Este jueves se estrenó Bruja, la tercera película de Marcelo Páez Cubells, protagonizada por Érica Rivas, a quien acompañan Leticia Brédice, Pablo Rago, Miranda de la Serna, Juan Grandinetti, Maite Lanata y algunos y algunas más. Acompañan porque el protagonismo de Rivas es preponderante, además de casi ser imposible disociar el nombre del film con la relevancia pública que Rivas fue ganando desde aquella vez que leyó un texto en el primer Ni una Menos. «Imaginate que una película con ese nombre ya tiene como un 40 por ciento de que me guste», reafirma con una de las tantas risas con las que acostumbra acompañar sus comentarios.

Ella vive sola con su hija –a punto de cumplir los 17– en un pueblo de la provincia de Buenos Aires. Discriminada, usa sus saberes para sobrevivir: nada distinto a lo que hace cualquiera, pero ella es bruja. La nena coquetea con un chico al que ella define como La Rata. Como buena bruja, no falla: él la entrega, junto con un grupo de amigas, a una organización de trata, que tiene entre sus cabecillas a Brédice. «No es un estilo de cine que a mí me convoque, pero sí me parece interesante poder tocar todas las partituras. Por otro lado siento que es interesante pensar que una película, si tiene ganas de ser más popular, debe tener cierta capacidad de adaptación. Bruja tiene ganas de romper, por el tema y por el tono de la actuación, que es rarísimo; eso también me convocó».

Una convocatoria que para el director tuvo su espera: «Le dije que necesitaba mucho tiempo para preparar mi personaje porque no tengo ganas de resolver cosas que como actriz sé que lo puedo hacer de manera televisiva, en el mal sentido. Tengo ganas de investigar». E investigó con su amiga Diana Szeinblum, la coreógrafa y actriz que cada vez la acompaña más. «No era sólo pensar movimientos sino todo un comportamiento. De dónde salen los hechizos, de dónde la psicomagia: es un diseño coreográfico. Y además porque había que lograr el tono que Fede (el director) quería. Me di cuenta de que cada vez es más importante trabajar con alguien que piensa el cuerpo expresivo. Son gestos de todo tipo que nos dicen mucho, más allá del trabajo del director».

Rivas dice que antes que haber aprendido cosas de las brujas, la película le permitió «recordar cosas que sabía pero a las que nunca les había dado entidad». Sostiene que estaban en algún lugar de su cabeza o su corazón, pero «invalidadas». «De repente es recuperar eso y ver que tiene reglas. Y cómo confiar en esas cosas que quizás no entran en sistemas de pensamiento,  que yo, que soy de tener todo muy pensado o vivido físicamente, no lo tenía. Y no tiene que ver ni con el cuerpo ni con la cabeza: las brujas vienen investigando desde hace mucho y por eso también nos han pasado las cosas que nos han pasado, y por eso se han sepultado esos saberes. Es un poco de lo que trata la película. Y esa empatía con el dolor ajeno, que también es algo que tiene que ver con las brujas».

Porque si hay algo difícil para las brujas y las mujeres en general es explicar cómo vivir dentro de un sistema de valorización que no las contempla en pie de igualdad, y a la vez tener que empatizar con los dolores de las mujeres que se convierten en victimarias. «Siempre estuvimos en los dos lados. Siempre que veo a una mujer así (como el personaje de Brédice) pienso que es una persona más sensible que yo al patriarcado, y que por eso ha desarrollado esa forma de defensa. Pero no deja de ser víctima. No veo en ella a una enemiga, veo una mujer herida igual que yo. Cuando leí en el primer Ni Una Menos muchas mujeres periodistas me preguntaban: ‘¿Alguna vez te pasó?’. ¿Están preguntando en serio? ¿Revisaste tu historia? ¡Claro, desde que nací me pasa! Está todo tan naturalizado que realmente no nos damos cuenta. Nuestro lugar es tratar de concientizar y tratar de que eso se caiga, porque ese lugar es seguir perpetuando el dolor, que nos sigan matando, que nos violen».

Y eso también explica por qué Rivas es Bruja. «Todo el tiempo estoy pensando en poner bombas en la dialéctica binaria. Está bueno poder hablar con directores y guionistas y decirles: ‘¿acá no puede ir una mujer?’, o incorporar otro género en el elenco. Cuando se hace algo muy popular es más complicado que hablar entre nosotros que entendemos y leímos libros parecidos. Pero para gente que no está interesada en esos temas, está bueno que vean películas como esta, que generan preguntas e incomodidad», destaca la actriz.   «

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Un método para salir de lugares no deseados

En tren de empatizar con dolores ajenos, se acepta el pedido de Érica Rivas de no hablar de su salida de la obra Escenas de la vida conyugal. Pero hay una pregunta que se sospecha puede tener una respuesta reveladora y productiva: ¿cómo salió de ese lugar en el que la pusieron?

«Primero me puse a producir una obra de teatro con Marilú Marini de una novela que yo amo (Matate, amor, de Ariana Harwicz). Fue un refugio donde yo podía hacer lo que realmente quería hacer. Después, esperar la respuesta de los demás, porque una como una actriz, a diferencia de otras artes, necesita ser convocada y necesita público. Y digo con felicidad que eso no se modificó en absoluto. Eso también me dio tranquilidad. Por supuesto que tenía miedo, porque te enfrentás a algo muy grande. La maquinaria del poder te hace decir ‘No, pero debo ser yo. Yo voy a poder, a mí no me va a pasar: no es para tanto’. Y todos los hombres, desde mi novio hasta el último, me decían: ‘¡Érica, era obvio!'» (ríe a carcajadas).

Por eso Rivas, sin ser experta, recomienda: «Pasar de tema y hablar de lo importante: la trata de personas, de lo que habla la película, y sobre la que estamos trabajando con una red para visibilizarla».

BRUJA

De Marcelo Páez Cubells. Con Érica Rivas, Leticia Brédice, Pablo Rago, Miranda de la Serna, Juan Grandinetti, Guillermo Arengo, Fabián Arenillas, Gregorio Rosello, Maite Lanata y Rita Cortese. En cines.