“Había un tema de Spin Doctors y un video que es el único que les llegué a conocer, que MTV te pasaba hasta en la sopa. Ahora no es así, tenés discografías completas en un lugar y las podés escuchar año por año: es como estar en una biblioteca con siete mil libros. Incluso los chicos escuchan con un random muy raro, personal, más allá de lo que les marca el algoritmo. Yo creo que va a haber una vuelta de tuerca”, asegura el escritor, músico y psicoanalista (en el orden que se prefiera) Edgardo Scott, autor de Por qué escuchamos a Stevie Wonder, que el 13 de mayo cumple 70 años y que para festejarlo el Gourmet Musical Ediciones lanza el libro. “Lo del aniversario salió ahora, el libro tiene un año de la escritura y se iba a publicar en diciembre”, pero avatares de distinto tipo entre los que la pandemia fue el broche final, llevaron a que “por suerte apareciera como una segunda vía que de algún modo es este aniversario”.

La vuelta de tuerca que percibe Scott está asociada al final de un ciclo. “A mí me parece que en este momento de la cultura y en este momento político, de más de 30 años viviendo en un mundo de pensamiento único, de un único capitalismo, la única forma de estar contra el poder es ser un poco doble agente, un poco traidor. En ese sentido Stevie Wonder es un traidor de la música negra, pero también del pop.”

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Claro que él lo eligió porque hizo a su infancia hacia fines de los ’70 en la hoy lejana Lanús. “Hace tres años y medio me viene a con mi mujer Ariana Harwicz a París, y sigo atendiendo a pacientes de Buenos Aires por videollamada.” En su ensayo, Scott confiesa, por decirlo de algún modo, haber conocido a Wonder -en términos musicales, claro- a los siete años. “Son los ’80 absolutamente mainstream del pop, como Tina Turner, David Bowie, el mismo Stevie.”  El pop de la bebida gaseosa de la nueva generación que los había fichado, como muy bien recuerda en el libro.

A ese Wonder “mainstream” que lo obnubiló en su infancia, en vez de negarlo en su vida posterior, lo fue a buscar. A bucear, a descubrir cómo había sido que un músico ciego, negro e infante (como él) había llegado a darle al mundo un sonido que él podía reconocer en otros artistas que empezaban a contar otra etapa de su vida. “Stevie siempre se corrió, de todos los lugares, un poquito. Nunca fue del todo negro, y dentro de la música negra no estuvo en los extremos, y tampoco fue del todo funk ni del todo pop. Me parece la mejor estrategia contra el poder, si pensamos que un artista tiene que estar contra el poder, salir de todo encasillamiento, ser siempre un poco imprevisible. Tenía entre 12 y 20 años y grababa discos tutelado en la Motown, estaban todos los artistas negros que triunfaban; tenés al Stevie de los ’70 que hace con el funk y el pop algo impresionante; tenés al mainstream de los ’80; y después tiene sólo dos discos en este siglo, una especie de pronto retiro.”

Siempre que se elige hablar de alguien se lo hace para hablar de uno mismo. No de la totalidad, claro, pero sí de una parte, por lo general vinculada a un tiempo. “El ensayo que es un género que chupa de todos los lados, no te ruborizás de nada, no escribís desde la academia y te ampara la cita, no escribís literatura y te ampara la ficción, el ensayo permite hacer lo que se te cante con la escritura”, define a modo de explicación de un libro que habla de algunas de las facetas de Scott, en especial sobre las que aúnan los interrogantes y dilemas que lo fascinan.

En esa libertad, habla incluso de los manifestaciones artísticamente menos ponderables de Stevie Wonder. “Gombrowicz decía que la cuestión no es equivocarse, sino no tener vergüenza de ese error. Todo el amor que se pueda tener por alguien no debería impedir que si alguien la está pifiando, decirle: ‘me parece que la estás pifiando. Es como siempre digo de Fito Páez: ‘¿dónde estuvieron los amigos que le dijeron loco esto que estás haciendo es una cagada?’ Alguien que venga a decirte: ‘hacé lo que quieras, pero tu novia es una rayada’. En ese plano todo lo brillante que son algunas discos y canciones no impide los puntos ciegos, demostrando que todos somos humanos. Stevie también. No es lo mismo ‘Living for the City’ que ‘I Just Called to Say I Love You’. Y a mí me pareció que era muy importante mostrar esas diferencias e intentar diferentes explicaciones. Y fue una bisagra en la estructura del libro. Pensé: no estoy dentro los 17 mil libros que puede haber sobre Stevie, no soy su amigo, y con esa impunidad voy a intentar decir todo lo que pueda decir para tratar de cubrir el mayor arco posible.”

Por qué escuchamos a Stevie Wonder, de Edgardo Scott (96 págs). Ediciones Gourmet Musical