Un cruce de geografías, sonidos y decisiones. Así podría esbozarse Cabeza negra, el cuarto disco solista de Julieta Laso que funda todo un territorio nuevo donde la cantante se lanza a explorar. Sostenida y acompañada por una inusual formación de cuatro bandoneones, contrabajo y la percusión de la caja de baguala y el bombo, la voz de Laso recorre versiones muy personales de un repertorio ecléctico, marcado por distintas tradiciones populares y autores. Hay tango, folklore, milonga, y están Violeta Parra, Alfredo Zitarrosa, Fito Páez y Tomi Lebrero, entre otros compositores. El viaje tiene visos autobiográficos, como siempre; en este caso, dados por la mudanza de la intérprete a La Calderilla (una zona rural en las afueras de Salta) y por la concreción de una promesa que se hicieran hace tiempo con su amigo Yuri Venturín, director y contrabajista de la Fernández Fierro, la orquesta donde Laso hizo más visible su carrera. Así, el músico y la cantante emprendieron la producción de Cabeza negra en plena pandemia, y también en eso hay una huella: se la puede seguir en este disco hondo, oscuro como su nombre y su tiempo, donde las canciones se suceden como en un mantra que la entrevistada describe, más bien, como una “misa pagana”.   

“Cuando me fui de la Fernández Fierro, con Yuri (Venturín), con quien nos queremos y a quien yo admiro mucho por su trabajo, dijimos de hacer algo en algún momento los dos, y finalmente decidimos cumplirlo. Él me propuso esta formación bastante atípica para el disco, lo cual lo convierte en un álbum conceptual”, describe Laso. “Buscamos repertorios contemporáneos y canciones viejas, que ambos escuchábamos en la infancia, y hay un solo tema que compuse yo, que por primera vez me puse a escribir un poco (“Pregón”, la canción de apertura) y también hay un tema de Yuri (“Azucena Alcoba”, compuesta junto con Palo Pandolfo). El resultado nos gustó mucho, porque tiene elementos de nuestra música del Norte, de la ciudad, hay folklore… Es un disco telúrico y dramático, sin dudas. La idea es empezar a presentarlo y recorrer el país”. La primera parada será en los próximos días, en el Teatro Margarita Xirgú.  

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En el álbum, la voz de Laso está sostenida principalmente por un conjunto de fueyes, lo que define el carácter sinuoso del trabajo. “El bandoneón toma un protagonismo muy fuerte y se lo merece, porque es un instrumento polifacético”, amplía la cantante. Entre otras características disruptivas, el disco es además muy distinto al anterior editado por Laso, La caldera. “Es muy diferente a lo que venía haciendo. Me parece un trabajo contundente, con mucha emoción. Muy elaborado, pensado, porque elegimos minuciosamente todo”.

Parte de ese hallazgo puede rastrearse en la decisión de dejar su ciudad natal, Buenos Aires, y las percepciones que emergieron de eso. Algo de esa metamorfosis personal y creativa puede verse también en Terminal Norte, el mediometraje de Lucrecia Martel donde Laso es protagonista de un encuentro muy especial con otras artistas y feminidades de aquí y allá. “La pandemia fue un golpe fuerte y me influyó, como a todos, en todo. Me fui a vivir a Salta y siento que en este disco aparece el color del Norte, lo cual me gusta muchísimo, y también la oscuridad, el dramatismo, que supongo que son afines a algunas épocas. Estuve mucho en silencio, escuché mucho folklore, mucha copla y música de la zona, yendo a festivales y compartiendo con amigues”, cuenta la cantante.

La novedad de la propuesta musical (ver recuadro) impuso una tarea intensa. “En el sonido también estuvo Walter Chacón, que es una persona increíble con quien trabaja mucho Yuri y con quien hicimos discos de la Fernández Fierro. Grabamos con los bandoneonistas y los músicos en vivo, fue muy especial. Llevó mucho ensayo, porque los arreglos orquestados tienen que sonar todos juntos, hay que escuchar los matices… Yuri es muy estricto y eso está bueno. Ensayamos mucho antes de grabar. Yo venía a Buenos Aires y registrábamos dos temas por sesión, es decir que le dábamos mucho tiempo a cada tema”.  

Otro tipo de rastros que dejan la tierra y el monte, pero también el asfalto y el conventillo, se pueden seguir en un nombre tan cargado de connotaciones como Cabeza negra. “Yo encuentro que la poesía de estas canciones es además muy política. Quise ponerle ese título al álbum porque, de alguna manera, ese es el país con el que me identifico: no el que mira a Europa, sino ese país ‘cabeza negra’, esa música que viene de las provincias, de los países vecinos, con esa mezcla y ese encuentro de culturas que somos”. «


¿Cuándo?

Julieta Laso presenta Cabeza negra el sábado 11 de junio a las 20 en el Teatro Margarita Xirgu: Chacabuco 875.


Un disco pensado y ejecutado a medida

Cabeza negra debe en gran parte su sonido especial y profundo a una nueva apuesta de Yuri Venturín por hacer brillar el potencial de Laso como cantante e intérprete. “Un tiempo antes de que dejara la Fierro yo ya le había dicho a Julieta que quería producirle un disco solista, y ella accedió con gran entusiasmo”, cuenta el contrabajista y director de la Fernández Fierro.

“Cuando retomamos la idea, le propuse la formación de los bandoneones porque funciona muy bien, es un instrumento muy dúctil y llamativamente, para la tradición que tiene nuestro país, creo que poco aprovechado. Así planteamos una especie de pequeña orquesta de bandoneones, no pensando en un bandoneón solista que acompaña a alguien que canta, sino buscando resaltar su voz. En el repertorio hubo propuestas de Julieta y mías, y en la mayoría de los casos, coincidimos. Creo que las canciones del disco reflejan en gran medida, sino en un todo, su personalidad. O al menos muchos aspectos, o tal vez la visión de la personalidad de Julieta que tengo yo”.