívico militar del ‘76. Fue en el Polideportivo Municipal Gorki Grana de Castelar, dentro del Predio Quinta Seré, donde en los años de la dictadura funcionó un centro clandestino de detención. “Se juntaron todos los planetas como nunca”, cuenta Noble. “Para nosotros fue una fecha absolutamente emocionante, porque no somos una banda permanente, sino que nos juntamos muy eventualmente para hacer cosas. Cuando volvimos a tocar después de tantos años en el Estadio Único de La Pata (en 2017, a quince años de la separación de la banda) decidimos que estuvo bien el reencuentro, pero que no teníamos el ánimo ni la energía para considerarnos de vuelta una banda en actividad. Pero sí podíamos intentar, de vez en cuando, juntarnos para celebrar. Y este show fue el más especial, absolutamente conmovedor todo. La cantidad de gente que vino y, además, el hecho de que hubiera dos generaciones juntas: padres e hijos. Y todo eso enmarcado en un lugar tan especial para el oeste y tan trascendente para la memoria, la verdad y la justicia”.

–Ahora que pareciera que ya pasó la emergencia sanitaria por el Covid, ¿cómo ves la foto política y social?

–Muy complicada, muy dolorosa y repleta de dificultades, sobre todo para los países que venían muy castigados, como el nuestro. Todo lo que ocurre parece una mala película de ciencia ficción. También, hay que decir, somos un país casi experto en tragedias. Hay algo de la experiencia ahí, y de ser pilotos de tormenta que ojalá nos vuelva a resultar. Pero todo esto lo teorizamos mientras estamos abrigados y comiendo todos los días; en un país donde 5 de cada 10 personas son pobres, más que teorizar hay que ponerse a hacer, y ojalá que eso se active rápido. Soy un gran convencido de que las grandes mayorías que ahora la están pasando como el orto, la van a pasar mejor, como históricamente fue, bajo un gobierno peronista. Pero eso todavía no está sucediendo y hay que apurarse.

–Hablando del oficio y de las implicancias de la popularidad, en tu caso nunca tuviste resquemor de decir lo que pensabas, ¿o sí?

–Yo tengo 54 años y es muy difícil hacer antipolítica a mi edad. Tenía 15 cuando volvió la democracia, tengo muy fresco en la memoria el recuerdo de la ilusión democrática del ’83. Después, ya sabemos que la democracia está en absoluta deuda con cosas como las que estamos hablando. Pero vengo de un ambiente, de tener amigos a los que siempre les interesó la política, y más allá del desencanto, la desazón y hasta el enojo, no podés desinteresarte. La mayoría de la gente de a pie tiene una relación muy lastimada con la política, y es absolutamente entendible. Tienen razón. Pero la antipolítica nunca puede ser la solución, ni los personajes que declaman eso. Ya sabemos después lo que pasa. Además, la gente que se dice antipolítica nunca lo es. Tiene objetivos políticos, concretos e identificables, y en este país siempre quisieron recortarle derechos y cagarle la vida a la gente.     

Foto: @ivanoble

¿Cuándo?

Iván Noble presenta El arte de comer sin ser comido. Viernes 29 de abril y 13 de mayo a las 21, en el Teatro Broadway, Av. Corrientes 1155.

La misma voz, en otra dimensión

De fondo suena Maceo Parker. La melodía se pierde en un fade out e Iván Noble saluda al público desde radio Kamikaze, en un gesto que no se ve, pero se intuye feliz. Sin prisa pero sin pausa, en su papel de conductor, el autor de la famosa canción que da nombre al programa sabrá crear, cada miércoles a las 19, esa anhelada «atmósfera de vermut”, un encuentro tranquilo pero cadencioso en el que anécdotas y canciones se suceden con naturalidad. “La radio, ahora también el podcast, para los que tenemos el recuerdo de la narración como algo menos estridente, sigue siendo un refugio. A mí me sigue interesando la radio desde ahí: llevarse un mate, descorchar un vino y ponerse a escuchar a alguien que te convide música y te cuente algo interesante, y sin atropellos”.

Esta no es la primera experiencia de Noble. Sin contar sus intervenciones en envíos ajenos, Fulanos de nadie pasó antes por Radio Del Plata, y el cantante también realizó los podcasts Cuánto cuesta este capricho y ¿Hay alguien ahí?, para Nacional Rock y la plataforma Compartir Cultura, respectivamente. En el caso de Kamikaze, además, se destaca su slogan: “rock & conurbano”, dos categorías que están en los orígenes de la carrera de Noble. “Yo siempre tuve cuidado de pensar que algo, por ser de barrio, tiene de por sí un mérito artístico. Sí me interesa nutrirme de una mirada por haber crecido en determinado lugar, eso de pintar la aldea. Para mí hacer radio en Kamikaze, si bien no hago un programa vecinal, es una manera de estar cerca de esas cosas que me hicieron bien cuando crecí.”

Foto: Juan Manuel Alarcón



Melodías simples, folk, rock y pop

Aunque El arte de comer sin ser comido es un trabajo reciente, Iván Noble aclara que los shows que se vienen tienen sobre todo un espíritu de reencuentro. “Presentar un disco es una excusa para volver a tocar. Después de estos dos años me alegra volver a un teatro de la calle Corrientes. Vamos a cantar canciones de todas épocas. Y después arranco la gira por el país”.


El último álbum del cantante tiene esa combinación característica de sus trabajos, una cruza de folk, rock, pop y melodías simples, y cuenta con León Gieco, Rosario Ortega y el Chango Spasiuk como invitados. “El género canción que a mí me gusta tiene que ver con cuidar lo que se está diciendo. Los tipos que a mí me gusta escuchar son los que tienen una historia para contar, o los que, cuando abren la boca para contar, mejoran lo que está sucediendo”. En su oficio de “cantorcito”, Noble destaca “la colaboración de algunas manos derechas musicales”. Su disco anterior, Mujer & ego, nació de un sentimiento de estar “repitiéndose”, y así fue como decidió hacer covers de compositoras como María Elene Walsh, Julieta Venegas o Shakira.