Estos son las nuevas propuestas para las salas locales:

Nieve negra

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Es un thriller que junta Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia, Dolores Fonzi y Federico Luppi en la misma película. Con un manejo del suspenso bien trabajado, Martín Hodara -quien fuera el asistente de dirección de Nueve reinas, codirigió junto a Ricardo Darín La señal y tiene un largo recorrido en cine publicitario-, armó un guion que navega entre lo revulsivo y terrible.

Acusado de haber matado a su hermano durante la adolescencia, Salvador (Darín) vive aislado en el medio de lo que parece ser la Patagonia (aunque en realidad se filmó en Andorra, al ser una coproducción argentino-española) mientras Fonzi interpreta a la hermana menor de Marcos, quizás la más golpeada por esa “brutalidad”, al punto de que perdió la razón y vive sus días internada en un neuropsiquiátrico. Tras varias décadas sin verse, su hermano Marcos (Sbaraglia) y su cuñada Laura (la española Laia costa), llegan para convencerlo de vender las tierras que comparten por herencia, impulsado por el albacea del fallecido, interpretado por un Luppi que es insuperable para este tipo de papeles.

El cruce, en medio de un paraje solitario e inaccesible, reaviva el duelo dormido donde los roles de víctima y asesino se trastocan una y otra vez, sacando a la luz un secreto realmente oscuro.

Línea de 4

Es el debut de Diego Bliffeld, asistente de dirección y actor, y Nicolás Diodovich, redactor publicitario y guionista, en la dirección de un largometraje. Trata sobre la reunión de cuatro amigos para ver la final del Mundial 2014 entre Argentina y Alemania, partido que pasa a segundo plano cuando comienzan a aparecer las diferencias y los secretos ocultos que hay entre ellos. Más allá de la trama, que es guiada por el fantasma del suicidio de un amigo del grupo, la película puede ser un ensayo sobre la amistad y el quiebre que se siente durante el paso de la juventud a la edad adulta, que se resume en la reflexión de un protagonista: «No sé para qué nos seguimos juntando».

Con un ritmo vertiginoso y un guión coral, Línea de 4 genera tensión e incertidumbre desde el primer minuto en la relación de estos cuatro amigos, que arman alianzas según la conveniencia del momento y que estiran a más no poder el delgado hilo que une su amistad.

Al mejor estilo «Un dios salvaje», de Roman Polanski, los cuatro protagonistas arman una pelea encerrados en el living-comedor de la casa y amagan constantemente con irse, pero la fuerza de las discusiones, sumado al toque de puntos sensibles, los obliga a mantenerse juntos hasta, por lo menos, el final del partido.

Interludio

Nadia Benedicto, autora de los cortos Como una guerrera (2011) y La última parada (de Historias breves VII, 2012) debuta en la dirección de un largometraje cone sta historia de 80 minutos filamada en Lucila del Mar: Sofía acaba de separarse y se lleva a sus hijas a un pueblo junto al mar. Cada una en su universo vive este interludio como un desafío por reencontrarse, liberarse y afrontar sus miedos en esta nueva etapa. Un drama actual.

Moana, un mar de aventuras

Para estas vacaciones no podía faltar algo del universo Disney: esta vez, con dirección de Ron Clements y John Musker, responsables de otros clásicos de Disney como Aladdín, La sirenita, Hércules y La princesa y el sapo, Moana narra la historia de una adolescente de las islas polinesias que toma la decisión de aventurarse sola en los peligros del Océano Pacífico en busca de un semidiós que la ayude a revertir una maldición que pone en peligro al mundo.

La cinta llega a la Argentina con el precedente de dos nominaciones a los Globos de Oro (aún pendiente el anuncio de las candidatas al Oscar), con casi 500 millones de dólares recaudados en todo el mundo y con una polémica por el título, que en Italia se cambió por Oceanía y el de la protagonista por Vaiana, ya que Moana era también el nombre de una famosa actriz porno de ese país y se temía que los chicos dieran con la equivocada al navegar en Internet. “Moana” tiene todas las marcas registradas del género que Disney tan bien ha explotado por décadas: es visualmente atractiva -con una impecable animación por computadora y escenarios de colores tan vívidos que el espectador quisiera habitar-, tiene canciones pegadizas, un ritmo ameno, una protagonista que sigue el mantra ve-de-frente-por-tus-sueños y, por supuesto, un animal como compañero de aventuras.

Sin embargo, propone un punto de inflexión con respecto a las históricas con protagonistas femeninas: Moana no tiene cuerpo de Barbie, no es una princesa -sobre eso incluso hay un gag muy divertido durante el film- y no tiene un interés romántico cuya realización la constituya como mujer.

Assassin’s Creed

Tercer largometraje del australiano Justin Kurzel, autor de Snowtowne y Macbeth, junto a Michael Fassbender, Marion Cotillard, Jeremy Irons, en esta adaptación de la exitosa saga de un videojuego homónimo.

La producción realizó un trabajo de investigación tanto sobre la Orden de los Templarios como por el Credo de los Asesinos, dos grupos antagónicos que en esta ficción se enfrentan por el poder del mundo: mientras los primeros buscan el control de la población, los segundos defienden el libre albedrío.

Fassbender encarna a Aguilar, el último de los Asesinos muertos en el Siglo XVI, y a su descendiente 500 años después, Cal Lynch, quien lleva en su sangre el sino del asesinato y es salvado de una condena a muerte por la misteriosa Industrias Abstergo, que sirve a los Templarios.

Esta empresa posee una máquina capaz de recuperar las vivencias de los ancestros por medio de la memoria del ADN y recluta a los descendientes de aquellos asesinos para, por medio de aquel experimento, conseguir el Fruto del Edén, objeto que posee la fórmula del gen humano y con la cual se podría tener el control total de las acciones humanas.

A partir de allí, se crea un ida y vuelta entre las épocas de Aguilar y Lynch, enrolada la primera en las últimas batallas y peleas entre los Asesinos y los Templarios, quienes están bajo la orden de la Inquisición del papado de Alejandro VI, aquel Borgia que profundizó la corrupción en la Iglesia, pero que también sirvió de mecenas para artistas como Leonardo Da Vinci.

El realizador encontró el punto justo entre la tecnología y las actuaciones reales porque si bien se notan los efectos especiales, son actores, en su mayoría, los que llevan adelante las piruetas sobre los techos y los carruajes (varios de los dobles de acción son reconocidos practicantes de parkour).

También aparece la figura de Cristóbal Colón en el albor de sus peripecias en América y una recreación sobre la quema de herejes durante ese siniestro período del catolicismo.

Todo ello le da un marco bien pensado para este enfrentamiento entre la orden que representa las cruzadas de Roma y la que se rinde ante el control de los moros en el sur del territorio español, en una lucha en la que no queda en claro (aunque ese parece ser el objetivo) quién tiene la razón.

Para los 90 días de rodaje en Londres, Madrid y en la isla de Malta, Kurzel basó la estética en la observación de las pinturas de Caravaggio y se inspiró en películas del género film noir y en los espagueti westerns de Sergio Leone, al punto de filmar cerca de Almería, donde el italiano realizó varios de sus largometrajes.

Esto dio sus frutos, creando una película atractiva a la vista y con colores apagados, algo que no debería sorprender a quien haya visto “Macbeth”, cinta con una fotografía impactante, pero con un ritmo lento, impuesto por el texto original de William Shakespeare.

Assassin’s Creed se encuentra en el punto medio entre la vorágine de los tanques de súper acción y aquel detallismo que Kurzel presentó el año pasado, aunque quizá fue esta mezcla la que produce momentos de confusión en una cinta muy bien lograda.

Es solo el fin del mundo

Con Vincent Cassel, Marion Cotillard como principales nombres en el casting, el canadiense Xavier Dolan, considerado por un sector de la crítica como el actual como el «niño rebelde» del cine franco-canadiense, con obras como Los amores imaginarios y Mommy -esta última, premiada en el último Festival de Cannes-, narra el regreso a casa de Louis, un escritor enfermo terminal que tras una larga ausencia vuelve a su ciudad natal para decirle a su familia que se está muriendo. Un clásico film enfocado en los vínculos y los dramas familiares.