¿Cuánto lleva concretar un sueño, un deseo, una aspiración, una fantasía, algo de eso que llamamos de distintas maneras pero se resumen en lo que nos mantiene vivos? Observar el recorrido que hizo Merceditas Elordi para concretar El legado puede dar una dimensión de todo lo que se pone en juego para su consecución, y medir -sólo por aproximación- el daño que produce quienes por pensar distinto, intención o impericia, destruyen esos sueños.

“En principio yo quería escribir una obra referida a la ancianidad, y de inmediato le apareció el tema de las Abuelas”, comienza Elordi a contar el largo periplo que la llevó a poner en escena la obra en la que interpreta a Carmen, una mujer que luchó, ya madre, por encontrar a su hija y a su nieta. En el living que la vio padecer sus tristezas, iras y alegrías, Carmen repasa su historia como la mujer joven, fuerte y decidida; la señora de más de sesenta que repasa sus vivencias; la abuela de más de setenta que aún conserva el humor, la mujer anciana, con poca lucidez, que sigue habitando su hogar.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

“Tenía que construir una historia singular, no podía ser una historia solamente sobre la base de testimonios o del conocimiento que hay de todo lo ocurrido -detalla Elordi-. Necesitaba construir un personaje que fuera de ficción, pero inspirado la realidad. Y comencé a buscar historias de particulares de cuatro mujeres.” Una fotógrafo amigo al que le cuenta su idea y el amigo que la que contacta con Abuelas de Mar del Plata. Así aparecen Leda Barreiro (presidenta de Abuelas Mar del Plata), Susana Bedrossian (madre del rugbier Juan Carlos Abachian), Marta (hermana de Juan Carlos), Emilce Flores de Casado y “telefónicamente Angelita.”

Pero no fue de las desapariciones de sus seres queridos y sus secuelas de lo que preguntó Elordi: esa historia no sólo la conocía, también podía acceder a ella de otra manera. Su objetivo fueron las músicas preferidas, los miedos escasamente confesados, las dudas que de tan presentes pasan desapercibidas, las culpas que se cargan cual mochilas aunque erguidamente, como para que no se note. Si eligió a esas cuatro fue porque “tienen historias muy distintas: algunas no han encontrado a sus hijos y sus nietos, otras encontraron los restos de sus hijos (caso de Emilce) y también a su nieto, otra perdió a su hijo y no supo nunca más nada de él.”

Al borde de los 60 años y en una tierra que se encarga de borrar la indiferencia de sus ciudadanos, Elordi está bien impregnada de la historia argentina: “Estaba en quinto año al momento del golpe -recuerda-. Y fui a mi viaje de egresados, estuve feliz por mi fiesta, estaba viviendo un momento lindo de la adolescencia de cualquier persona. Todo lo que estaba sucediendo llegaba como mensajes que muy bien no entendíamos: de un día para otro un profesor no venía más, reemplazaban al rector.” Todo se clarificó en 1977, cuando secuestraron y desaparecieron a una hermana. “Tuvimos la suerte de que apareciera al poco tiempo. Pero aún así no sabíamos en profundidad todo lo que pasaba”. Desde aquí su relato pierde la precisión cronológica, algo que en términos narrativos resulta más contundente: todo eso que enumera sin poder detallar transmite la sensación de lo abrumador de esos años; de su desolación. Pero un día un día volvió el sol: “Más que la Democracia para mí el hito de nuestra historia es el Nunca Más: ahí aparecieron los primeros casos que se animaron a dar testimonio del horror. Y se convirtieron en algo universal, que excedió nuestro país”.

Hoy, luego del Juicio a las Juntas, el Punto Final, la Obediencia Debida, el Indulto y la reapertura de cientos de casos durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, espera que “nunca más se deje de hablar este tema. Es un poco la misión que tiene El legado: seguir teniéndolo presente, aunque mucha gente ya no quiera escuchar. Todavía hay cientos de nietos que no saben su identidad y muchas historias que no se saben. Hay que transferir ese legado de las abuelas y las madres y el resto de la sociedad tiene que hacerse cargo y seguir”.

El legado se presenta los sábados a las 22 en el Teatro El Ópalo (Junín 380|). General $ 200; jubilados y estudiantes $180