“Venimos atravesando un cambio de paradigma social que consiste en dejar de creer en el binarismo, que encima está acompañado de una doble moral que entiende que el mundo está pensado para personas heterosexuales, que decodifica los cuerpos de acuerdo con su genitalidad y le da un tipo de registro vocal. El canto lírico, como la mayoría las cosas a las que estamos acostumbrados, acostumbradas, acostumbrades, se basa en esa tradición”. Con una contundencia que entona como entusiasmo –o viceversa– el antes conocido como cantante barítono Luchi de Gyldenfeldt (hoy contratenor) argumenta, en parte, por qué la Universidad Nacional de las Artes será la primera unidad académica a nivel mundial en contar con una cátedra de canto lírico disidente, con eje en la diversidad.

“No es raro escuchar a algún profesor en un conservatorio decir: ‘¡No, no, esto no era así en el 1500!’. Y una dice: ‘Ah, me había olvidado que vos habías estado ahí’”. La ironía es parte del estilo de Luchi para poner en evidencia buena parte de los absurdos a los que uno se acostumbra a falta de mejor información, mejor acceso a la historia o sencillamente vagancia intelectual. “La tradición se va heredando y tiene sus márgenes de lo que está bien y de lo que es experimentación, y eso es una pelea enorme. Cómo se interpreta a (Claudio) Monteverdi, que es supuestamente el padre de la ópera: ¿más cantado o más hablado?, ¿hasta qué punto el teatro musical con voces líricas tan potentes y desarrolladas como las actuales eran voces más blancas? Son debates”. El otro punto que invoca para esta iniciativa “tiene que ver con la biología de la genitalidad, y en esto la tomo a Judith Butler cuando dice que nos hemos puesto esencialistas en lo que respecta a la genitalidad. Ahora no es tan común, pero tal vez hace 20 años la partera decía: ‘Felicitaciones, es un varón’. Y con eso está diciendo felicitaciones es varón heterosexual”.

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Durante buena parte de su vida Luchi de Gyldenfeldt (hoy tiene 31 años) fue un hombre hecho y derecho; según la heterosexualidad normativa, claro. Egresó con honores como cantante lírico barítono de la universidad en la que ahora tendrá la cátedra, y unos meses antes de dar el salto que, asegura, le cambió la vida, se presentó en el Teatro Avenida interpretando al Papageno de La Flauta Mágica, de Mozart: casi el punto culminante de la heteronormatividad. “El canto es tan maleable y cambiable como el sexo, y hace falta aggiornarlo. Que no sea que porque te veo hombre y te imagino cis con pene diga que sos barítono, o si te veo mujer con vulva crea que tus registros posibles van a ser contraalto, mezzosoprano y soprano. Es necesario revisar estos conceptos”.

Conceptos que ella cambió a partir de una iniciativa que emprendió con su hoy también hermana, aunque nacida hermano, y por siempre mellizos gemelos. “Ópera Queer (la obra que crearon juntas) cambió mi paradigma y mi percepción. Hace ya cinco años que lo vengo haciendo con mi hermana, con muchísima intensidad, y en unos días nos vamos a un festival en Carmen de Patagones y antes tenemos funciones en La Plata. Estuvo muy inspirado en un juego gemelar que tuvimos de chicos en casa cuando nos quedábamos solos: ‘Che, ¿jugamos a que soy María Callas?’. Y cuando encontramos un casete de María Callas en la casa de mi viejo, empezó a gestarse algo ahí con Ferni, de la cosa del vínculo, de la trinchera, de esa pasión que te salva a la vida. A priori, no diría que soy trans, somos la Luchi y la Ferni, y después que cada uno interprete lo que quiera. Yo me defino como marica no binaria o marica queer. Soy muy romántica pero creo que lo que estamos haciendo es una respuesta a tantas representaciones banales, sin sentido de la ópera, que no ha hecho otra cosa que alejar al espectador del poder de esta música: he visto a gente irse después de tres horas de una obra de Puccini sin ninguna conmoción.

–En buena medida, entonces, la transformación tiene que ver con un gran amor a la ópera.

–Sí. Pero mirá qué contradictorio, todo el nicho del conservatorio y muchos colegas dicen que Ópera Queer no es ópera, dicen que somos detractoras de la ópera porque la estamos denigrando al hacerla de esa manera. Ellos creen que tiene que estar en un teatro, con una orquesta y que no puede estar en un bar con una pianista, tomando cerveza. Y han pasado tantas cosas en esos bares, tantas lágrimas, tanto sentimientos, risas, que a mí me indica que el camino es por ahí. «


¿Cuándo?
La cátedra se dictará a partir de mayo, los jueves de 18 a 22 en UNA, respetando estrictos cuidados sanitarios. Más información en .