El director Gonzalo Calzada tenía una historia que contar sobre un anciano de casi cien años que narraba como había sido su vida y los conflictos con la vejez. Pero para eso necesitaba a alguien que se aceptara el desafío de tamaña interpretación. Con eso en mente el realizador convocó a Pepe Soriano, uno de las grandes figuras del cine local de actuales de 91 años.

El actor no estaba presente en una película nacional desde 2013 (concretamente cuando fue parte de Pecados, film dirigido por Diego Yaker), de manera que cuando le propusieron protagonizar Nocturna no dudó y aceptó el desafío de volver a un set de cine local.

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El film, que también fue escrito por Calzada, se inscribe dentro del género thriller psicológico con aditivos fantásticos. Junto a Soriano participan Marilú Marini, Lautaro Delgado Tymruk y Nicolás Scarpino, entre otros. Nocturna será una de las películas que en breve estará en las salas porteñas y del resto del país con motivo de la reapertura de las salas cinematográficas dentro del actual marco sanitario nacional. “Esta película tiene un mérito muy singular, y es que desde el comienzo no se pensó en la masividad, sino más bien para que fuese una película digna de ser contada. Es una propuesta que habla de la vida, y nos pone pensar en invertir el tiempo que tenemos en algo que valga la pena. Recuerdo que Cuando termine de filmar, allá por 2019, termine unos días internado por el esfuerzo físico y mental que fue hacerla. Pero no me quejo porque lo hice por amor, porque me encanta hacer lo que hago”, dice el actor desde su casa en el barrio de colegiales en dialogo con Tiempo.

Nocturna da cuenta la vida de un hombre que vivió mucho, pero también analiza los aspectos de la vejez. ¿Observa esta película como de características reflexivas?

-Sí desde la vejez, la soledad, los vínculos, la locura que cada uno tiene, las enfermedades, pero también tiene esos toques fantásticos que tiene el género thriller psicológico que hacen a esta producción algo único.  Además, como que te pone a pensar en algo que los argentinos vivimos, que es eso de muchas veces no nos interesamos por lo que le pasa al otro, sobre todo porque desconfiamos de todo y de todos. Somos también muy criticones sin ponernos en los zapatos de los demás.

-El género thriller es cada vez más aceptado localmente. ¿Representó algún desafío en particular para un actor como usted, con tantos años de experiencia ser la figura central de esta propuesta?

– La verdad que mis compañeros fueron claves para ayudarme y me encanto trabajar con ellos son todo de gran nivel y eso siempre ayuda. Todos ellos estuvieron geniales conmigo y en todo sentido también. A Nicolás Scarpino lo quiero mucho y  con Marilú nos une una amistad de más de cuarenta años, algo que se mantuvo intacto a pesar que ella se fue vivir a Francia. Pero ella es extraordinaria en lo que hace, así que fue un honor y una alegría poder contar con alguien como ella para contar todos los aspectos de la soledad, la vejez en general junto a los aspectos fantásticos y lo oníricos de la trama.  Ella, tanto como Lautaro, son claves para entender lo que vive mi personaje, Ulises.

-Desde comienzos de la década pasada que no hacía cine en el ámbito local. ¿Qué representó para usted volver a un set de filmación?

-Nunca dejé el cine en realidad. Estuve filmando en chile, Uruguay y España, pero lo que pasa que es que el mercado no reproduce todo lo que uno hace. Pero un protagónico como este fue una responsabilidad. Fue muy difícil para mí, sobre todo porque no había hecho nunca una película de género fantástico. Gonzalo Calzada, el director de esta producción, es un explorador de  la temática y me ayudó mucho. En rigor de verdad lo que más me costó el esfuerzo físico y mental, así que  eso fue lo más desafiante. Subir y bajar muchas escaleras y  mantener estados de ánimo es uno de los desafíos que plantea el cine con más rigor. Una toma de un minuto o minuto y medio tiene que tener en cuenta a donde va o de donde viene. No es fácil hacer esta película pero fue linda experiencia.

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-Lo saco de la película para preguntarle cómo observa al país actualmente. Usted siempre se manifestaste como un agudo observador de lo que nos pasa.

-Soy argentino y vivo esa condición con la misma intensidad que cuando tenía 15, 17, 20, 30 o 40 años. Aquí vivimos de todo porque hemos tenido dictaduras y prohibiciones de todo tipo, y también muchos momentos más lindos que esos que te nombré. Este es un país magnifico y porque tengo un conocimiento exhaustivo de la historia argentina puedo decir lo que digo. Me interesa mucho ver cómo  se fueron dando las cosas. Pero bueno, lo que yo diga es la palabra de un opinólogo.

-Pero usted es de las personas que tienen experiencia. Eso es algo que debe ser valorado.

-Sí, pude ser. Yo siempre preste atención lo que dice en la calle, pero ahora como estoy encerrado solo trato de leer de todo lo que pueda para hacerme una idea más acabada de la realidad que siempre es un entramado complejo, difícil de resumir. Además recibo de mis allegados su versión, entonces formo mi propia mirada. Lo que me parece es que no terminamos nunca de salir del pantano. Es inquietante, me refiero a que nunca se sabe que va  pasar, no hay previsión posible. Pero siempre hemos tenidos dificultades. La historia nuestra está llena de cosas ocultas, cosas que no sabemos, son muy pocas cosas las que salieron a la luz y conocemos bien, así que todo eso es algo muy complejo. Hay que ejercitar la memoria para ver que hay cosas que se olvidan pero que son un ejemplo para entender que no siempre es todo malo lo que sucede en nuestro el país.

-Se trata entonces de no repetir errores. ¿Esa es la clave?

– Si, y de recordar cosas que sirvieron para mostrarnos que no todo lo negativo es lo que nos marca como país. Por ejemplo, casi nadie debe saber quién fue Elpidio González, el vicepresidente de Hipólito Yrigoyen que rechazó una jubilación de privilegio y termino sus días como vendedor ambulante para poder vivir. Un tipo que era fanático de la austeridad, rectitud, honradez, como de la humildad para afrontar cada cosa que lo  le toco vivir. Un tipo que dedico su vida a la política y a los demás. Solo te nombro uno.

-¿Ahí pesa mucho lo cultural también?

-Sí, considero que desde allí se puede empezar a cambiar las cosas. Cada cosa que hacemos es parte del pensamiento de una sociedad. Un libro bien escrito y una obra o una película de calidad, son crecimiento para el país.  Todas las pavadas que uno dice durante el día no modifican nada. Pero algo que representa lo que no pasa, o nuestros anhelos, quizá sí. Tenemos que buscar, aprender a escuchar los pensadores y los creativos. No es que no tenemos, el tema es tratar de analizar las cosas sin sesgos, sino tratando de crecer y aprender para mejorar. Siempre hay aciertos y errores pero tengo fe. Hay que poner el pensamiento en marcha, no solamente el enojo, la desgracia personal o el disgusto que me da el vecino. El otro, piense como piense, esta acá conmigo y nos necesitamos. No somos animales en la selva, vivimos en una sociedad y eso hay que cuidarlo. Respetarse en los pensamientos es clave, no hay que enojarse, cada uno puede tener su concepto de vida y no molestarse. «

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Recuerdos de una larga carrera

Con una carrera que atraviesa varias décadas, Pepe Soriano se atreve a mirar atrás para ver parte de todo el camino recorrido en los que estuvo más que activo en la vida cultural de nuestro país. En esa observación, sostiene que “hubo muchas dificultades en lo que hice, pero siempre estuve conforme con poder hacer lo que amo”, dice de manera sincera. “Hoy en día ser actor ahora es algo mucho menos dificultoso que cuando yo empecé, porque si uno le decía a sus padres que quería ser actor te sacaban a las patadas. Querer dedicarse al teatro era de vago, de chanta, loco, y ni hablar si eras mujer y te decían que era como ser prostituta o no sé qué. Por suerte eso fue cambiando. Pero estoy contento de haber aportado para que ese cambio se fuera dando. Mi carrera fue como fue, pero lo más importante es que hoy tenemos mejores actores, mucho mejor formados. Creo que son ellos los que hay que cuidar porque son el futuro, lo que viene. El pasado son anécdotas, pero hay que cuidar a lo que viene, esa fuerza creativa que forjara el camino que está por venir”, concluye.

La importancia del cine nacional

Con 91 años cumplidos, Soriano sigue con proyectos donde el cine siempre está presente, y desde esa vinculación es que analiza la realidad del género en términos locales. “Avanzamos mucho en nuestro país con respecto al cine, y quizá se dieron pasos para atrás también. Siento que seguimos siendo un cine artesanal, de calidad, pero artesanal, lo cual hace difícil salir a competir. En los festivales es reconocido el talento argentino pero falta un apoyo constante que mantenga el nivel y la cantidad de productos que se lancen. Por ejemplo, India produce 500 películas al año, solo para consumo interno, sin pensar en exportar. Desde los productores al público aceptaron que el cine propio es importante y hay que tener historia que dé cuenta de eso. Aquí falta ese amor por lo nacional, pero ese es un cambio que tiene llegar para fortalecernos y darle al cine argentino la identidad que le corresponde. Desde las autoridades, los técnicos, los actores y escritores tenemos que estar empeñados en lograrlo”.