Otra historia detectivesca vuelve a juntar a Tom Hanks con el director Ron Howard, con quien trabajó por primera vez hace más de 30 años en Splash y coincidieron luego en Apollo 13, El código Da Vinci y su secuela, Ángeles y demonios. Ahora se trata de Inferno, el film que estrenó esta semana y que completa la tercera entrega de la saga que tiene como personaje central a Robert Langdon, el experto en simbología y arte religioso

“Inferno es nuestra quinta película juntos y todas comenzaron del mismo modo”, comenta Hanks. “Nos preguntamos ‘¿Hay algo acá que pueda tener impacto?’ La verdad es que no participaría en este proyecto si no estuviera convencido de que es algo que debemos narrar”, dice el actor. “Soy egoísta, porque Robert Langdon es un personaje fabuloso para interpretar. No es un tipo convencional.”

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Inferno habla acerca de la sobrepoblación de nuestro planeta. Hanks enfatiza que ni él ni Howard están obligados contractualmente a hacer estas producciones. “No llevamos a la pantalla todas las obras del autor”, señala el actor.

“Pienso que Dan Brown aborda en Inferno un tema genuino muy específico; no se trata de eventos que ocurrieron hace miles de años, sino del futuro del mundo.”

La película empieza con Langdon despertando en un hospital con amnesia, donde tiene aterradoras reminiscencias y ‘visiones’ inexplicables, pero no sabe cómo llegó ahí.

“Dan Brown escribió algo que todos podemos reconocer. No se trata simplemente de una búsqueda del tesoro o un juego de pistas. De hecho profundiza en la idea de que tal vez podríamos estar mejor con la mitad de la población en la Tierra, y qué costo tendría eso”, explica apasionadamente Hanks. “Creo que lo más novedoso es que se aborda un dilema que afrontamos hoy, se trata de nuestro mañana, de la semana próxima. Pienso que tiene que haber un villano que dé miedo, porque es cine, pero sin dudas es algo que está en el ambiente y la geopolítica de nuestra economía”, comenta.

-¿Qué te impulsó a protagonizar esta película?

-Como realizadores cinematográficos y actores, pudimos volver a un enfoque mucho más pragmático (en esencia) de la trama porque se trata de una historia inmediata.

-Las películas, así como las novelas de Dan Brown, exploran mundos ocultos en los que se entretejen complejas conspiraciones para ocultar la verdad al público. ¿Es demasiada paranoia?

-No creo que haya alguien que trame intrigas para dañarnos. En mi opinión el concepto de las teorías de conspiración no se sostiene debido a que choca con la conducta humana. Los humanos somos egoístas, automotivados y seguimos nuestra voluntad. Pienso que en ningún caso se puede mantener en secreto una organización porque a la gente le agrada conversar y tampoco pueden ser tan eficientes. Siempre hay personas perezosas y no les interesa trabajar tanto por algo. Igualmente creo que, incluso, los problemas más complejos del presente, se pueden resolver.

-¿Tenés temor a repetirte?

-No creo que sea del todo el mismo personaje. Es fabuloso hacer estas películas, una vez me cambié de ropa, los pantalones, frente a la Mona Lisa en el Louvre, a las tres de la mañana. O estuve en edificios con 500 años de antigüedad corriendo atrás de un dron. Como experiencia de vida, es grandioso. En este caso, en cada historia se busca un nuevo aspecto de Langdon. Hay cierta evolución de su conducta desde la cinta inicial, por las distintas circunstancias que vive. Ron y yo abordamos la historia con una buena comprensión de lo que Langdon piensa. No queríamos que de pronto practicara kung fu o algo parecido, sino que siga siendo alguien que disfruta leyendo muchos libros. Así es como lo preservamos.