La presencia de carpinchos en Nordelta además de infinidad de memes y espacios de todo tipo y extensión en diversos medios de comunicación, produjo una serie de tuits de la cuenta oficial de la Embajada de Japón sobre la relevancia del más grande roedor de la Tierra en ese país. Uno de ellos, daba cuenta de Kapibara-san o Kapibarasan (según el resultado que devuelva el buscador en Internet usado), una serie de animé japonés para infantes, que se puede encontrar en libre disposición en YouTube (o en https://www.crunchyroll.com/es/anime-kapibarasan, donde se encuentran juntos los 24 episodios de la primera temporada).

Kapibara es precisamente como le dicen en Japón a nuestros (ahora) queridos carpinchos. En el caso de Kapibarasan se trata de una cría, sin sexo definido, que cuenta con unos hermanitos con los que irá recorriendo la flora y la fauna de las Praderas de Midorino que naturalmente los circundan (es decir, algún lugar no definido de Sudamérica, de donde son originarios), y descubriendo sus distintas habilidades e inclinaciones. Su consigna (que figura a modo de una especie de bajada del título de la serie) es: Vive relajado y a su ritmo. Le gusta el pasto y las termas. Una propuesta de orden zen, podría decirse, para los infantes de 0 a 3 años para los que está pensado y dirigido. A todo aquel que no es un centennial (tal vez un millennial tardío), la idea de que un hijo vea dibujitos a través YouTube con en una tablet o computadora seguramente le resultará muy extraña, pero no lo es más que haber crecido viendo dibujitos en la televisión. Claro que aquella era sólo una pantalla, y ahora abruman.

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Pero volviendo a los carpinchos -que son los que verdaderamente importan y están haciendo la diferencia-, ahí se aprende que les gusta imitar, y entonces el espectador adulto descubre por qué se vio en los medios a uno tomando mate, y también que de pequeños son bastantes cariñosos y que les gusta hacer lo que quieren (como a los de Nordelta), pero no tienen malas intenciones; incluso linkeando se puede descubrir que en Japón son tan populares que cuentan con un sauna (https://www.youtube.com/watch?v=2bXJ6PxSlBs&ab_channel=VICEJapan).

Corriendo los episodios (de no más de minuto treinta de duración), se conoce a Beige, un capibara que estuvo en la ciudad y que al volver de su estadía le cuenta a sus amigos sobre lo que comió y lo que hacía. A nadie le interesa lo más mínimo, como si la ciudad hubiera perdido lo cool que tuvo para generaciones precedentes (aunque eso el tiempo lo dirá). Como corresponde hay un abuelo, que por supuesto sabe mucho y enseña, y que también tiene un andar un poco lento, cosa que por momentos no es más que excusa para liberar algunos chistes escatológicos.

A medida que transcurren los capítulos se descubre que Kapibarasan crece y entonces pasa por sus momentos narcisistas (que por ahora sigue conservando la metáfora de verse reflejado en un lago y sentirse el más lindo del universo). También hay perritos, con los que parecen ser amigos, o por lo menos colaboran, pero en ningún caso se pelean como con sus parientes de Nordelta. Tal vez se deba a que los praderitos (tal su nombre en la serie) no son perros de ciudad, pero eso queda para la ciencia. Aquí lo que importa es que los carpinchos sí toman café con leche (en Japón el mate no es una infusión popular, así que tal vez los carpinchos argentos estén a la vanguardia).

Si no se es muy amigo de los carpinchos (o se vive en Nordelta o la crianza en cuestión superó los tres años), hay otros animes similares, con el mismo target o superior. Ahí está Tomodachi 8, que apareció por primera vez en 2011 y tiene capítulos de un minuto. Allí hay nueve personajes, todos con rasgos distintivos y diferenciados como para que niños y niñas (y también X) reconozcan personajes y situaciones de su propia y corta vida. Lo que es seguro (tanto aquí como en Kapibarasan), es que hay algún conflicto: aún la animación opta como método de aprendizaje al que le tocó en suerte a la vida orgánica, es decir, sólo los conflictos y las dificultades (más allá de su magnitud) sirven para aprender. Aquí el mensaje principal es que “Nadie está solo” y que “es bueno ser diferente”, aunque nunca la solución es la cancelación.

Otro para husmear es Nameko, lanzado en 2016, basado en un videojuego y dirigido a una edad mucho más amplia. Nameko vive en el bosque y tiene el don de autoreplicarse, y eso lo lleva a conseguir fácilmente compañía, y también diversidad: cada uno de los nuevos namko que surgen tiene personalidad única. Su mayor dificultad es la falta de subtítulos, pero el japonés puede sonar divertido a los oídos de los infantes (https://www.youtube.com/watch?v=Y2mFDFUTKzQ&ab_channel=nnfnnfrecords)

Lo que sin duda destaca a Kapibarasan del resto (entre las que se puede incluir a Coco & Nico https://www.youtube.com/watch?v=VpTDnupyaz8&ab_channel=cdsamurai) es que tiene seres profundamente cariñosos y de una figura que ya desde su inspiración original (o sea, el verdadero roedor más grande del planeta), invitan al acercamiento, la simpatía y la ternura.