Un cuento posible dice que Vane Butera, actriz y cantante, en su andar sin desmesura ni pausas, en 2019 se propuso dar una especie de salto cualitativo en la música. Entonces invirtió buena parte de sus ahorros (la autogestión es una especie de precepto en el diseño de su actividad profesional), casi todos, diría ella misma, y armó Adonde no me llaman, un disco que en algunos temas tuvo “cuarteto de cuerdas, trío de vientos, 15 o 16 músicos”. Estuvo listo para ser lanzado y presentado en mayo de 2020, “en plena fase 1”: a la distancia, y sobre todo pandemia mediante, alguien puede permitirse la chanza de que justamente era ahí donde no la habían llamado. Ella prefiere el no haberse quedado triste, revolcándose “en el sufrimiento” como dice una de sus canciones, y “redoblar la apuesta”.

La idea fue, dice el posible cuento, que volvió a convocar a Javier López del Carril, también productor del anterior disco, y hacer uno a tocar en vivo en streaming y que incluyera, en el mismo streaming, el proceso posterior de grabación. “No pude tocarlo, no pude salir de gira y no pude festejarlo porque era un momento triste a nivel mundial; un año de trabajo dedicado especialmente a eso”, dice casi un año después sobre Adonde no me llaman, cuando el fruto de aquel proyecto de streaming apareció como un disco llamado Changüí: “Esa oportunidad, lance, suerte, esperanza” que tiene toda la precisión tiempo espacial que un momento como la pandemia y su trabajosa salida parece exigir: un entusiasmo que no es algarabía, una pena que no es lamento, una frustración que no es decepción; enseñanzas, entre la que se destaca la de escuchar más la intuición, que como bien se sabe, en cada uno es distinta.

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“Me pasa algo con el proceso de composición -en el que siempre privilegia la letra-, que arranco con una frase, y cuando la canción está terminada, no entiendo ni en qué momento pasó. Suele ser bastante de un tirón, me cuesta mucho tener una canción en proceso de armado durante más de una semana. Aunque en este disco, y en forma muy extraña, hay diez canciones nuevas nuevas y otras que tenía a medio componer y a las que fui porque estaba la pandemia: fue la primera vez que hice ese ejercicio de agarrar canciones que no tenía terminadas y darle un cierre.” El posible cuento puede puntualizar que el frenazo que pegó el mundo también vino a decir que no todo lo que se deja es lastre.

Cantautora y actriz, fuera de la música el público la conoce por Hairspray (junto a Enrique Pinti), y luego Esperanza Mia, Fronteras, Sandro de América y Simona, para nombrar las más populares. Con más de 20 años de actuación, “acostumbrada al escenario” y contenta aún de sentir “el nerviosito que siempre está antes de subir y es la gracia de todo”, dice que en el streaming de Changüí experimentó unos nervios originales. “Fue un primer escenario de esas características”. El proceso de grabación es como el juego del chico cuando juega medio escondido: el adulto sabe que está jugando pero no a qué ni cómo, dice un diálogo en el posible cuento. “Qué lindo que usaste esa analogía -responde-. Porque se terminó llamando changüí que es como la ventaja que se le da a alguien en el juego, y el disco para mí fue un changüí que me dio el 2020 para sobrevivir hasta diciembre”, ríe.

En el paso a un estadio previo a la salida de la pandemia que se está vislumbrando, Butera se ve “armando fechas para el disco”, con la idea de “presentarlo junto con Adonde no me llaman, porque creo que se lo merece; tiene mucho mucho trabajo atrás. La idea es salir un poquito de gira, un poco por el interior y por Uruguay también, lugares a donde hace mucho que no voy”. La actriz no queda relegada, pero no está en el foco por el momento. “El disco es más portátil y está en mis manos: lo puedo planear, organizar. Para lo otro, para el teatro, dependo de un llamado.”

-¿Extrañás la actuación?

–Re -dice en ese modismo tan millennial–.

Lo que lleva, en este posible cuento, a pensar que en esas letras directas pero que no lastiman, que parecen decididas a evitar la metáfora con su acervo de sentencia, hay un sello generacional. “El lenguaje de mis canciones tiene que ver un poco con como yo hablo en la vida, un poco como se dicen las cosas en el momento (uy, fui un poco fuerte, acá hubiera estado bueno una metáfora, ríe). Pero sí, es la manera que encuentro de continuar mi voz hablada: cuando ya no tengo forma de sacar lo que tengo que decir de manera hablada, viene la canción; y a veces viene con el lenguaje que estaba hablando. No es buscado, pero me gusta que sea fácil de digerir: sucede esto y necesito que lo entiendas. Y si bien todo lo que pienso está en mis canciones, no quiere decir que tenga la intención de venir a mostrar cómo es la vida, sino contar lo que me pasó a mí, espero que te sirva; me parece el lugar más honesto. Pero hay que tener cuidado con esa línea de que porque no parezca que estás bajando línea, no decir tus verdades. Y creo que hay muchas voces, sobre todo jóvenes, que no le tienen miedo a eso y dicen lo que piensan… La música tibia es horrible (carcajadas).”


Changüí (2021). Letra y música de Vane Butera; arreglos y producción Javier López del Carril; violín, viola y acordeón Carlos Britez; bajo y contrabajo Matías Candoni; batería y percusión Fabián Miodownik. Mezcla, Alejandro Saro. Masterizado,  Daniel Ovie. Foto y diseño de portada: Kari Hernández.