El 4 de julio se festejó un nuevo aniversario de la declaración de la Independencia de Estados Unidos, y Taylor Swift lo conmemoró con amigos en su mansión de Rhode Island sin ponerle excesivas prendas a su cuerpo, mostrando sin pudor, por primera vez, las cirugías estéticas a las que se había sometido.

La actriz y cantante se tomó su tiempo para revelar sus cambios estéticos, ya que los especializados paparazzis habían advertido las primeras diferencias en abril, cuando notaron una gran similitud entre su cola y la de Kim Kardashian. Días antes del 4 de julio, también vieron que el busto de Swift era considerablemente mayor al que su memoria fotográfica recordaba.

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La artista que la revista Forbes acaba de señalar como la mejor paga del rubro (170 millones de dólares al año) no dio declaraciones sobre el tema, pero se presume que sus recaudos de bajo perfil responden a una estrategia para no alejar a sus fans.

En su último disco, 1989, la cantante había revelado una veta en defensa de los derechos de la mujeres y de la igualdad de género que se le desconocía hasta el momento. El elogio de la crítica y el fervor del público más joven no se hizo esperar. Y especialmente entre las chicas que ingresaban en la adolescencia se convirtió en un nuevo ícono de género: a su postura de mujer independiente, Taylor le sumaba la defensa de sus derechos laborales al negarse a que Spotify reprodujera sus canciones, convirtiéndose en la primera artista que se oponía al nuevo pulpo discográfico, crecido a la sombra del streaming.

Que Swift incursione en una práctica que las estadísticas muestran que cae en desuso apenas unos meses después de tener nuevo novio, el actor Tom Hiddleston, tampoco le aporta. Si la sospecha de que lo hizo atendiendo sugerencias de Hiddleston se convierte en razón, entonces la artista podría tener alguna queja de sus seguidores, que sus productores y manager temen que se manifieste a través de dejar de consumir sus discos.

Los rumores comenzaron hace apenas unos días, cuando pudo verse a la estrella con amigas jugando y nadando en las playas de Rhode Island, lugar que eligieron para festejar el 4 de julio, Día de la Independencia. Allí, Taylor dejó ver parte de su nueva figura, aunque nadie se animó a decirlo en voz alta.