Tiene 35 años, un hijo y nunca para. Barbi Recanati fue la vocalista y guitarrista rítmica de Utopians desde el 2005 hasta su disolución en 2017, donde pudo demostrar toda su potencia rockera. En 2018 presentó un nuevo proyecto musical como solista y fundó el sello discográfico Goza Records junto a la radio Futuröck, donde también creó el podcast Mostras del rock.

Milita continuamente para crear nuevos espacios, lugares y contextos donde hacer arte y los comparte con colegas. Alterna fechas con su banda (que incluye a Marilina Bertoldi  en bajo), el formato de dúo o cien por cien sola. Su objetivo es difundir la palabra y las canciones, claro.

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–¿Hubo un momento en el que supiste que te ibas a dedicar a la música?

–Cuando tenía 7 años, vi en la tele una película que se llamaba American pop, hablaba de varias generaciones de músicos que formaron las bases de la industria musical.

–¿Que te llamó la atención de esa
película?

–Era animada y musical. Estaba hecha con rotoscopio, un proceso en el que actores reales son filmados y las imágenes posteriores se dibujan arriba. Pero también utilizaba una variedad de otras técnicas mixtas como la acuarela, la infografía, fotos de acción en vivo y material de archivo. Tenía muchas canciones.

–¿Que canciones?

–De todo. De Janis Joplin, The Doors, George Gershwin, The Mamas & the Papas, Herbie Hancock, Lou Reed y algunos más. Pero la que me enloqueció fue “Somebody to Love”, la canción de Jefferson Airplane. Ese tema me flasheó y me dio ganas de hacer canciones. Nunca más se me pasó.

–¿La guitarra la descubriste luego?

–Fue lo primero que agarré. Quería ser guitarrista, después aparecieron las canciones y componer.

–¿Recordás el primer tema que escribiste?

–Me acuerdo. Era un cúmulo de sentimientos exagerados y tóxicos de cuando tenés 13 o 14 años. Hice varias después, eran canciones de incomprendida.

–¿Cómo te iba en el colegio?

–Muy mal, pésimo, diría. Fui como a siete colegios. Me echaban o repetía. No era para mí. Detestaba ir al colegio. Mi único interés era la música. Quería ensayar, ver videos, escribir canciones, ir a disquerías.

–¿Otras artes te estimulaban?

–Me gustaba mucho el cine. Era una gran influencia en las canciones. Le prestaba mucha atención a las bandas sonoras o como  determinado sonido ponía en contexto a un personaje. Sobre todo eso.

–¿Cuál es esa película que recordás que te marcó?

–Hay muchas, de esas que te quedan en la retina y después te acordás. No tengo favorita, pero bueno, ponele  las películas de Steven Spielberg generan una melancolía particular en mi memoria.

–¿Eras del cine o del video club?

–Más del cine. Pero una vez tuve mononucleosis y  me hice una lista. Mandaba a buscar al videoclub y me clavé como 40 películas en un mes. De Tarantino a Wim Wenders, cine clase B, cine gore, comedias musicales, de todo.

–¿Te gusta leer?

–Me gusta, disfruto también. La literatura te ayuda mucho para hacer canciones, sin duda.

–¿Qué fue lo último que leíste?

–La trilogía de la escritora Eva Baltasar, unos libros que tienen estilos diferentes pero  narran la soledad de las mujeres en un entorno hostil. Muy buenas novelas. La que más me gustó es la última, Mamut: es un libro duro y austero, pero la belleza del lenguaje es exquisito.

–¿Siendo madre se lee menos?

–Obvio, es más difícil. Ahora a un libro le dedico meses, y quizás antes en una semana lo liquidaba. Pero son cosas que pasan, una se adapta. El placer de la lectura no cambia.

–¿Cuánto te cambió la maternidad en el laburo?

–Como a cualquier madre, cambió un montón. Tener un hijo te hace olvidar el ego. Mi obsesión por estar de gira todo el tiempo ya no corre más. Hoy es una pesadilla irme cuatro días.

–¿Es muy difícil congeniar los tiempos?

–No se trata de que tener un hijo no te lo permita, sino que una directamente no quiere. Vos  sola te das cuenta que no querés. Querés estar con tu hijo y que él tenga su rutina para que esté tranquilo. Es un cambio de 180 grados, pero una experiencia única.

–¿Cuáles fueron las mejores vacaciones que tuviste?

–Cuando tenía unos veintitantos, teloneamos con Utopians a Guns N’ Roses en un estadio. Fue la primera vez que fui a Sadaic y me habían depositado un montón de plata. De un día para otro me saqué un pasaje para ir a Los Ángeles al festival Coachella, para ver a Big Audio Dynamite. Impulsivamente tomé la decisión. Irme sola a California, para disfrutar de algo que no esperaba hacer, fue  un privilegio hermoso. El mejor viaje de mi vida.

–¿Sos de caminar o de quedarte en un lugar en esas situaciones?

–Soy de caminar mucho. Voy para todos lados. Y trato de comer, algo que me encanta, en lugares populares o en la calle.

–¿Disfrutás mucho de la gastronomía?

–La comida es lo que más me gusta después de la música. Soy  de las que comen algo y si no estaba bueno, siento que fue un almuerzo o cena desperdiciada. Es una tragedia.

–¿Qué platos son los mejores que comiste?

–El arroz con pollo de mi abuela, con azafrán. Después me encanta el pad thai, de la cocina tailandesa, que es un salteado de fideos de arroz con huevos, salsa de pescado, pasta de tamarindo y demás  cositas, todo en wok. Es una locura. Me gusta también mucho el sushi y mi especialidad, la milanesa con puré.

–¿De pollo o de carne?

– De carne. De bola lomo y, si se puede y hay algo más de tiempo, preparo una salsita y le pongo queso para gratinar y sale napolitana. No se puede pedir más. «