Se siente renacido. Pepe Cibrián Campoy, “Pepito”, vuelve al escenario meses después de la extirpación de un cáncer de próstata. Lo hace en Lord, un musical de su autoría que acaba de estrenar en el Teatro Astral. Aunque el texto lo escribió antes de saber de su enfermedad, Pepito asegura que la obra explica perfectamente el cambio de vida que significó para él enterarse de la noticia de que si no se operaba, moriría. Luego de lo acaecido, el autor y actor se dio cuenta que anticipó su destino y que, azuzado por ese temor a la muerte (inconsciente hasta ese momento), escribió sobre intentar comprender lo que significa obitar.

Esta es, según Cibrián, su obra más importante, aun más que Drácula, su obra consagratoria. Porque tuvo un cambio de vida muy grande. “Refleja de una manera muy divertida, muy tierna, nada dramática lo que significa la vida”, dice.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

Además de su regreso a las tablas luego de un año difícil, Lord significa el reencuentro con su amiga de muchos años, Georgina Barbarossa: “Estar con ella, lo hace especial. Pasamos tanto. Siempre discutimos mucho, todo el tiempo, como si fuera una hermana o padre e hija, tenemos personalidades muy fuertes”.

Al mes de operarse, la depresión de Pepe fue muy grande; todo el tiempo pensaba en la muerte, era un rumear constante sobre eso. “Sigue ahí el temor. Pero no me paraliza. Sobre el escenario soy el ser más feliz, en mi casa la peleo mejor que en ningún lado”.

Cibrián vive en Pilar con Santiago, su marido, en un terreno grande que es casi una reserva ecológica: 430 metros cuadrados con grandes jardines atiborrados de vegetación. Su paseo terapéutico de todas las mañanas –largas sesiones de riego junto a sus cuatro perros– despiertan la envidia de los jardineros más exigentes. “Amo esas plantas. Les hablo, les hago caricias, si las veo caídas, les tiro más agua y les digo que tengan fuerza. Y es raro que se me muera una planta, y eso que tengo miles”, afirma. Tiene un jardinero, Leonardo, que trabaja ocho horas diarias podando, fertilizando, fumigando y atendiendo las necesidad de los vegetales, mientras Pepe está en clases de canto o trabajando con Santiago Rosso (su nuevo partener musical) o en el teatro “Nunca más volveré a repetir nada, es una etapa de mi vida que quiero hacer cosas nuevas siempre”, dice. Quiere dejar obra.

-¿Te pesa, de alguna manera, ser referente del musical?

-Para nada. En el mayor éxito de Drácula me preguntaban qué iba a hacer, ¿y qué iba a hacer? Otra, y eso hice. La vida fue muy generosa conmigo. Siempre hice lo que quise. Tanto en la vida personal como profesional. Nadie me ha regalado nada. Creo que eso el público lo respeta aunque hay a quienes no le caigo simpático, por supuesto. Están en todo su derecho. A algunos les gusta, por suerte.

–¿Sentís que fuiste clave para lograr el matrimonio igualitario?

–Fui uno de los pocos que enfrenté a la sociedad, mucho antes de que exista la más remota posibilidad que exista esa ley. No me importó nada, e hice 200 reportajes en 30 días por aquellos días. Creo que muchos de los que estaban de acuerdo lo deberían haber dicho antes de promulgarse la ley. Yo lo hice porque sentí que era mi obligación.

–¿Hoy sentís que se ha provocado un cambio contra la discriminación?

–Hubo un cambio muy paulatino, se va aceptando mucho más que antes, claro, pero todo es una cuestión de tiempo. La vida de los jóvenes que desean tener pareja del mismo sexo ahora es mejor, sin duda. Poder adoptar a un niño es natural, porque se va entendiendo que una pareja, del mismo sexo o no, adopta por amor, no por otra cosa. Los malos padres deben ser juzgados más allá de lo que hagan en la alcoba.

–¿A quién le adjudicas ese avance en derechos que se dio con esa ley?

–Yo no soy kirchnerista, pero no puedo negar muchas cosas que han hecho para la sociedad han marcado un cambio, y esta ley sí que la promulgaron ellos por supuesto. Fue Néstor Kirchner quien más insistió sobre eso y el día de la promulgación yo estaba sentado al lado de él; no lo conocía y nunca más lo vi, pero ellos apoyaron y lo lograron ellos.

–Admitiste públicamente tu voto por Macri ¿Te sentís defraudado?

–Yo voté a Cristina y luego no estuve de acuerdo con cómo se iban dando las cosas, más allá de los aciertos. Voté a Macri porque creí en él y en su capacidad de cambiar, pero en muchas cosas no estoy de acuerdo. No me gusta que se hayan prometido cosas que no se cumplieron. Eso es tomarnos el pelo. Espero que el país salga adelante. Hay formas de ser muy enquistadas en nuestra sociedad que son muy difíciles de modificar. Va a llevar mucho tiempo si es que lo logramos.

–¿Por?

–Argentina es un país surrealista, solo nosotros entendemos los movimientos pendulares de nuestra cotidianeidad. Es lamentable que esté naturalizada la corrupción y no pase nada, o que aprendamos a sobrellevar los errores de manera creativa, inteligente y sensible y nos acostumbremos a que algo que debería estar no esté. Hemos vivido tanto horror, tantas devaluaciones, inflaciones, crisis de todo tipo, que nos acostumbramos. Lo que en un año escandaliza al mundo nosotros cada tres días lo sobrevivimos. Es fantástico y triste que los médicos operen sin insumos, natural que los gobiernos no aporten nada. Los que trabajamos, trabajamos mucho, en condiciones nada agradables. Hacer con nada es nuestra manera. Hay que dar planes, pero también trabajo y educación, pero es complicado cambiar yeites. Esto viene de una tradición, una historia que avala esto: ¿qué importa romper reglas?,¿qué importa colarse en las filas o tirar algo a la calle? No importa nada. En los países civilizados esto no sucede. Si un perro hace caca en la calle le dicen de todo y debe ser seguramente un argentino el que tuvo la idea. O bien podría ser, porque para la fácil somos idóneos. Que me digan lo que quieran pero multas por todas partes, que recauden y lo transformen en obras, o en talleres de oficios, no sé, sería ideal. Pero aunque hubo intentos, esto no ha pasado.

–¿Qué se puede hacer desde la cultura?

–Creo que el gobierno debería hacer campañas y las figuras de la cultura tendrían que hablar de esto, deberían darse obras en teatros nacionales, como el Alvear, el San Martín o el Cervantes y con –como había antes– compañías estables que hagan ese repertorio a precios muy baratos para que el público pueda acceder a la cultura. El arte siempre sana, es mágico, es vida, es pasión. Eso es lo que haría yo, por lo menos.

–¿Hablaste con Ángel Mahler desde que asumió su cargo?

–No. En diciembre nos separamos y no hablé más con él, no tengo más una relación con él. No tenemos ningún tipo de vínculo. Le deseo lo mejor, hemos tenido momentos muy felices y estoy orgulloso de lo que hemos hecho. Pero no sé nada de él. Las parejas, sean los años que sean, se separan. Decidí hacerlo sin rencores y aquí estoy. En acción. Ya tengo la obra para 2018 con Georgina y Patricia Palmer. Serán 15 semanas, luego tres meses de gira, luego me voy a viajar. Creo que recorreremos la campiña inglesa y Escandinavia. Luego, al volver, empiezo a hacer la otra obra. Si no, estaré con mis padres y mis seres queridos que se han ido a otro lugar, un lugar mejor. «

El cambio y sus consecuencias

Bajo las influencias de algunos pasajes de Cuentos de Navidad, del inglés Charles Dickens, Lord cuenta la historia de un personaje que tras la muerte de su esposa e hija se vuelve un avaro y mezquino que llega incluso a abandonar a su nieta, a quien no quiere conocer. La obra habla sobre la necesidad del cambio del hombre y cómo ese movimiento afecta a quienes lo rodean. Está dirigida por Valeria Ambrosio, tiene catorce artistas en escena y una orquesta en vivo dirigida por el joven Santiago Rosso.

Una amistad eterna

Se conocieron en 1982, durante el casting para el musical De aquí no me voy. Pepe la eligió entre 1.200 postulantes y en el primer ensayo ya hubo discusión. Después, eso sería una constante en su relación. Georgina le dijo que era suficiente el reto que le estaba dando a una colega, y él, que no se lo hubiese perdonado a otra persona le cayó bien esa valentía de enfrentar al director. “Me acuerdo que el día que íbamos a debutar en el Tabarís, se cortó la luz así que fuimos a caminar por el centro con Pepe y me dijo: ‘vos vas a llegar lejos’” recuerda Georgina Barbarossa.

“Tenemos una relación diaria de llamarnos todas las noches. Para nosotros volver a trabajar es una fiesta, es emoción pura. El otro día en un ensayo me di cuenta de lo que hemos pasado, nacimientos, pérdidas, fracasos, éxitos… Y es conmovedor”.
Además de volver a trabajar juntos lo que le gusta a Georgina es que la obra habla de la muerte con humor. “Encima Pepe la estuvo gestando sin saber que le iban a diagnosticar cáncer. Sin saber lo que le pasaba en su cuerpo, lo exorcizaba en forma de arte. Creo que el teatro es eso, nos libera. En este caso desmitifica la muerte y nos hace pensar sobre la vida”.

-¿Los hechos artísticos tienen esa misión?

-La misión de todos los artistas es abrirle la cabeza y el corazón a la gente sin darnos cuenta. Y esta obra creo que va hacia ese lado. La verdad que yo me siento privilegiada por compartir con este elenco joven lleno de talento, preparado y profesional, más allá de compartir escenario con Pepe. Porque sé que con ternura y humor, la gente la va a pasar bien, y eso es lo mejor que uno puede esperar de un trabajo.

-¿En momentos difíciles esa misión es más ardua?

-Crisis hubo siempre en Argentina, desde que yo tengo uso de razón hubo problemas. El teatro sirve para poder llevarlo. Estoy feliz de todo lo que he hecho, porque siempre busqué dar lo mejor para poder brindar algo bueno al público, eso es lo que me enseñó Pepe, como lo hicieron Hugo Moser y Gerardo sofovich, que me dieron la chance de hacerme popular a través de la televisión.